José Agustín Blanco Redondo.- Microrrelato y artículo de opinión sobre la exposición “El eco del exilio-Quintaesencia” del artista plástico Dresu, inaugurada en el centro cultural La Confianza de Valdepeñas.
“Si eres así, quiero quedarme contigo. Aire que estremece el cielo en azul y gris, fuego casi extinguido en naranja y escarlata, agua que es solo paciencia de alabastro, el verdear de aquella tierra de carrizo, juncos y masiega. Te contemplo en la distancia mientras me hablas con el rumor de espádices, malvavisco y plumas de garza blanca. Te contemplo con el sosiego que desprendes, con la belleza que derramas, con esa lejanía que te habita antes de convertirte en noche. Si eres así, quiero quedarme contigo, crepúsculo de agua y fuego, crepúsculo de aire y tierra calma, crepúsculo que te apagas despacio, tenuemente, en silencio”.
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“El eco del exilio-Quinta esencia” es el título de la exposición de pintura que se puede visitar en el centro cultural “La Confianza” de Valdepeñas hasta el 23 de enero de 2026. Dresu es el autor de los paisajes —técnica mixta sobre lienzo— que pueblan los muros de la sala en una agradable variedad de tamaños y formatos. En cada una de las obras encontramos ese diálogo, a menudo crepuscular, entre un cielo que abarca la mayor parte del lienzo, el horizonte y esa estrecha franja que contiene la tierra, el agua o ambos elementos conjugados en una atmósfera siempre evocadora. En sus declaraciones, el artista nacido en Pedro Muñoz (Ciudad Real) reivindica un método de trabajo que se cimenta en los cuatro elementos (fuego, agua, tierra y aire), convirtiendo en arte la teoría de los cuatro elementos primordiales de Empédocles de Agrigento (495- 435 a. C.). En su proposición, el filósofo griego expuso que la materia estaba compuesta por cuatro elementos indestructibles y eternos: tierra, agua, aire y fuego. Estos elementos se mezclaban y separaban por acción de dos fuerzas cósmicas opuestas, el Amor (unión) y el Odio (separación), explicando así la diversidad de seres en el universo físico. La escritora de Ciudad Real María José Redondo, en su poema “Saber”, sintetiza con profundo lirismo ese perpetuo enfrentamiento entre el amor y la discordia: “Saber que todo el amor humano / se puede evaporar en un instante de odio, / es como saber que el odio / es el resentimiento del amor”.
Es cierto que en los lienzos de Dresu encontramos el fuego en los rescoldos de un sol en retirada o en las llamas que emergen en escarlata durante la aurora. Encontramos también el agua en arroyos, tablas, marjales y lagunas, la tierra en labranzas, ejidos, liegos y riberas, el aire en ese azul pálido y gris de los inviernos o en el ocre enrojecido de los estíos. Encontramos esa multiplicidad de estaciones, ese batir de alas de ánades, garzas y malvasías, el verde intenso de siembras, juncos y espadañas, el latido de una tierra que se despereza al alba y que reposa en el sueño de la atardecida. Hallamos horizontes de periferias urbanas, instalaciones fabriles, puertos, quinterías, caminos encharcados, cauces que serpean y vides que convergen. Hallamos naturaleza virgen, asilvestrada y también naturaleza sometida al rigor humano en cultivos, eriales y barbechos, pero siempre bajo los colores de un cielo impresionista, efímero, cautivador. El vínculo entre los cuatro elementos primordiales conforma una suerte de poética del presente y también de ese futuro de imágenes quizá soñadas, pero que, sin restricción alguna, todos merecemos. Un futuro de armonía en el que prevalezca la fuerza cósmica del amor sobre esa discordia que contamina el aire, cataliza el fuego, corrompe el agua y envenena nuestra tierra. “Como un río de amor / yo ya te siento en esta vida”, declara el poeta valdepeñero Juan Pedro Carrasco. “Ama y haz lo que quieras”, nos aconsejó san Agustín de Hipona (354-430). “Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay”, escribió la poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886). Acudan a contemplar la exposición “El eco del exilio-Quintaesencia”. Así, quizá, logremos asirnos para siempre a la fuerza cósmica del amor, esa quintaesencia humana, paciente, invulnerable.




Interesante artículo sobre una expodicion interesante.
¡…!
Me ha gustado el trabajo que he leído,
me ha gustado de veras, me ha gustado,
satisfecho al leerlo me he quedado
y va tintineándome en mi oído.
.
Tiene buen tintineo y colorido;
y yo, con cierto mimo lo he tratado,
regusto su lectura me ha dejado
pasando un buen momento entretenido.
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Con estos participios ex profeso,
este SONETO me sopló mi duende
y yo le seguí el juego, me confieso.
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Lo dicho, dicho está, tiene su peso,
mi verdad pienso yo, que a nadie ofende;
yo, de amanuense hice en su proceso…
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-AQUÍ EN ESTE ESTRAMBOTE FELICITO,
AL AUTOR DEL ARTÍCULO (SU ESCRITO)-
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Manuel Mejía Sánchez-Cambronero «BARRALES»