Juan Amadeo, un policía de la primera comisaría de Puertollano, en los inicios del Fray Andrés

Francisco Javier Segura.- En 2025, hemos celebrado en Puertollano la efeméride de los cien años de la concesión del título de ciudad por parte Alfonso XIII, y en este año de 2026, celebramos los cien años de la instalación de una oficina/plantilla del Cuerpo de Vigilancia (antecedente directo de la actual Policía Nacional), también en nuestra ciudad, ocupando parte de las instalaciones de la planta baja del edificio de la “Casa de Baños”.

Dicho lo anterior, no es mi intención versar sobre ese tema, el mismo queda para otras publicaciones, para otra ocasión. Sobre lo que quiero exponer, es respecto a la íntima y estrecha relación de dicho cuerpo policial, de sus agentes, con el entonces Colegio de Segunda Enseñanza subvencionado por el estado.

Como todos sabemos, dicho centro de enseñanza fue inaugurado formalmente un 23 de octubre de 1932, estando reflejado todo lo concerniente a ello, su gestación, inauguración, historia y andadura, en el magnífico libro del quien fuera profesor en el Instituto Fray Andrés de Puertollano, Antonio Merino Madrid, titulado: “ El Instituto Fray Andrés, 75 años de enseñanza secundaria en Puertollano”. Antes de proseguir, significar que los setenta y cinco años, se cumplieron en 2007.

Este Colegio de Segunda enseñanza, es lo que con el paso del tiempo vino a ser nuestro actual Instituto de Bachillerato, Fray Andrés, dándosele esta denominación a mediados de los años cuarenta del pasado siglo.

Uno de los principales artífices de la consecución de este centro de enseñanza, fue el entonces alcalde de la ciudad, Leonardo Rodriguez Barrera, apodado “El Bomba”, persona enormemente preocupada por la enseñanza y educación de sus paisanos, de los ciudadanos a los cuales representaba, quien hizo todo lo posible para conseguir este centro de enseñanza media, en una época en la que pocas poblaciones del país, que no fuesen capitales de provincia, tenían un centro educativo de estas características y nivel. Todo un ejemplo a seguir para posteriores gobernantes de la ciudad.

Y ya acabo esta parte de mi escrito, recordando que el instituto tuvo una primera sede en la actual calle Torrecilla (en la época de la inauguración, llamada Pi y Margall), y a finales de los cincuenta también del pasado siglo, se inauguró la sede actual en la calle Copa. 

Y llegados a este punto, me dispongo a incidir en el verdadero motivo de este artículo. Según el mencionado libro de Antonio Merino Madrid, cuando se vislumbraba la inminente puesta en funcionamiento del instituto, su inicio nacía con una carencia de profesorado, y es por lo que se solicitó la colaboración de ciudadanos para que actuasen como “profesores auxiliares”, siendo esta colaboración voluntaria y sin remuneración alguna.

De entre todas las personas que se prestaron a ello, se eligieron a tres ciudadanos, que por sus características académicas y formativas, cumplían con el perfil exigido. Pues bien, uno de esos tres ciudadanos, era Juan Amadeo Martínez Sanchez-Algaba. ¿Y quién era Juan Amadeo….? En el ya precitado libro de Antonio Merino se dice de él que tenia el título de oficial de prisiones, título de bachiller, e ingresó en la Facultad de Derecho de la entonces Universidad Central (la actual complutense de la ciudad de Madrid). Huelga decir que lo escrito en el libro es cierto, si bien y por razones que desconozco, Antonio Merino omite un dato fundamental en el currículum de Juan Amadeo, y es que el mismo era agente del entonces Cuerpo de Vigilancia, que como ya decimos mas arriba, es el antecedente directo de la actual Policía Nacional. O dicho de otra forma, es la denominación que la Policía Nacional/Cuerpo Nacional de Policía tenia en los años veinte, nombre que en los años treinta, con el advenimiento de la segunda república, devino en Cuerpo de Investigación y Vigilancia (no hemos de olvidar, que la creación de nuestro actual instituto Fray Andrés, se dio ya con la Segunda República).

