“Cuando los hombres construyen sobre falsos cimientos, cuanto más construyan, mayor será la ruina”
THOMAS HOBBES
(Filósofo inglés)
Reducir el nivel de polarización política que se vive en nuestro país requiere, entre otras cosas, la rebaja de la radicalidad extrema que hoy está presente en el panorama político español. Y hay que hacerlo a uno y a otro lado del actual espectro político, donde en los últimos años han proliferado fuerzas inestables —y muchas veces efímeras—, que, con el pretexto de abolir el bipartidismo, han conseguido hacer casi ingobernable nuestro país.
Los resultados en las últimas elecciones de Aragón son un ejemplo. Los partidos que hasta ahora han sido mayoritarios —PP y PSOE—, no tienen la posibilidad de gobernar sin el apoyo de otras fuerzas políticas. Allí ha crecido exponencialmente VOX, que ha doblado su representación y se ha convertido en un partido clave. Aunque ambos partidos se reprochan haber engordado a la que hoy es la tercera fuerza política de ámbito nacional.
Con el movimiento del 11-M en 2011, surgieron numerosas fuerzas políticas de reducida o mínima estabilidad. En ese tiempo desaparece UPyD, el partido de Rosa Díez; surge Ciudadanos a nivel nacional y hoy está prácticamente extinguido; IU se diluyó en distintas formaciones políticas, y hoy está desdibujada; y Podemos, que venía para asaltar los cielos, carece de representación en muchos territorios y su presencia es casi residual.
Por su parte, VOX, que desde su fundación en 2013 no había conseguido representación alguna, cuando en 2018 llega al gobierno Pedro Sánchez la situación cambia. Entonces el señor Ábalos, secretario de organización del PSOE, inicia una campaña con la militancia a la que previene “alarmándola” de la llegada de la ultraderecha. Esta estrategia no se entendía. Pero, VOX, llegó al Parlamento andaluz y en 2019 al Congreso, con 24 diputados.
Se evidencia que el PP, bien por dejadez o porque sus luchas internas le impedían prestar atención al extraordinario crecimiento del partido del señor Abascal, hasta que se convirtió en un serio competidor; pero también el PSOE, al que le interesaba dividir el voto conservador, comenzaron a alimentar a un partido que hoy ha crecido y ya es, —como aquel Leviatán bíblico—, un fenómeno incómodo e inmanejable para los unos y para los otros.
A pesar del estigma ideológico y del cordón sanitario al que se le pretende someter desde los partidos de la izquierda, esta formación abandera cuestiones que son importantes para la sociedad española y que no han sido suficientemente atendidas durante muchos años por los distintos gobiernos de nuestro país. Y el medio rural es un ejemplo. Más allá del abandono que sufre la España vaciada, hay un problema muy importante en el sector agrario.
Si las políticas europeas y nacionales son tan favorables para este sector como nos dicen, no se entiende que los políticos sean incapaces de hacer llegar sus argumentos a los agricultores y a los ganaderos del país o por qué no se ratifican determinados acuerdos en los parlamentos nacionales. Quizás lo que ocurre es que la UE es incapaz de justificar unas políticas que se han desarrollado al margen de este estratégico sector económico europeo.
Este es un argumento que está capitalizando exitosamente VOX, y que poco o nada tiene que ver con el estigma ideológico que se le asigna. Así, se opone al acuerdo de la UE con Mercosur porque puede dañar la economía del sector primario español, pero también el de todo el sector agrario en Europa; que produce efectos nocivos en la calidad de los productos que se importan; y supone una competencia desleal para este sector productivo.
Se presenta así un panorama desolador que se debería de abordar sin demora por la Unión Europea. Si se prohíbe el uso de hormonas por su efecto nocivo para nuestra salud, si se restringe la utilización de productos fitosanitarios por ese mismo motivo, no se entiende que no se exijan esos mismos requisitos de calidad a las importaciones, no solo a las de Mercosur, sino también a las procedentes de África, sobre todo a las de Marruecos.
Defender lo nuestro debe ser estratégico, no solo para España, sino para toda Europa. La pandemia del COVID y la guerra de Ucrania, nos mostraron una realidad clara sobre como nuestras reservas de ciertos productos, —esenciales para la economía—, pueden evitar desabastecimientos y el encarecimiento que se ha producido desde que, a partir del año 2020, esos periodos se han generalizado y son recurrentes en el ciclo económico.
Si a VOX se le considera el enemigo a batir por una parte importante de la clase política, es necesario que, —más allá de cuestiones doctrinales o puramente ideológicas—, se aborden y, en la medida de lo posible, se resuelvan, aspectos esenciales para nuestra convivencia que ellos han incluido como parte de su ideario político, aunque pertenezcan a toda la sociedad española. Como la gestión de todos los recursos del medio rural.







