Jesús Millán Muñoz.- Es una especie de gran misterio y enigma de la realidad social y de la información, porqué no se señalan más estos casos, ochenta y cinco años juntos, porque no les dan un homenaje.
Según los medios de comunicación Luisa Álvarez y Genaro Suárez que tienen 101 años, se conocieron en 1940 y se casaron en 1952, en un pueblo de Extremadura, llamado Fuentes de León –noticia que tomo de El Español, dar al César lo que es del César, reportaje de la periodista Anabel Blázquez.
Según se nos indica, ellos mismos dicen que su misterio y esencia y explicación ha sido siempre tenerse respeto. Me pregunto porqué estas realidades sociales que son buenas no se expresan más, no se notifican más, no pasan más a los medios de comunicación. Me pregunto, al menos yo no conozco y no he visto y no he leído, porque no se hace a nivel provincial o regional, un homenaje a las parejas que llevan más años de casados, y, o de novios y casados. Ya, ya sé que se celebran las “bodas de plata, de oro, de platino”. Pero algunas pasan esa cifra, quizás a la de diamante.
Creo y estimo que la sociedad tiene que primero, saber estas cifras, cuantificar esta realidad, igual que sabemos el número de personas que en estos momentos tienen más de noventa años o más de cien años. Pues lo mismo, deberíamos saber cuántas personas-parejas-matrimonios llevan más de cincuenta años, más de sesenta años.
Es más, en estos tiempos tan revueltos en esto del amor y del amar, habría que aprender de los japoneses, que otorgan honores y premios a las personas que ya en su tercera edad, que quizás han realizado un oficio y continúan en él, y, tienen más de ochenta años. En esto de los afectos y de los amores, se indican mucho las cifras que tal proporción de personas se han divorciado o semejante, pero quizás también se debería señalar, primero saber el número, después los nombres, y, al final, otorgarle un pequeño homenaje cada año, por regiones o por provincias, las que llevan cinco décadas juntas, las de seis décadas…
No tendría apenas coste económico, pero sería dar valor a las personas, valorizar a las personas, a unos se les otorga el Nobel, a otros son grandes empresarios, aquellos son grandes deportistas. Quizás, parejas que han vivido y existido cincuenta años, sesenta años juntas, si contamos el noviazgo y el casamiento, o sólo la segunda parte, también son deportistas del amor y de los afectos. Quizás, nos podrían proporcionar ideas, quizás consejos, quizás ejemplos… porque de todos los seres humanos podemos aprender y aprehender. Esta es la gran lección de la vida. Cierto que de unos tenemos que aprender lo bueno, de otros tenemos que aprender no hacer lo no-bueno.
En cincuenta años de convivencia de dos personas, de convivencia íntima han podido suceder y pasar muchas nubes de colores y de alegría, y, muchas nubes grises y negras de tristeza y de dolor. Han visto muchas personas que han pasado al lado de ellas, han pasado muchos ministros en Ministerios, que quizás, como la mayoría han olvidado sus nombres. Han podido pasar muchos acontecimientos en el existir.
Siempre pensé, influido por algunas teorías de y sobre la historia, que la microhistoria es esencial para comprender al ser humano. Que la historia no sólo está hecha por grandes acontecimientos, que también, por grandes realidades sociales, que también, pero existen millones de seres humanos que en el fondo sólo desean que los quieran y querer, que van a/por la mañana a su trabajo o a/por la noche, y, vuelven a sus familias, si la Naturaleza y el Buen Dios, les otorgan hijos, los toman como un gran regalo. Y, la vida va pasando, y, con ellos se van cayendo dientes y cabellos y también recuerdos… Y, van viniendo nietos y biznietas…
La vida pequeña, la vida de los pequeños o que son considerados pequeños, es en el fondo grande. Es una gran heroicidad vivir y existir en paz y en sosiego, con las lluvias y tormentas de las crisis, que vienen y devienen. Es una gran alegría, es una gran esperanza. Si dos personas, que habrá miles, cientos de miles en el mundo, en cada momento de la historia, que llevan cuarenta o cincuenta o sesenta años juntos. Es una esperanza para el ser humano, porque mientras los seres humanos se quieran y se amen y se respeten de forma digna y de forma correcta y de forma moral, entonces la vida, debemos pensar que la vida humana seguirá, que la vida humana dará el siguiente paso, que será habitar la Luna, las próximas o posteriores generaciones…
Hoy, me gustaría otorgarle un pequeño homenaje a esta pareja, que supongo jamás sabrá que este escribiente les ha escrito un artículo. Hoy, les doy un homenaje a todos los que han vivido más de cinco décadas junto. Hoy, recuerdo a las fuerzas vivas de la sociedad, de la Administración que busquen formas o maneras de otorgar un homenaje cada año, a esas parejas, de su territorio, sea a nivel local, sea a nivel regional… Aquí, aquí dejo el guante… o los guantes…










