El Museo del Prado recorre Madrid en busca de los edificios donde vivieron María Luisa de la Riva y Fernanda Francés, artistas presentes en su colección

Por José Belló Aliaga

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Museo del Prado dedica su Instagram de hoy a un recorrido singular por las casas en las que vivieron dos de las mujeres artistas representadas en su colección: María Luisa de la Riva y Fernanda Francés.

La iniciativa propone un viaje por el Madrid de finales del siglo XIX y comienzos del XX a través de las direcciones que marcaron la trayectoria vital y profesional de ambas pintoras en Madrid.

A través de este itinerario urbano y biográfico, el Prado pone la atención en la presencia de las mujeres en la historia del arte y en su propia colección, invitando al público a redescubrir sus obras desde una perspectiva que conecta creación artística, vida cotidiana y ciudad.

https://www.instagram.com/reels/DVdmp8PkqM1

Vídeo de Instagram «Ricas y famosas: Fernanda Francés y María Luisa de la Riva»

El vídeo de Instagram de hoy del Museo del Prado se enmarca en el programa de actividades conmemorativas del Día Internacional de la Mujer y propone una aproximación innovadora al legado de dos creadoras fundamentales del cambio de siglo: María Luisa de la Riva y Fernanda Francés, ambas representadas en la colección del Museo.

Recorrer las calles donde estuvieron los hogares de las artistas del siglo XIX se convierte en una forma de cartografía de la memoria. Caminar por estos enclaves urbanos permite sacar el legado femenino de los libros y devolverlo al tejido de la ciudad, transformando fachadas y esquinas anónimas en testigos de la historia cultural. Esta práctica invita a reflexionar sobre cómo estas mujeres habitaron el espacio público y privado, visualizando los recorridos diarios que realizaban hacia sus talleres o academias en una época en la que su presencia en determinados espacios era a menudo cuestionada. Al detenernos ante el lugar donde vivieron, estamos realizando un acto de reconocimiento simbólico que combate el olvido institucional, otorgando a estas creadoras un lugar físico y emocional en el imaginario colectivo.

Mientras, en el Museo del Prado puede disfrutarse de lo mejor de su producción. Como parte de un esfuerzo institucional sostenido, las obras de ambas pintoras se encuentran actualmente expuestas tanto dentro como fuera de los muros del Museo del Prado. Desde 2020, la institución desarrolla una política específica para que ninguna pintora quede en el almacén, garantizando su plena visibilidad y circulación; una premisa que se aplica a las protagonistas de hoy, María Luisa de la Riva y Fernanda Francés.

María Luisa de la Riva: prestigio internacional desde el género del bodegón

Especializada en bodegones y floreros, María Luisa de la Riva se formó con Sebastián Gessa y con Antonio Pérez Rubio. A su llegada a Madrid desde Zaragoza en 1881 se instaló en la calle de San Roque, 5 (3º drcha.), y en 1884 se trasladó a la calle de San Mateo, 14.

Desde la década de 1890 hasta 1901 residió en París, donde desarrolló una intensa actividad profesional. El Museo del Prado conserva una fotografía de su estudio parisino, testimonio de su consolidación en el contexto internacional. Fue socia de honor de la Sociedad de Amigos del País de Santiago de Compostela, miembro de la Sociedad de Artistas de Berlín y Viena y recibió distinciones internacionales como la Palma de la Academia Francesa y la Orden del Nicham Iftikhar de Túnez.

Participó en numerosas muestras y certámenes, obteniendo mención de honor en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1887 y 1895; terceras medallas en 1897 y 1901 por los lienzos Uvas de España y Frutas de verano; y una segunda medalla en 1920 por Uvas y granadas. Asimismo, fue galardonada con tercera medalla en la Exposición Universal de París de 1889 y en la Universal de Barcelona de 1898.

Tras la Primera Guerra Mundial regresó a Madrid y, en 1920, se instaló en la calle de Serrano, n.º 43 —edificio hoy desaparecido—.

