Irán: el grito de un pueblo que no se rinde

Carmen Quintanilla Barba. Presidenta nacional de AFAMMER (Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural).- La represión no ha logrado apagar la voz de quienes exigen libertad. El movimiento “Mujer, vida y libertad” sigue vivo, y el mundo no puede permanecer en silencio.

Desde septiembre de 2023, cuando Masha Amini fue asesinada por no cumplir con el código de vestimenta impuesto a las mujeres, Irán no ha dejado de alzar la voz. Hoy, miles de personas, mujeres y hombres, siguen saliendo a las calles exigiendo libertad, justicia y dignidad. El lema Mujer, vida y libertad es ya símbolo de un pueblo que no se resigna. A las mujeres les arrebatan derechos, voz y hasta la vida. No podemos permanecer en silencio. La sociedad civil e internacional debe comprometerse. Porque lo que está en juego es la humanidad entera.

El pasado 28 de diciembre, el estallido comenzó en los zocos y calles comerciales de Teherán. No fue una protesta ideológica ni convocada por partidos. Fue una sentada pacífica de comerciantes que simplemente no podían más. La inflación desbocada, el precio del aceite duplicado, las estanterías vacías y la devaluación extrema del rial convirtieron la supervivencia en un lujo. El grito fue: “no tenemos futuro”. Un grito simple, pero devastador, que pronto encendió la mecha del descontento social en todo el país.

Lo que comenzó como una protesta económica ha derivado en algo mucho más profundo. Ha reabierto heridas que nunca cicatrizaron y ha prendido la llama de un pueblo cansado de vivir bajo un régimen que le ahoga por dentro y por fuera. Cientos de protestas han tenido lugar a lo largo y ancho de Irán, desafiando el miedo y la represión en cada rincón del país.

Las calles se llenan de jóvenes, de mujeres, de estudiantes, de trabajadores y jubilados. A pesar de que las informaciones que nos llegan desde Irán son escasas, debido al control sobre los medios y los cortes de internet, hay testimonios que nos hablan de una población que ya no puede más. Jóvenes que denuncian la imposibilidad de acceder a derechos tan básicos como salir a tomar un café con sus familias, o enviar a sus hijos a la universidad. Una juventud sin presente y sin esperanza de futuro.

Pero lo que resulta aún más estremecedor es la respuesta del régimen. A la protesta se le ha respondido con represión brutal: al menos 544 personas han sido asesinadas y más de 10.000 han sido detenidas. Entre ellas, decenas de menores de edad. Diversos informes denuncian incursiones de las fuerzas de seguridad en hospitales, en busca de manifestantes heridos que trataban de recibir atención médica o simplemente refugiarse. En algunos casos, el personal sanitario ha sido agredido y los centros médicos han sido atacados con gases lacrimógenos, según organizaciones internacionales de derechos humanos.

Y mientras todo esto ocurre, la guerra contra las mujeres se recrudece. El régimen ha intensificado su campaña de vigilancia y castigo bajo el llamado “Plan Noor”. Las patrullas recorren las calles buscando a mujeres que no lleven el velo como marcan sus normas. Las detienen, las persiguen, las humillan. Algunas son flageladas, otras encarceladas. A muchas se les confiscan los coches. Todo para imponer un símbolo de obediencia que ya no representa a millones de iraníes.

No podemos hablar de lo que ocurre en Irán sin nombrar la represión de género como una de sus formas más crueles. Desde la muerte de Masha Amini, se ha convertido en evidente que la lucha de las mujeres iraníes es la punta de lanza de un cambio más profundo. Las mujeres no solo luchan por el derecho a vestir como quieran. Luchan por existir. Por ser. Por caminar libres por sus calles, estudiar, trabajar, decidir.

Pero no son solo ellas. Esta vez, las protestas tienen una dimensión transversal que las hace aún más poderosas. Se han sumado comerciantes, estudiantes, trabajadoras, hombres, personas mayores, miembros de minorías religiosas y étnicas —como la comunidad baluchi, duramente golpeada por las ejecuciones—. Algunos incluso dentro de las propias fuerzas del orden se han negado a actuar contra su propio pueblo.

En cada esquina, se alzan voces que piden libertad, justicia, pan y dignidad.

Lo que ocurre en Irán no es una crisis interna: es un espejo que nos obliga a mirarnos como comunidad internacional. ¿Vamos a mirar hacia otro lado? ¿Vamos a dejar que la represión silencie otra vez a un pueblo entero?

Hoy, como hace dos años, cuando escribí por primera vez sobre Masha Amini, vuelvo a alzar la voz por todas aquellas que no pueden hacerlo. Por las que están en prisión. Por las que fueron ejecutadas. Por las que se quitan el velo como un acto de resistencia. Por las que se atreven a vivir en libertad, aún sabiendo el precio que puede tener. Ellas son la luz en medio de la oscuridad.

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img
spot_img