Antes vivíamos mejor

Antonio Carmona.- Siempre se ha mirado al pasado con una nostalgia idealizada y bonachona. Los viejos tiempos siempre fueron mejores que los nuevos, eso no falla, sobre todo porque nuestra memoria ha aprendido a pasar los recuerdos por un colador selectivo que deja fluir lo memorable y atasca lo reprobable con la intención de verterlo en la trituradora del olvido. Lo bueno (o lo malo) de la Historia es que es moldeable, la puedes adaptar a según qué criterios. Lo que pasó es lo que pasó. Eso, en principio, parece no tener vuelta de hoja, pero las interpretaciones sobre lo que realmente pasó pueden ser tan variadas como los intereses creados que las diseñan. Resulta así muy práctico para que cada uno arrime a su sardina la interpretación de la Historia que más le convenga.

Supongo que cuando mezclas en el cóctel añoranza y política, aderezada con unas gotas de candidez, es fácil extraer frases tan “exitosas” como “con Franco vivíamos mejor”, o la todavía más ocurrente: “contra Franco vivíamos mejor”. Aquel jueves, 20 de noviembre de 1975, cuando murió el dictador, el que suscribe disfrutaba de sus 12 años y no tenía muy claro en qué consistía eso de ser un dictador. Estaba en la etapa final de EGB y ya podéis imaginar el júbilo que sentimos mis compañeros y yo cuando un profesor nos dijo que no había clase y que podíamos volver a casa. Recuerdo mi infancia repleta de imágenes felices. No sabría explicar si por causa de ese colador antes mencionado. En todo caso, me parece más razonable basarlo en las personas que me rodeaban y me querían, y no al tipo de gobierno imperante en la nación. Menos mal que en la actualidad tenemos una nutrida población que aún no ha cumplido ni 30 años (algunos, ni 15) capacitados para explicarnos y esclarecernos los motivos por los que aquellos eran mejores tiempos y deberíamos volver a ellos.

Me sentía mucho más consciente de los acontecimientos durante la Transición y la subsiguiente vorágine de los años 80. ¡Bendita vorágine! A finales de los 70 aún vivían millones de españoles que habían experimentado los horrores de la Guerra Civil y su Posguerra. Parece, cuando menos, irreflexivas las críticas vertidas sobre este momento histórico elaboradas desde la perspectiva actual en la que “vivimos tan mal”. Aquellos personajes del momento conocían el significado de “dar el paseo”, de las represalias, de la escasez o el hambre, de la venganza, del ajuste de cuentas, de pasar desapercibido y habían visto cosas que vosotros no creeríais… Atacar naves en llamas más allá de Orión, rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser… Bueno, esto último lo he sacado de una película titulada Blade Runner (1982), me apetecía incluir unas frases vibrantes y destensar el ambiente, aunque mantengo el argumento de que en aquellos tiempos, cuando yo aún era un chaval, ellos conocían de primera mano la precariedad y los ríos de sangre vertidos, siempre en nombre de la Patria o de Dios o de la República.

No sé si me causa más desdén que tristeza oír a gente que no vivieron nada de aquello ni de lejos y, sin embargo, quieren ahora retroceder en el tiempo, encorsetarnos en un estilo de vida que definen como verdaderamente español. Vivir como antaño e identificar religión con nación, una fórmula que se ha demostrado fallida durante siglos. Si hay algo que la Historia nos ha enseñado es que nunca hay vuelta atrás. Por más que Los Chunguitos vuelvan a los escenarios, ni Los Chunguitos ni el pasado volverán a ser loque eran. Más nos convendría invertir todo nuestro esfuerzo, trabajar codo a codo por un presente que, en décadas futuras, lo podamos (o podáis) recordar sin demasiados lamentos y así poder seguir afirmando aquello de “antes vivíamos mejor”.

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