8M Puertollano: Alba Luengo, una joven gestora procesal en el camino a la modernización de la Justicia liderado por mujeres

Alba Luengo Alarcón (Puertollano, 1991) ha enjugado noches de lágrimas frente al temario, luchando contra el sueño bajo el flexo entre dudas y amarguras por el recorrido penitencial, áspero y cruel, hacia la Administración de Justicia. Ahora, con la plaza de gestora procesal conseguida a los 32 años, forma parte del relevo generacional que las mujeres están protagonizando en los juzgados de toda España, siempre en defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Ellas ya conforman, como servidoras públicas, una amplia mayoría frente a los hombres en un ámbito que desafía a los aspirantes con algunos de los procesos selectivos más arduos de la administración pública.

Como gestora procesal en la Oficina de Justica de Cabeza del Buey (Badajoz), Alba forma integra ese engranaje humano de la Administración de Justicia en las zonas más despobladas que suple con vocación de servicio público la falta de recursos y, en muchas ocasiones, tiene que bregar con el desconocimiento de la trascendencia de su labor para acercar la Justicia al ciudadano.

Alba explica que, al estar destinada en una Oficina de Justicia (antiguos Juzgados de Paz), ostenta funciones de secretaria, y como tal su función principal es la gestión técnica de procedimientos judiciales, realizando actos de comunicación con los vecinos, notificando resoluciones judiciales o citaciones para que comparezcan ante otros tribunales.

Otra de sus funciones es auxiliar a órganos judiciales en cumplimiento del principio de cooperación, redactar diligencias y ejercer la fe pública judicial firmando y dando validez a las comparecencias y actos de comunicación. Y todo ello sin olvidar la gestión del Registro Civil, «que es una materia tan compleja como interesante». «En definitiva, nuestro trabajo es acercar la justicia al ciudadano, facilitando el acceso a los recursos e intentando simplificar tramites», recalca.

Alba Luengo Alarcón, gestora procesal de la Administración de Justicia

Aún así, Alba cree que el trabajo que se realiza en el ámbito de la Justicia en municipios pequeños, como es Cabeza del Buey con una población de unos 4.500 habitantes, no es valorado en su justa medida. «Las funciones desempeñadas tradicionalmente por los secretarios (ahora letrados) eran más sencillas, pero con el nuevo modelo de los Juzgados de Paz se ampliaron las competencias, de modo que ahora el ciudadano puede resolver sus problemas o instar solicitudes sin tener que desplazarse a otros tribunales, al margen de otro avance importante: puede comparecer y celebrar juicios y declaraciones por videoconferencia desde su mismo pueblo», explica.

En este contexto es significativo el creciente protagonismo de las mujeres en el funcionamiento de la administración de Justicia. «Indiscutiblemente en los últimos años encontramos una mayoría femenina importante, sobre todo en la carrera judicial», dice Alba, quien recuerda que en su clase de preparación a las oposiciones las mujeres representaban el 90%. «Mi compañera de la Oficina es mujer y en los juzgados y tribunales con los que nos comunicamos a diario también hay una mayoría significativa», destaca.

La presencia de las mujeres cobra un especial significado si se tiene en cuenta el extremo rigor de los procesos de selección. Alba recuerda aún el escabroso camino de su carrera profesional. Licenciada en Derecho por la Universidad de Castilla-La Mancha, ejerció durante seis años la abogacía en un entorno desalentador. «Es una profesión muy difícil en los inicios, tienes que luchar a diario y sin descanso, por no hablar de los ingresos como abogada de oficio, todo un despropósito económico», relata. Eso fue lo que le llevó a plantearse estudiar una oposición, y a afrontar el reto más duro de su vida.

Los años náufragos

«Fue horrible», recuerda entre risas, «la peor época de mi vida con diferencia». «Estudiar día y noche todos los días de la semana, perderte eventos familiares, salidas con amigos, vacaciones, viajes…. sin tener ni un duro». Aquellos cuatro años estuvieron salpicados de momentos de frustración y desaliento, náufraga en una isla desierta que ve pasar los barcos sin que reparen en su presencia. «Lo peor era ver que todos a mi alrededor evolucionaban menos yo, que me veía eternamente estancada…», rememora. Pero no, Alba encontró la salida con constancia, perseverancia… y la compañía del rollo de papel con que enjugaba sus lágrimas. «Fue fundamental el apoyo de mi familia y de los buenos amigos, que me facilitaron el camino en todos los sentidos y siempre confiaron en mi proceso», añade.

Alba tiene ahora otro objetivo, hacer la vida más fácil a los demás desde su compromiso como servidora pública, aunque, como todos sus compañeros y compañeras, también debe hacer frente a nuevos retos. Entre ellos, los planteados por la modernización de las Oficinas de Justicia. «Aún queda camino en cuanto al conocimiento de estos avances, tanto por los ciudadanos como por los demás profesionales de la Justicia», dice Alba, que irradia ilusión con su tarea: pese al déficit de inversión y la falta de medios de la administración de Justicia, ella seguirá trabajando, amparando al ciudadano y defendiendo sus derechos fundamentales.

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