2026: el año de reconocer el liderazgo de las mujeres agricultoras

El 8 de marzo es una fecha para recordar, pero sobre todo para reflexionar y actuar. Cada Día Internacional de la Mujer nos recuerda que los avances logrados en igualdad no son fruto de la casualidad, sino del esfuerzo colectivo de generaciones de mujeres que han trabajado para abrir camino a quienes vienen detrás.

El pasado año se cumplieron 30 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, aprobada en 1995 durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, un hito histórico que marcó la hoja de ruta internacional para avanzar hacia la igualdad real de derechos y oportunidades.

AFAMMER estuvo presente en aquella conferencia como la única organización de mujeres rurales, llevando la voz de miles de mujeres que viven y trabajan en nuestros pueblos. Treinta y un año después, hemos avanzado mucho, pero todavía queda un largo camino por recorrer.

Por eso, en el seguimiento de los compromisos adoptados por Beijing, Naciones Unidas ha identificado varias áreas prioritarias para acelerar su cumplimiento: aumentar la presencia de mujeres en la toma de decisiones, poner fin a la violencia contra las mujeres, reducir la brecha digital de género, transformar la economía de los cuidados y situar a las mujeres en el centro de la transición hacia economías verdes.

España ha avanzado de forma significativa en materia de igualdad en las últimas décadas. Sin embargo, persisten desigualdades estructurales que siguen limitando el pleno desarrollo de las mujeres. Solo el 24,77% de los ayuntamientos están liderados por mujeres y apenas una de cada siete personas que trabaja en actividades vinculadas a la economía verde es mujer.

Estas desigualdades se agravan especialmente en el medio rural. Las mujeres rurales desempeñan un papel fundamental en el desarrollo económico, social y ambiental de nuestros territorios, pero continúan enfrentándose a mayores barreras para acceder a recursos, financiación, tecnología o espacios de decisión.

Por ello, este año adquiere una relevancia especial. 2026 ha sido declarado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Mujer Agricultora, una iniciativa que supone una oportunidad histórica para reconocer el papel esencial que desempeñan las mujeres en los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta la transformación, la comercialización y la distribución de alimentos.

Las mujeres no solo están presentes en el campo. Participan en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, contribuyendo a la seguridad alimentaria, al desarrollo económico de nuestros territorios y a la sostenibilidad de nuestros recursos naturales. Sin embargo, a pesar de esta contribución fundamental, siguen teniendo menos acceso a la propiedad de la tierra, a la financiación, a la innovación tecnológica y a los espacios de liderazgo.

Reconocer su papel no puede quedarse en un gesto simbólico. Debe traducirse en políticas públicas que garanticen igualdad de oportunidades reales: acceso a recursos productivos, formación, conectividad digital, conciliación y corresponsabilidad en los cuidados, así como una participación plena en la toma de decisiones.

Desde AFAMMER seguiremos levantando nuestra voz, porque es la voz de la igualdad y de los derechos humanos. Cada mujer rural es presente y es futuro para su pueblo.

Un año más estaremos en Naciones Unidas, en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, defendiendo que no puede haber justicia social ni desarrollo sostenible si las mujeres rurales continúan ausentes de los espacios donde se toman las decisiones.

En un momento en el que incluso se cuestionan los avances logrados y surgen discursos que niegan la desigualdad entre mujeres y hombres, es más importante que nunca defender los valores de igualdad, respeto y justicia. La igualdad no es una ideología ni una moda pasajera: es un principio básico de cualquier sociedad democrática.

Por eso, hoy más que nunca, debemos apostar por un feminismo de cooperación, un feminismo que sume, que construya puentes y que avance junto a los hombres para lograr una sociedad más justa e igualitaria.

Porque la igualdad entre mujeres y hombres no es solo una cuestión de derechos. Es también una cuestión de sentido común y de futuro. Cuando las mujeres tienen las mismas oportunidades, nuestras sociedades avanzan y nuestros territorios se fortalecen.

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