Excusas

“Hay una diferencia entre reconocer y confesar. Reconocer supone suavizarlo, poner
excusas para algo que no puede excusarse; confesar solo menciona el delito en toda su
crudeza.”
VERÓNICA ROTH
(Escritora estadounidense)

Cuando se llega a cierta edad uno piensa que está de vuelta de todo, o de casi todo. Pero reconozco que a mi edad hay cosas que me siguen sorprendiendo. En los premios Goya 2026 hemos oído a una actriz hacer un comentario que puede herir la sensibilidad de muchos católicos. Hablando de Los domingos, —la película más laureada de esta edición—, ha dicho: “Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, pero menudo chiringuito tenéis montado. ¡Se acabó!”.

Con su comentario la actriz consiguió que hubiera quejas de gentes de toda clase y condición. Por supuesto, de los jerarcas de la iglesia católica, de sacerdotes o de creyentes de a pie; de algunos personajes del celuloide, principalmente actores; de gentes con un sentido de la vida religioso, de esta o de cualquier otra creencia; o de quienes piensan que no todo vale a la hora de opinar en actos públicos. En cuanto a lo del chiringuito, chirría que esa opinión proceda del sector de la cultura más subvencionado por las distintas administraciones públicas, que todos pagamos con nuestros impuestos, y que pueden herir sensibilidades.

En un reciente debate en el Parlamento catalán, la ex alcaldesa de Los Comunes, Ada Colau, a propósito del debate sobre si se debe de prohibir el uso del burka, —que se debatió y rechazó en el Congreso de los Diputados—, dijo que por razones de seguridad “los nazarenos de Semana Santa también prohibidos porque llevan toda la cara tapada”, y siguió defendiendo con vehemencia que no se debía de prohibir el uso de esta prenda con el inédito argumento de que “¿qué pasaría si se prohíbe su uso? —y se contestaba— Que las encierran en su casa”.

Pero con esta señora llueve sobre mojado. Ya que en 2023 ella publicó un video en el que la entonces alcaldesa felicitaba a los musulmanes por el fin de la fiesta del Ramadán, como hizo en el año 2022 con la celebración del año nuevo chino. Ello produjo numerosas críticas de los ciudadanos de Barcelona por la diferencia de trato con respecto a los cristianos cuando celebran la Navidad o la Semana Santa. Porque su actitud era de indiferencia cuando no de clara hostilidad hacia los católicos. Pero su sesgo ideológico radical le impide ser objetiva.

Las cualidades oratorias de José Luis Rodríguez Zapatero son más que conocidas y suele hacer uso de ellas para intentar aclarar ante los ciudadanos determinados actos poco claros que lo puedan comprometer públicamente. Hace unos días el ex presidente Zapatero en una intervención en la comisión del Senado que investiga el conocido como “caso PSOE”, salió con la eufórica sensación de haber convencido con sus argumentos a la opinión pública española utilizando el socorrido recurso de que se le quiere desprestigiar personalmente con bulos.

Pero más allá de lo que dicen quienes creen que no ha disipado ninguna duda sobre su supuesta participación en la mediación ante el gobierno para el rescate de la compañía aérea venezolana, Plus Ultra, se le ha oído decir algo muy llamativo: que él cobraba por informes orales. Aunque reconoció que quien emitía los informes escritos era Sergio Sánchez, Director de Relaciones Institucionales de Movistar. Y Zapatero dijo que lo hacía bajo su supervisión. Estos informes se utilizaron para tramitar las ayudas a Plus Ultra por parte del gobierno.

Lo sorprendente es que el autor de los informes escritos cobró 18.000 euros, mientras que el ex presidente reconoció haber cobrado 460.000 por su asesoría, aunque se fraccionaron en importes anuales de unos 70.000 euros. Así lo pudieron hacer para que fuera fiscalmente más favorable y, supuestamente también, para poder ocultar unos cobros por los que la Audiencia Nacional está investigando actualmente a su amigo e imputado por el rescate de Plus Ultra, Julio Martínez Martínez. Y reconoció el pago de 200.000 euros a la empresa de sus hijas.

Los pretextos o las excusas habituales de nuestros políticos —para hacer o dejar de hacer determinadas cosas—, parecen servir a los intereses de quienes las utilizan, aunque ellos usan de forma manida el comodín de los principios ideológicos que dicen defender y que poco o nada tienen que ver con esa abusiva práctica. Es evidente que el fin último de sus excusas es, en muchas ocasiones, eludir las responsabilidades personales de todo tipo por sus actuaciones que, aunque algunas sean formalmente legales, no son defendibles ni ética ni estéticamente.

Pero el empeño por excusarse ante los demás, como se recoge en la famosa y conocida alocución latina, Excusatio non petita, accusatio manifesta (excusa no pedida, culpa manifiesta), en la práctica supone una autoinculpación de quien trata de excusarse de manera recurrente.

Relacionados

spot_img
spot_img
spot_img