En la colección del Prado se conservan algunas de sus obras más premiadas, como Puesto de flores, Flores y frutas, Uvas de España y Uvas y granadas, ejemplos de la exquisita factura y la riqueza cromática con la que elevó el bodegón a cotas de gran reconocimiento crítico.

Uvas de España

Óleo sobre lienzo. 1895

Sala 63 A del edificio Villanueva. Museo Nacional del Prado

Destacada bodegonista, María Luisa de la Riva conoció un sólido éxito no solo en España, sino también en París, donde transcurrió buena parte de su carrera profesional. Más allá de su característica forma de representar la fruta en su etapa de madurez, la pintora supo dotar de una singular expresividad a sus bodegones.

Las obras realizadas en París evidencian una clara referencia a lo español, y con ellas cosechó sus más notables premios.

Esta pintura figuró en la Exposición Universal de París de 1900, donde se premió con una medalla de segunda clase. Con el mismo título presentó en la ciudad francesa una pintura de dimensiones parecidas en los Salones de 1892 y 1895.

Puesto de flores

Óleo sobre lienzo. Hacia 1887

Depositado en la Diputación Provincial de Zamora

Este lienzo es quizá la composición más ambiciosa de una de las pintoras que disfrutó de mayor reconocimiento público en la España del siglo XIX. Especializada en la pintura de flores, luchó denodadamente por alcanzar la fama, logrando desvincularse como artista de su marido, el también pintor Domingo Muñoz Cuesta.

A pesar de su exitosa carrera, a veces se la siguió tratando como aficionada. Esto la sitúa como una de las protagonistas del primer gran episodio de profesionalización de las mujeres pintoras en la península.

Puesto de flores fue seguramente la primera obra que presentó en París, en el Salón de 1885, cuando ya contaba en la capital francesa con Simonson como marchante.

De la Riva, que no acostumbró a introducir figuras humanas en sus composiciones, pinta aquí a una florista que posa ante su exuberante mercancía y a la que representa como un tipo popular muy cercano al costumbrismo. Aunque alejada aún en esta obra del lenguaje y del mensaje propios del realismo social en boga, la incorporación de una florista permitió sin embargo a la autora llamar la atención sobre los modestos empleos a los que estaban abocadas las mujeres no profesionalizadas y necesitadas de dinero, enmarcándose así en la línea en la que, casi simultáneamente, apuntaba Pardo Bazán en algunos de sus escritos.

Uvas y granadas

Óleo sobre lienzo. Hacia 1920

Depositado en la Universidad de Zaragoza

Este bodegón, en el que María Luisa de la Riva representa un cesto con numerosos racimos de uvas de distintas variedades, acompañados de granadas abiertas, está firmado en París, al igual que sus Uvas de España. Se trata de una obra de madurez, que evidencia la repetición de la fórmula con la que alcanzó el éxito internacional.

Aunque el lienzo resultó premiado, parte de la crítica le reprochó, además de su escasa calidad, una supuesta falta de lógica en la composición.

Flores y frutas

Óleo sobre lienzo. 1887

Depositado en la Universidad de Zaragoza

María Luisa de la Riva se esmeró en evocar aquí las texturas de la gran variedad de flores y frutas de esta compleja composición, así como de los objetos que los contienen o en torno a los cuales se ordenan. Sobre una mesa, un frutero de cristal concentra uvas de distintas variedades, y junto a ella, sobre el tablero, algunos racimos más y un par de granadas, una de ellas abierta, y una naranja mondada.

Tras la copa y recortado ante una cortina de tela hay un jarrón con motivos decorativos que contiene un feraz ramo de flores, en el que se distinguen, con botánica precisión y variado equilibrio, rosas, nardos, margaritones, iris, lilas, gladiolos, espuelas de caballero, plumbago, fucsias, kentias y amor de hombre.

La obra mereció una mención de honor en la Exposición de Bellas Artes de 1887 en la que el jurado, si bien en un primer momento fue parco en la concesión de premios, parece que luego «se prodigó en exceso» según la prensa, y entre otros reconocimientos otorgó dieciocho certificados y menciones honoríficas a las pintoras que concurrían al certamen. Aunque no parece que el jurado recomendara al Ministerio de Fomento la adquisición de ninguna de las obras galardonadas, a De la Riva terminaron por comprarle las dos que había presentado al certamen y que merecieron variados elogios en la prensa.

