Manuel Artiñano Moraga, afiliado al PSOE, crítico con la deriva actual del partido.- España vive una paradoja difícil de explicar. Mientras numerosos sectores productivos sufren una grave falta de mano de obra, miles de jóvenes inmigrantes —incluidos los menores extranjeros no acompañados que alcanzan la mayoría de edad— buscan una oportunidad real para trabajar, formarse y construir un futuro digno. Dos realidades que conviven sin tocarse, cuando deberían encajar de forma natural.
Sectores con necesidad urgente de trabajadores
Nuestro país necesita con urgencia profesionales y aprendices en ámbitos esenciales como:
- Construcción: albañiles, peones, encofradores.
- Instalaciones y mantenimiento: fontaneros, electricistas, técnicos básicos.
- Agricultura: trabajo en el campo, tanto estacional como continuado.
- Fuerzas Armadas y servicios públicos, para jóvenes con vocación de estabilidad y servicio.
Son empleos imprescindibles para el funcionamiento de España y, además, ofrecen salidas laborales reales, con formación práctica, experiencia profesional y posibilidades de estabilidad económica.
Jóvenes dispuestos a trabajar, atrapados por las barreras
Muchos jóvenes inmigrantes llegan con motivación, energía y una clara voluntad de salir adelante. Sin embargo, se enfrentan a obstáculos que les cierran el paso:
- Trámites lentos y complejos para obtener permisos de trabajo.
- Falta de acceso a formación profesional adaptada.
- Dificultades con el idioma o el funcionamiento del mercado laboral.
- Prejuicios sociales que frenan su integración.
Mantener estas barreras no solo es injusto; es profundamente ineficiente. Cada joven que quiere trabajar y no puede es una oportunidad perdida para el país.
Formación y empleo: la clave de la integración
Si España quiere abordar este reto con seriedad, es imprescindible:
- Agilizar los trámites de residencia y permisos de trabajo.
- Impulsar formación profesional básica ligada al empleo real.
- Reforzar la colaboración entre administraciones, empresas y entidades sociales.
- Acompañar y orientar a estos jóvenes en sus primeros años laborales.
La experiencia demuestra que, cuando se les da una oportunidad, responden con compromiso, responsabilidad y esfuerzo.
Un beneficio colectivo, no una concesión
Integrar laboralmente a jóvenes inmigrantes no es un favor ni un gesto ideológico. Es una decisión inteligente que beneficia a toda la sociedad:
- Reduce la economía sumergida.
- Aumenta las cotizaciones y la recaudación fiscal.
- Cubre vacantes que hoy quedan sin ocupar.
- Mejora la cohesión social y la convivencia.
- Evita la exclusión y la marginalización.
Pragmatismo y humanidad para mirar al futuro
España necesita trabajadores. Muchos jóvenes inmigrantes necesitan trabajar. La solución es evidente: crear puentes entre ambas realidades.
Apostar por la formación y el empleo de estos jóvenes es apostar por un país más fuerte, más justo y mejor preparado para el futuro.
Menos miedo y más oportunidades.
Menos barreras y más trabajo.




