Carlos Sanz.- Siempre se refirió a él como el “poderoso”. Un adjetivo calificativo con el que dejó claro que ese tipo se movía en el terreno de la impunidad. Una forma de dar a entender que había barra libre para el dueño de La Cotofía y ocasionar durante décadas quebraderos de cabeza en la convivencia diaria con su vecino.
Con el paso de los años, cualquiera que se interesara por lo que estaba ocurriendo en la Venta de la Inés tuvo conocimiento milimétrico de las perrerías, tropelías y abusos que ese tipo ocasionó en la familia de Felipe Ferreiro. Los primeros que denunciaron la injusticia fueron los integrantes de CEVA, el colectivo ecologista capitaneado por Vicente Luchena, que durante muchos años hicieron lo posible para que la gente se enterara de que en nuestra provincia aún había muestras de caciquismo.
Propietarios de enormes fincas cinegéticas que sin miramientos cortan el acceso a caminos públicos, se apropian de cauces de ríos para construirse un lago en su propiedad y de paso cortar la conducción de agua a la Venta de la Inés y dejar durante mucho tiempo sin suministro a Felipe y su familia.
El “poderoso” y sus tentáculos de influencia para perpetuar un agravio inimaginable en pleno parque natural. Ésta ha sido la foto fija de una ignominia que se encarnó en Felipe Ferreiro, el último descendiente de una estirpe de venteros en el Valle de Alcudia, el símbolo de una resistencia numantina que consiguió retratar a todas las administraciones públicas del territorio para que mostraran el grado de connivencia que existía con La Cotofía.
No sé si Felipe fue consciente de su enorme capacidad para remover conciencias. Lo hizo a su manera, como adalid de la dignidad, permaneciendo en su casa, abriendo de par en par las puertas de la Venta de la Inés para que cualquiera pudiera conocer cómo vivía él y su familia, transmitiendo con esa memoria prodigiosa el paisaje y paisanaje de un valle que históricamente fue nexo de unión entre Castilla y Andalucía, siendo icono de lucha titánica contra la adversidad que le tocó vivir.
Estoico como nadie, inasequible al desaliento, no encuentro suficientes calificativos para definir la grandeza humana de Felipe. Recuerdo una conversación que mantuve con él: Felipe se afanaba en contarme la enésima problemática diaria con el “poderoso”, la impotencia de ver cómo pasaban los años y las administraciones no movían un dedo. Y no sé por qué, pero en ese momento le dije “Él será el poderoso, pero lo suyo es poderío Felipe”. Y se echó a reír para a continuación soltar un “ay que pena, qué injusticia”.
Saco a relucir esto para constatar que frente al “poderoso”, en Felipe cristalizó un indestructible poder de dignidad y lucha cuya onda expansiva nos alcanzó a todos. Nadie se libró de su poderío, de cómo reclamar justicia pese a tenerlo todo en contra, pese a estar conviviendo con un indeseable que le hizo la vida imposible. Décadas de templanza y autodeterminación, muestra palpable de cómo ir con todas las consecuencias bajo la batuta de la integridad.
Ese fue el inmenso poder de Felipe Ferreiro en todos estos años y con el que nos hizo ir a muerte con él y su causa. Y el otro, por muy “poderoso” que se sintiera nunca pudo impedirlo. Porque ante tal poderío, no fue más que una cucaracha que terminó aplastada.
Lamento mucho su fallecimiento, como se ha dicho ya su hospitalidad era inmensa: en una ocasión, sin haber tenido trato especial alguno, no quiso que comiésemos fuera de la casa con nuestras provisiones tras visitarlo con un amigo y nos puso en su humildísima cocina a cada uno dos huevos de sus gallinas y unos chorizos hechos en la lumbre, recordando esta comida como quizás mi mayor banquete, coincidiendo además que justo en ese momento se emitía por tve-2 una entrevista suya con reportaje incluido y así que unas veces lo escuchábamos en directo y otras mirábamos al antiguo televisor para verle. Fue una persona con mayúsculas, alguien a quien imitar en su sencillez.
Gran artículo.
Conocí a Felipe hace muchos años en una visita senderista a la venta. A pesar del evidente cansancio, por lo que entonces era una lucha interminable y desigual, irradiaba una energía e ilusión como pocas veces he visto. Me quedó el recuerdo de haber compartido conversación con alguien tan especial.
Nos queda el legado de su lucha, su sencillez, sensatez y hospitalidad.
Descanse en paz.
DEP en un mundo con cada vez menos dignidad ni valores se va un ejemplo de todos los mejores .
¿Y ahora qué pasará con «La Venta de la Inés»? ¿Desaparecerá?
Muy buena persona.Ojala descanse en Paz.