Fernanda Francés: docencia y excelencia en la pintura de flores

Por su parte, Fernanda Francés y Arribas fue discípula de su padre, el pintor Plácido Francés, y se especializó en pintura de flores y bodegones. Desde 1881 participó con asiduidad en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, donde obtuvo una mención honorífica en 1887, tercera medalla en 1890 por Jarrón de lilas, segunda medalla en 1897 por Bodegón de ostras con pájaros, ambas obras en la colección del Museo del Prado, y una condecoración en 1912.

En 1887 ganó por oposición una plaza de profesora de Pintura de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid y posteriormente la de la Escuela del Hogar, consolidando una destacada trayectoria docente en paralelo a su producción artística.

Su vida en Madrid quedó marcada por distintos domicilios que reflejan su evolución personal y profesional: vivió con su padre y hermanos en la calle de Atocha, 18 (tercero), edificio hoy desaparecido; tras contraer matrimonio residió en Villanueva, 6 (4º); Velázquez, 58; Velázquez, 44; Alcalá, 103 y, durante una larga temporada, en Padilla, 3. En 1915 se trasladó a Emilio Vargas, 17, un chalet en la Ciudad Lineal, donde permaneció hasta el final de su vida.

Jarrón de lilas

Óleo sobre lienzo. Hacia 1890

Sala 63 A del edificio Villanueva. Museo Nacional del Prado

Pintora y docente, Fernanda Francés conoció el éxito y el reconocimiento público en la España de la Restauración. Especializada en pintura de flores y de bodegones, obtuvo una medalla de segunda clase por esta obra en la Exposición Nacional de 1890, apoyada por su claro éxito de crítica. El profundo sentido realista de su plástica atrajo a una amplia clientela privada, que demandó sus obras durante varias décadas.

Pájaros y ostras

Óleo sobre lienzo. Hacia 1915

Museo Nacional del Prado

Sale a la sala 63 A de edificio de Villanueva. Museo Nacional del Prado, el próximo día 11 de marzo.

La artista expuso ya en 1887 representaciones de mariscos y, en 1890, de pájaros.

Los combinó, en 1897, en una obra premiada que perteneció al Museo de Arte Moderno (y que hoy está desaparecida). El tema y el título de este lienzo del Prado son similares si bien su ejecución, más deshecha, y sus medidas, permiten identificarlo con el que presentó a la Exposición Nacional de 1915. Ha sido donado por la Comisión Siglo XIX. Fundación Amigos del Museo del Prado, gracias a María Teresa y Ana María del Campo y Pérez de Camino, en 2025

Con esta iniciativa, el Museo del Prado refuerza su compromiso con la visibilización de las mujeres en la historia del arte y con la revisión crítica de sus colecciones, ofreciendo al público nuevas formas de aproximarse a su patrimonio a través de la memoria de quienes lo hicieron posible.

José Belló Aliaga

Pies de foto

Foto 1:     Puesto de flores. María Luisa de la Riva y Callol de Muñoz . Óleo sobre lienzo . Hacia 1887

Foto 2:     Uvas de España . María Luisa de la Riva y Callol de Muñoz . Óleo sobre Lienzo 1895

Foto 3:     Uvas y granadas . María Luisa de la Riva y Callol de Muñoz . Óleo sobre Lienzo. Hacia 1920

Foto 4:     Flores y frutas. María Luisa de la Riva y Callol de Muñoz . Óleo sobre lienzo

Foto 5:     María Luisa de la Riva Muñoz en su estudio de París. Anónimo . Fotografía. Hacia 1900

Foto 6:     Jarrón de lilas . Fernanda Francés y Arribas . Óleo sobre lienzo . Hacia 1890

Foto 7:     Bodegón de ostras con pájaros. Fernanda Francés y Arribas . Óleo sobre lienzo. Hacia 1897

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