Manuel Valero.- La cuestión no es definir el odio que viene muy bien explicado en la RAE. Resumidamente: profesar tal repulsión a una persona que se le desea un mal o la destrucción. La cuestión es cómo esta pasión, tan potente como el amor, se ha colado como era previsible en el universo de las redes sociales que han creado una nueva sociología. Igual que la gasolina sirve lo mismo para calentar una residencia de ancianos o un colegio infantil puede ser utilizada por un tanque para destruir lo anterior. Las redes no son malas en sí mismas, depende de quienes las utilicen. Un artista para promocionar su último lienzo, un cantante para mostrar su último trabajo musical, un escritor para dar a conocer su obra y, en fin, hasta para colgar trucos de cocina, bromas, y situaciones simpáticas de animales.
Pero las redes sociales tienen un talón de Aquiles: su falta de control. Lo que ha propiciado canales de contenido político y otros en los que sí, más que una crítica al poder, de lo que se trata es de una exposición concentrada de repulsión hacia un político o partido con el deseo de destruirlo. Otro mal, es el anonimato en las respuestas digitales-insultos, a veces entre sí- a la opinión de un o una periodista. Las redes sociales son un canal perfecto para la propalación de asuntos delicados y la propagación de momentos televisivos en los que los tertulianos se enzarzan como cotorras y los medios y partidos, según el ideario, eligen el corte que más les conviene.
Uno, duda de la necesidad de prohibir porque cuando muy, muy joven, nos divertíamos con la frase prohibido prohibir, uno de los eslóganes más conocidos de la Revolución parisina de mayo de 1968, al leer la inocente frase Prohibido pegar carteles. De hecho la palabra Prohibir en estos tiempos es una palabra fascista, término flácido de tanto usarlo. Por eso me cuesta criticar de primeras las medidas a adoptar por el gobierno español para bloquear el acceso a redes a los menores de 16 años. Los jóvenes son adictos -otro problema de las redes, quizá el más importante, la adicción- por cuanto tienen tanto de voyeur como de exhibicionista. Y no me refiero al porno digital, que es otro daño añadido sobre todo a los menores.
No poseo ninguna encuesta pero me gustaría saber qué porcentaje de jóvenes hasta los 16 años utilizan las redes de manera sana, o sea, normal, para comunicarse, informarse, entretenerse, y cuántos lo hacen traspasando el límite. Las redes son un campo abierto. La preocupación de los gobiernos indica, y es una prueba por ello, que algo va mal en el universo digital, por es los gobiernos, entre ellos el español, han tomado la iniciativa para una suerte de regulación, lo que prueba que el poder entra en pánico cuando no controla a su medida el modo en que los ciudadanos piensan o se comunican.
Que las redes llegaron para quedarse es una evidencia y que la gente las tomó como un viva la Virgen, otra. Unos de modo cobarde insultando y poniendo como una letrina al opinador, otros exhibiendo a menores -padres que inocentemente salen con sus hijos pequeños en FB- otros convirtiéndose en influyentes, algunos con especial habilidad para esparcir la semilla de la degradación y el odio contra personajes públicos, ya sean políticos, artistas o escritores. Hay unos cuantos que corren a exiliarse rápidamente a Andorra para no pagar impuestos en el país, España, a cuyo gobierno critican. Los hay también conocidos comunicadores y periodistas que con cierta profesionalidad dan cera, pero cera, cera, al presidente de turno. Pero también los hay que son verdaderos profesionales y sus canales son altamente instructivos y entretenidos. Y por supuesto, los líderes políticos y de opinión también los utilizan para su propia propaganda. Las redes son incluso motivo de confrontación diplomática como Tik-Tok, ingeniero del algoritmo adictivo, de origen chino, que trajo de cabeza al propio Joe Biden, hasta que la aplicación opera en EEUU bajo control norteamericano.
Pero… y el odio. El odio es tan viejo como la pana, Nuestra tradición cristiana ya pone en Caín -el segundo hombre bíblico sobre la tierra- el estigma de tan bajuna pasión que bautiza a un país o comunidad mal avenida de tener relaciones cainitas.
Las redes con todo lo bueno, sirven para odiarse mucho, ese odio en la nueva sociología digital es el destilado del odio en la sociología carnal y mortal pero cuando se habla de odio, ¿quién lo genera?, ¿quién odia?, ¿odia el otro y yo no? ¿odio al que me odia y si odio al que me odia soy un odiador, también? El odio simplemente se retroalimenta. Por ejemplo, el otro día vi un video de Irene Montero. Dijo lo que dijo de reemplazar fachas por inmigrantes, pero su tono y rostro no era conciliador. Ella también odia, como odia Abascal y odia Feijo, y Sánchez. Y los culés a los marengues. Un familiar cercano del odio es la envidia. La toxicidad social de ida y vuelta es una consecuencia y cuando llega al extremo deviene en violencia y destrucción.
Las promesas y contradicciones del gobierno, irritan, pero la irritación se calma; el odio, no. Y cuando un país que como el nuestro padeció un Guerra Civil (del Odio) debería tener más cuidado porque sigue redivivo. Miren la polémica literaria entre David Uclés y Arturo Pérez-Reverte. ¿Odia Uclés a Aznar o es este quien siente una repulsión destructiva contra el escritor ubetense?
Nadie está libre ni de odiar ni de ser odiado, y todos hemos experimentado alguna vez esa intensísima y perversa pasión. Cuando el odio fluye lo hace de lado a lado. No hay odiador apasionado ni odiado manso porque los papeles se invierten y retroalimentan. Lo decía mi abuela: cuando dos hermanos están ya a mamporros, en ese momento, no hay ni bueno ni malo. Luego dirá la Ley. El odio está en todas partes y en todos, lo importante y sabio es gestionarlo para disolverlo y evitar que emerja, por ejemplo, en la política donde ya se le ven las aletas. ¿Por qué nos odiamos los españoles? Es un misterio
Lo objetivo es también que cuando un Gobierno lo hace en compañía de quienes ayer nos quitarían el sueño, crispa. Cuando puede pasar toda una legislatura sin presupuestos (obvio todo lo demás), crispa. Y las tertulias, crispan, y hay periodistas que crispan, y hay ministros/as que crispan. Y de la crispación al odio hay medio pie. Porque la Libertad de Expresión es ante todo respeto y tolerancia.
PD.- “El odio es el veneno que bebemos, esperando que otros mueran.”
William Shakespeare
“El odio se amortigua detrás de la ventana”
Miguel Hernández








Oiga usted Valero, la oposición no odia, como no lo dice. Otro Joaquín Sabina.
Permitamos una pregunta. Juju. Usted entiende lo que lee?
Y otra cosa: usted es un ejemplo del anónimo, recurso de cobardes.
Que tenga un buen día.
Mea culpa, admito haber pasado por alto el párrafo en el que nombra a Abascal, Feijoo y Sánchez. En cuanto a lo de cobarde, no creo que hagan falta dos cojone para hacer un comentario como el mío.
Mucha lucidez en unas líneas geniales,que describen una realidad que asusta.
Con nombre y apellidos, con dos cohone, Florentino