Eduardo Muñoz Martínez.- La Orquesta Filarmónica de La Mancha, dirigida por Francisco Antonio Moya y el Coro Bel Canto de Coslada, bajo la dirección de Felipe Bel, trajeron anoche al Teatro Municipal Quijano, unos meses antes del próximo aniversario del nacimiento de su autor, 10 de octubre de 1813, la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi, con la asistencia de algunos Concejales de nuestro Ayuntamiento, reflejando el aforo, eso sí, una entrada de poco más de «media asta», utilizando el símil.
Tras un repertorio compuesto por «Requiem aeternam», «Kyrie», «Dies irae», «Tuba mirum», «Mors stupebit», «Liber scriptus», «Quid sum miser», «Rex tremendae», «Recordare», «Ingemisco», «Confutatis», «Lcrymosa», «Domine Jesu Christe», «Hostias», «Sanctus», «Agnus Dei», «Lux aeterna» y «Libera me», nos pudimos «meter» en una monumental Misa de difuntos para Coro, Solistas y Orquesta, conocida por su intensidad casi operística, compuesta en 1874 para honrar al poeta Alessandro Manzoni, la obra tiene momentos de ternura, de fuerza telúrica…, explorando el miedo y la esperanza ante la muerte con un enfoque humano más que estrictamente religioso. Melódicamente hablando, hay que decir que es una de las llamadas » obras cíclicas», porque prácticamente comienza igual que finaliza.
Hay que destacar, sin lugar a duda, el excelente hacer de la orquesta, la perfecta ejecución del Coro y en especial las voces de la soprano Alicia Hervás, de la mezzosoprano Sara Sabag, el tenor Francisco Pardo y el bajo Alfonso Baruque.











