Irán

“La sed del corazón no se apaga con una gota de agua”
(PROVERBIO PERSA)

Irán vive uno de los momentos más complicados de su historia más reciente. La revolución de los ayatolas de 1979 implantó un régimen islamista chiita y radical que se convirtió en lo que algunos llaman un régimen integrista, pero que en realidad solo es una autocracia del terror inspirada en una visión religiosa del islamismo chiita, —minoritario frente al sunita—, que nada tiene que ver con los deseos de la población.

En España se ha abierto un debate, estéril diría yo, sobre si la República Islámica de Irán es un régimen puramente religioso, es decir teocrático; si es un movimiento que utiliza métodos revolucionarios para dirigir y controlar a la población con mano dura; si se trata de un país plenamente democrático; o si es, como parece, un ente político extraño que no responde a la tipología conocida de las distintas formas de Estado.

Una periodista de la televisión pública española ha dicho, con cierta frivolidad, que el poder en Irán lo ejerce la ultraderecha desde hace mucho tiempo. Toda una simplificación que establece una división maniquea, entre los míos y los demás, sin entrar en el fondo complejo de un régimen como el iraní, que es, sobre todo, una dictadura revolucionaria contraria a Occidente, a  Israel y a sus hermanos de fe, a los sunitas.

Gustavo de Arístegui, diplomático experto en Oriente Medio, ha publicado un artículo titulado “Irán y el régimen de los ayatolas: la tiranía de la oscuridad”, en el que expone su punto de vista sobre esta cuestión. Según él, el régimen autocrático de los ayatolas es el de una oligarquía que saquea la economía interna del país mientras exporta el terrorismo que se ejerce contra sus enemigos políticos y religiosos.

Dice: “No estamos ante clérigos piadosos, sino ante ingenieros del terror que han manipulado la religión para consolidar una ideología despiadada: el islamismo yihadista”. Que apoya a los terroristas de Hezbolá en Líbano; a las milicias terroristas de Irak; a los hutíes de Yemen; o a Hamás en Gaza. Pero también apoya, con otros medios, a grupos antisistema y de izquierdas que actúan en Occidente contra las democracias liberales.

En España es conocido su apoyo a medios de comunicación de Podemos. Concretamente, entre otros, al Canal Hispan TV que se financiaba a través de estructuras empresariales situadas en terceros países, debido a las sanciones internacionales que pesaban sobre Irán. Pablo Iglesias dijo: “A los iraníes les interesa que se difunda en América Latina y España un mensaje de izquierdas para desestabilizar a sus adversarios”.

La vinculación con el régimen iraní parece justificar el silencio de los líderes podemitas ante la represión que sufren los iraníes en las manifestaciones contra el régimen de estas últimas semanas. Incidentes que, pese a la censura a los medios de comunicación, han transcendido a la opinión pública internacional. Se estiman en no menos de 3500 los muertos, aunque hay fuentes occidentales que elevan esa cifra hasta los 15000.

La represión llega a toda la población que ve deterioradas sus condiciones de vida. Su moneda ha perdido el 80% del valor, la inflación supera el 40% anual y el paro juvenil es superior al 30%. Afecta a estudiantes de clase media, a obreros industriales, o a las minorías étnicas no chiitas (kurdos, azeríes, árabes o baluchis). Y, a las mujeres, a las que se persigue con la policía de la moral que instauró Mahmud Ahmadineyad en 2005.

Pero el ejemplo más cruel de su represión se manifiesta en la aplicación ejemplarizante de la pena de muerte. Alguna ONG, como Amnistía Internacional, denuncia que en 2025 se ha aplicado a unos 1500 reos. Y según esas mismas fuentes, es el país que más la aplicó en todo el mundo después de China, aunque de allí no hay datos fiables. Pero también se sigue aplicando como pena el cortar las manos a los ladrones reincidentes.

La entrañable película “Mi postre favorito”, ganadora del premio de la crítica internacional en Berlín 2024, trata de las relaciones amorosas entre personas de edad que se sienten solas. Cuenta la historia de una viuda septuagenaria iraní que vive en Teherán, que está habituada a una existencia callada, pero conoce a un taxista divorciado con el que comparte edad y una actitud nada proclive a los patrones sociales convencionales.

El film ofrece una mirada cercana a las mujeres en un país donde siempre están bajo sospecha y se les prohíbe cualquier aproximación a lo placentero. Una historia excelente que, a partir de ese romance tardío, retrata la soledad y el envejecimiento, pero también las ganas de vivir. En una escena aparece una joven a la que quiere detener la policía de la moral por llevar parcialmente visible su cabello, lo que evita la protagonista.

Hoy está censurada, como si se temiera la vida cotidiana de la gente; a sus autores se los ha condenado a catorce meses de prisión; y el régimen les prohíbe salir del país.

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