La celebrada comparsa ‘Los Chambras’, formación que durante once años del pasado siglo puso el mejor broche a los populosos carnavales de Almodóvar del Campo a los que, sin embargo y hasta su aparición, solían ser descafeinados domingos de piñata, recibirá este año el Mascarón de la localidad, la distinción honorífica que otorga el Ayuntamiento.
Roberto Donoso, concejal de Festejos, valora la concesión como “un acto de justicia y para darles las gracias a un grupo de vecinos que, de manera totalmente altruista y espontánea, tiraron de ingenio y música para llenar de vida y coplillas nuestras calles durante una década cerrar de la manera más memorable cada Carnaval”.
Y así lo fue, porque este grupo de joviales amigos, muchos de ellos músicos, unos más carnavaleros que otros, decidieron de manera espontánea en 1984 llenar de alegría, de ironía, siempre con clase y respetuosa en sus términos, y ambiente popular, un día que muchos en la localidad decidían irse a otras poblaciones “porque aquí no había nada”.
Una treintena larga de años desde que concluyeron este periplo, dos de sus componentes, José Ramón Sánchez y Eduardo Cervera, entre fotos que guardan de aquellos once años y muchos recuerdos frescos y anécdotas mil, reconocen lo bueno de la iniciativa y rinden también tributo a quienes fueron compañeros de comparsa. Algunos, ya no están.
La misma constitución de ‘Los Chambras’ tuvo ya un origen anecdótico, por cuanto el germen surgió el miércoles de ceniza de 1984 cuando, tras el entierro de la sardina, estos jóvenes amigos coincidieron en el Pub Sol-Mar que por aquella década era un referente de celebraciones en la población almodovareña.
Aquella noche la conversación entre ellos giraba en torno al vacío festivo que sufría el pueblo el domingo de piñata, día en que la mayoría de las agrupaciones locales actuaban fuera o la ciudadanía se desplazaba a los carnavales de Ciudad Real y Miguelturra, dejando a Almodóvar del Campo sin ningún aliciente más.

Ante ello, se plantearon improvisar para ese mismo domingo una alternativa. Con apenas unos días de margen, la planificación fue exprés, escribiendo las letras de sus ripios y coplillas al día siguiente, realizando un pequeño ensayo el viernes para familiarizarse e ir aprendiendo los textos y tener todo listo para que el domingo 11 de marzo de 1984, a las cuatro de la tarde, la comparsa debutase en plena Plaza Mayor.
Para el vestuario de aquel primer año, y dada la premura, se optó por complicarse lo mínimo imprescindible, de manera que se tiró de una prenda tradicional y muy presente por aquellos años en las casas del pueblo, la chambra, vestimenta que acabó también por darles el nombre con que salieron en los sucesivos diez domingos de piñata posteriores.
Largas las chambras para ellas y cortas para ellos, musicalmente se estrenaron con el pasacalle ‘Adiós amigo’, una melodía conocida y pegadiza y el éxito de aquella primera salida fue tal que el grupo acordó establecer la tradición, extendiendo su actividad durante una década.
A partir de entonces, a lo largo de su existencia, la comparsa fue renovando anualmente sus temáticas, eligiendo disfraces y letras que giraban en torno a la actualidad social y política del momento, con coplillas se caracterizaban por el uso de la sátira, la ironía y la gracia, “evitando siempre el insulto” recalcan, pero diseccionando la realidad del año.
Así, tras ‘Los Chambras’ con que nacían en 1984, los nombre y temas que abordaron por este orden cada domingo de piñata fueron ‘Los Colegiales’, ‘Los Charros de la Mancha’, ‘Los Inseguros’, ‘Los Sirvientes’, ‘Los Marineros’, ‘Los Calendarios’, ‘Los Currelantes’, ‘Los Pintores’, ‘El Tractor Amarillo’ y Los Macarenos’ en 1994, con que se despidieron.
