“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”
PROVERBIO PERSA
Irán siempre ha sido un país enigmático. El actual régimen iraní es una oligarquía dictatorial que en los últimos cuarenta y seis años ha saqueado a su país, ha ejercido el terror sobre su población y ha apoyado el terrorismo de grupos islamistas radicales en varios países de Oriente Medio, además de aliarse con movimientos antisistemas de todo el mundo.
Antes de la República Islámica de Irán hubo un gran imperio, casi desconocido, que finalizó con el derrocamiento del Sah Reza Pahlavi en 1979. Pero hay una superviviente de aquel régimen que fue muy importante en su país. Se trata de la última emperatriz, Farah Diba.
Hablando del imperio persa hay que decir que es una de las civilizaciones más antiguas. Comenzó con el Imperio aqueménida en el siglo VI a.C.; tras la conquista de Alejandro Magno en el siglo IV a.C. su cultura continuó con el imperio seléucida; dominó con el Imperio parto en tiempos de los romanos; y su apogeo llegó con el Imperio sasánida desde el siglo III hasta la invasión árabe en el siglo VII.
Desde su origen y durante este periodo, los persas aportaron innovaciones en muchos campos. Con el Zoroastrismo se inicia la aparición de las religiones monoteístas. Construyeron Persépolis, la gran ciudad de la antigüedad destruida por los griegos. Inventaron el primer edificio refrigerado: el yackchal y el molino de viento. E introdujeron las celebraciones de cumpleaños y los postres.
Ellos inventaron las unidades y regimientos militares. Instauraron el primer servicio postal y el primer hospital. Fueron pioneros en adiestrar perros y caballos. Inventaron el sistema de riego llamado qanat que hoy sigue utilizándose en todo el mundo. Popularizaron la bebida diaria del té o el uso del incienso en sus rituales. E introdujeron el fatalismo en la literatura.
Siguiendo su historia, en el siglo XVI, sustituyen el islam suní por el chií, comenzando la historia moderna del país; en el siglo XVIII el imperio persa alcanza la mayor extensión territorial desde los sasánidas; pero en el siglo XIX, pierde gran parte de su territorio en las guerras con Rusia; en 1906 aprueban una Constitución y constituyen la primera asamblea legislativa que somete a la Monarquía.
Y en 1925 se instaura la Dinastía Pahlavi que durará hasta su derrocamiento en 1979. En 1935 se sustituye oficialmente Persia por Irán, que parece un nombre más acorde con su lengua.
En cuanto a la última emperatriz, Farah Diba, era una chica bien de la sociedad iraní, suficientemente preparada y que contribuyó a la mejora de las condiciones de vida de la sociedad de su país. Su padre era un militar de buena posición lo que le permitió estudiar Arquitectura en París. Y allí, en la embajada iraní, conoció al Sah con quien contrajo matrimonio en 1959.
Se convirtió en su tercera esposa, ya que él estuvo casado con Fawzia de Egipto y Soraya Esfandiary, pero al no proporcionarle un hijo varón, se divorció de las dos. Tras la boda, Farah fue coronada como reina y en 1967 proclamada emperatriz. Tuvo cuatro hijos, dos de ellos varones, lo que garantizaba la sucesión al trono.
Ella participó con su marido en “la reforma blanca”. Con la que se incluyó el voto femenino, la occidentalización de su población, o la expropiación de numerosos latifundios. La política ligada al petróleo favoreció el desarrollo económico y cultural, lo que permitió la modernización del país. Por iniciativa suya se fundó la Universidad Pahlavi para favorecer la formación de las jóvenes.
Visitó los lugares más remotos de su inmenso país, donde tomó contacto con las distintas minorías locales. Pero todos estos cambios no evitaron el enriquecimiento de las élites sociales y políticas a la vez que se empobrecían las clases más populares de las zonas rurales.
La revolución islamista acabó con el régimen provocando el exilio de toda la familia que se asiló, entre otros países, en Marruecos, EE. UU., o México, para acabar en Egipto donde el Sah falleció. Y poco después, tras el magnicidio de Anwar el-Sadat, abandonó El Cairo para establecer su residencia en París.
Pero las desgracias no acabaron con la muerte prematura de su marido. Fallecieron, de muerte voluntaria, sus dos hijos menores. Laila en 2001 y Alí en 2011. Con casi noventa años, ella participa en algunos actos de la realeza internacional y aparece en eventos privados con sus nietas, las hijas del príncipe heredero, Ciro Reza Pahlavi.
Farah Diba ha tenido una curiosa relación con España y por motivos muy diversos. Ella es amiga de la Reina Sofía, —ambas han sido reinas y tienen la misma edad—; se le otorgó la distinción de Dama de la gran cruz de la Orden de Isabel la Católica; y fue una imagen icónica de la “movida madrileña”, cuando Costus pintó el Retrato de la pareja imperial.
El futuro inmediato de este gran país está condicionado por el final de una guerra que la sociedad iraní espera con angustia, pero también esperanzada.