Volviendo a la pregunta de quien era Juan Amadeo, hemos de significar lo siguiente: nacido en 1903, en Fuentidueña de Tajo (Madrid), en el seno de una familiar humilde y huérfano desde pequeño, si bien todo ello no fue óbice para que adquiriese una sólida formación académica, máxime para los cánones de la época, y se abriese paso en el mundo laboral de aquellos años duros para España. Tal es así que si bien en un primer momento aprobó oposiciones para el Cuerpo de Funcionarios de Prisiones, en la categoría de oficial, a él lo que verdaderamente le seducía, era ingresar en el Cuerpo de Vigilancia, en la policía de la nación, siguiendo los pasos de su hermano mayor Pedro. Una vez aprobadas las oposiciones para dicho cuerpo policial, simultaneaba su trabajo como oficial de prisiones con la asistencia a las clases en la Escuela de Policía sita en Madrid, perteneciendo a la primera promoción de dicha escuela, la que va de 1925-1926, destacando en la entonces técnica y compleja asignatura de dactiloscopia (reconocimiento de la identidad de las personas, a través de sus huellas dactilares, así como la impronta que estas dejan en las superficies).

Juan Amadeo, una vez que acabó sus estudios, fue destinado a Puertollano, ciudad en la que ese mismo año de 1926 había sido designada para albergar una oficina/plantilla de la policía gubernativa, en su forma de cuerpo de Vigilancia. Es por ello que podemos decir que fue uno de los “fundadores” del antecedente de nuestra actual comisaria de Policía Nacional.

La instalación de esta unidad policial en Puertollano fue muy celebrada por la ciudadanía, como así lo atestiguan varios ejemplares del semanario local “El Defensor”. En el caso específico de Juan Amadeo, el mismo se integró rapidamente en la sociedad puertollanera de la época, al punto que a los pocos años contrajo matrimonio con Francisca Arias Vivancos, hija del que fuera alcalde de Puertollano a finales del siglo XIX, y fundador de nuestra feria de mayo, don Fulgencio Arias.

La integración y compromiso de Juan Amadeo en y con Puertollano no solo se limitó a su trabajo policial y vida afectiva (su único hijo nació aquí en 1934, José Mariano Martinez Arias), también discurrió por otros derroteros como el que aquí nos ocupa, el educativo prestándose a ser profesor en el incipiente instituto y siendo seleccionado para ello, todo de manera altruista. Y sobre esto, Juan Amadeo nos dice lo siguiente: “haber prestado servicio, durante mas de un curso, como auxiliar de letras, en el Colegio Subvencionado de Segunda Enseñanza de Puertollano, con carácter honorífico y gratuito, autorizado por la Dirección General de Seguridad en escrito número 298 de 9 de enero de 1932, de la sección de Persona”.

También nos ha legado Juan Amadeo, a través de su nieta Marí José Martínez Peral una fotografía casi inédita, que ilustra el acto inaugural del instituto. En la misma, y en primera línea, aparece Juan Amadeo, siendo el tercero por la izquierda según observamos la fotografía, teniendo como referencia al personaje que aparece también en primera línea, el mas alto y con bigote (señor Fernández Mato, gobernador civil de la provincia de Ciudad Real). Esta fotografía institucional fue realizada por el gran fotógrafo puertollanense de la época, Joaquín Oña, y viene descrita en el diario de Juan Amadeo, en el cual anotó lo siguiente:

“23/10/1932. Inauguración oficial del colegio de segunda enseñanza subvencionado por el estado. Al acto, asistieron entre otras autoridades, el sr. Fdez Mato (Ramón), gobernador civil de la provincia, el sr. Calatayud (Vicente), director del Instituto de Ciudad Real, el diputado Cabrera (se refiere al diputado socialista por Ciudad Real, Emilio Cabrera Toba), el sr. Enrique Aguado, director del centro educativo, Se dieron discursos en el ayuntamiento, visita al centro educativo, sito en la calle Pi y Margall (actual Torrecilla), y posteriormente un lunch también en el ayuntamiento”.

Por último, mencionar que nuestro personaje destacó sobremanera en su vida profesional como policía, como atestiguan y pone de manifiesto la información por mi hallada sobre esta faceta suya, con la resolución de varios ilícitos penales, en los que destacaría su investigación que culminó con la detención de los autores y cómplices del por mi denominado “Asesinato de Cabezarrubias, o asesinato de Domingo Ruiz Lozano”, allá por 1940.

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