¿La mala suerte o una negligencia provocó la tragedia?

Fermín Gassol Peco.– Hace unos días llevaba mi coche a un taller para pasar una revisión; hacía cuatro años que no pisaba ese lugar; pues bien, allí seguía en el mismo lugar un vehículo de alta gama con ocho cilindros, ocho, cubierto con más polvo aún que ya lo cubría por entonces. Un agraciado por la lotería se compró ese «carro» de 150.000 € y no contó con el elevado costo del consumo y mantenimiento.

Permítanme este preámbulo doméstico para tratar del terrible accidente ocurrido anoche en la localidad de Adamuz, motivado por el fallo de algún elemento en las vías, toda vez que el error humano está descartado.   

Las noticias que han vertido durante la jornada los distintos medios han sido muy confusas, consecuencia de la magnitud del suceso y la gran cantidad de componentes que afectan a la circulación y que se han visto afectados o completamente destruidos. La hora del accidente, con la noche recién caída y la dificultad de acceso al lugar y posterior a los vagones lo hicieron y están haciendo aún más complicado. La causa o causas se están investigando de manera apresurada como no puede ser de otra manera pues la dimensión de la tragedia y la preocupación, cuando no estupefacción de la población así lo exige. Una preocupación mucho mayor si cabe al conocerse las informaciones referentes a los avisos dados tiempo atrás por trabajadores, en concreto maquinistas, del estado de las vías. El propio ministro ya alertaba hace unos meses de este hecho, extremo que resulta esperpéntico. ¿Solución? Ir más despacio. 

Pedro Sánchez ha comparecido en el lugar del accidente para decir que sabremos la verdad, toda la verdad ¿y nada más que la verdad? y volvía a advertir de los bulos, si lo sabrá él, que están circulando por las redes relacionando el accidente con el estado de las vías para así intentar parar un primer golpe en las posibles responsabilidades dentro del ministerio encargado de tenerlas en perfecto estado.

Pero mira tú por donde, a los pocos minutos de realizar estas declaraciones, aparece la noticia de que la causa más probable del accidente es la soldadura defectuosa en el tramo de vía donde se produjo el accidente y que ha sido recientemente renovado. Algo que era de esperar porque descartado el error o intervención humana y la inexistencia de algún obstáculo, no parece lógico que fueran muchas las causas en un tramo de vía que según se puede observar es recto. 

 Y aquí viene el meollo de la cuestión. Salvando que la responsabilidad de la tragedia será dictada por un juez…de lo que se trata ahora es de considerar el accidente como consecuencia o no de la precariedad en el nivel de unos trabajos que se supone deben ser realizados de manera minuciosa dado su destino, soportar el paso de cientos de trenes a diario a unas velocidades cercanas a los trescientos kilómetros por hora.  ¿Cuestión de mala suerte o falta de calidad profesional en los operarios, inspectores, técnicos… o de presupuesto para el mantenimiento de esos miles de kilómetros? 

Unos trabajos de revisión y mantenimiento que deberían ser efectuados con lupa a diario.  Porque los trenes como medio de transporte son hoy rápidos y seguros, de eso no cabe duda alguna, utilizados a diario por miles de pasajeros pero con la presunción de que esa seguridad se basa en el correcto estado de los trenes, (el descarrilado había sido revisado hacía menos de una semana) ausencia de obstáculos y fundamentalmente del correcto estado de las vías, catenarias, agujas y demás elementos que integran el entramado ferroviario.

Mientras escribo estas líneas leo que son ya cuarenta el número de personas fallecidas; vidas y familias rotas, escenas de desesperación, esa niña de seis años que ha perdido a sus padres…una tragedia trasversal que afecta a la ciudadanía de manera profunda. 

Mañana cientos de trenes volverán a circular…miles de pasajeros volverán a utilizar este medio de transporte con cierta sensación de estar jugando a una peligrosa lotería; ahí lo dejo.

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