Diana Arévalo Guerrero.- Navalpino despertó en la mañana de este jueves con un aroma especial. No solo el del pan recién hecho, sino el de la ilusión, la curiosidad y las ganas de aprender.
Los niños y niñas de 1º de la ESO del IES Montes de Cabañeros cruzaron este jueves la puerta de Pan y Dulces Artesanos, convirtiendo una excursión en una experiencia profundamente humana, divertida y llena de significado.
Desde el instituto contactaron por tercer año consecutivo con la panadería de Navalpino. Se realizaron talleres de poesía y de arte, donde los alumnos expresaron con palabras, dibujos y emociones lo que este alimento representa: hogar, familia, tradición, esfuerzo y comunidad. Porque el pan también se escribe, se dibuja y se siente. Hay algo que los ojos nunca podrán ocultar y es la alegría y la emoción que cada niño muestra cuando ve que su pan está recién sacado del horno o que su tarta está perfectamente decorada por sus manos. Allí, entre harinas, masas y hornos, los alumnos descubrieron que el pan no nace solo de ingredientes, sino de tiempo, madrugones, cuidado, paciencia y manos que trabajan con amor. Cada explicación, cada pregunta, cada risa y cada mirada atenta recordaba la importancia de acercar a los más jóvenes a los oficios tradicionales. Esta visita forma parte de un vínculo, en el que la panadería y el instituto han compartido experiencias que unen educación, cultura y entorno rural.
Ayer cada niño llegó a su casa con un pan y una mini tarta para celebrar la mañana que gracias al instituto y la panadería se pudo celebrar. En Navalpino, el pan sigue contando historias… y la docencia y el alumnado del instituto han sido, un curso más, parte de ellas.









