Anselmo Alañón Alcaide.- La amistad no es un lema, es un valor de la vida. Ser amigo de alguien es tener confianza en esa persona, es saber que estar siempre al lado de esa persona con quien tienes plena confianza y afinidad.
Fe ciega en esa persona con quien has compartido desde siempre, a lo largo de años tu tiempo y dicha confianza. A quien has ayudado en momentos de contingencia, y con quien has vivido momentos de necesidad por cualesquiera motivos, y has vivido también aquellos otros momentos en los que la vida sonríe.
Amistad es hoy día lamentablemente un valor de «capa caída» en este mundo desolador y distópico. La amistad: ser amigo de alguien en sentido pleno y bondadoso, fuera de los límites del egoísmo, debería siempre ser algo incorruptible y permanente, no perecedero y condicional.
Amigos para siempre, desde aquella infancia que nos unió en el barrio, en el pueblo natal, en el colegio desde temprana edad, ha de ser a través del paso del tiempo un vínculo duradero, noble y leal con la otra persona, hasta el final de la vida.
Ser amigos enriquece las relaciones humanas, y significa que somos sociables, no individualistas y distantes.