De estos años, cabe destacar una anécdota muy singular que Eduardo y José Ramón recuerdan especialmente, en torno al vestuario de 1986 (‘Los Charros de la Mancha’), y es que, tras una gestión con la Oficina de Turismo de la Embajada de México, la comparsa consiguió que les proporcionaran auténticos sombreros charros para su vestuario.
Calidad musical y composición
A diferencia de otras agrupaciones amateur, ‘Los Chambras’ contaban con una sólida base musical. Una vez elegidas las canciones populares que servirían de base, se entregaban al maestro y director de la entonces Banda Municipal Ramón Montesinos, quien se encargaba de sacar partituras y adaptarlas a los distintos instrumentos de la formación.
La instrumentación en concreto incluía clarinete, saxo alto, saxo tenor, trombón, bombardino y percusión, una variedad tal que permitía que sus pasacalles fueran un elemento distintivo de su identidad, a las que luego contribuían las voces de sus integrantes, unos adultos y otros niños de inicio que luego irían creciendo.
Precisamente, la comparsa comenzó formada exclusivamente por adultos, pero con el paso de los años evolucionó hacia un formato familiar, incorporando progresivamente a los respectivos hijos. En su momento de mayor auge, la agrupación llegó a contar con un total de 43 componentes.
En concreto, Eduardo y Mª Tere, con sus dos hijos; de José Ramón y Mª José, y sus dos vástagos; de Miguel y Jose, también con dos peques; de Gabriel y Manoli, en su caso con tres hijos; Isidoro y Luci; Bruno y Paqui, y sus dos chicos; Pepe y Juana; Eleuterio y Lola, y dos hijos; Arcadio y Sole; Francisco y Ricarda y un hijo; Casto y Ramona, con otro hijo; Miguel Nevado; Mª Jesús; Paqui; Agustín y Margarita; y María José.
De todos ellos, quieren tener un recordatorio sentido a componentes que ya han fallecido, empezando por Miguel Nevado y sin olvidar tampoco a Ramona, Francisco, Ricarda, Arcadio y la jovencísima Gloria.
‘Los Chambras’ fueron siempre una “comparsa autónoma”, en el sentido de que nunca participaron en concursos ni buscaron actuar fuera del pueblo, no tenían cuotas ni ayudas oficiales. Las mujeres confeccionaban los trajes y solo tenían establecido un fondo común para cubrir los gastos de comida y bebida, salvo invitaciones puntuales de algún local.
Su itinerario habitual comenzaba ante el edificio consistorial y discurría luego por puntos neurálgicos de la hostelería de la época, revitalizando el ambiente dominical en lugares emblemáticos, como El Casino, Bar La Calatrava, La Parada, Bar Viñas, La Mina, El Mesón, El Pajarillo, La Posada, Pub El Porro, Pub Leman, Pub Sol-Mar o la Discoteca Iris.
En el recuerdo de quienes atesoran hoy la memoria del grupo, además de recordar al citado don Ramón Montesinos, también destacan la figura del párroco don Leopoldo Lozano, cuyo entusiasmo y reportajes fotográficos, año tras año, ha permitido que hoy exista una importante colección gráfica que documenta la trayectoria de ‘Los Chambras’.
Si el objetivo de esta emblemática chirigota fue pasar una buena tarde-noche de remate a las celebraciones de Carnaval y divertir a convecinos, lo cierto es que con ellos “convulsionó el ambiente de los Domingo de Piñata, aumentando el ambiente popular y el seguimiento era tal, que nos esperaban en las plazas y bares en los que íbamos a actuar”.
Ahora, tantos años después, este domingo próximo del Carnaval 2026, 15 de febrero, algunos de ellos subirán al escenario de la carpa para recoger el emblemático Mascarón cerámico que deja testimonio de que estas celebraciones tuvieron en el domingo de piñata el mejor de los alicientes para no tener que salir de Almodóvar del Campo.











