Eduardo Muñoz Martínez.- Desde 1935,- 91 años ya -,se celebra en España, impulsado por la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, cada 1/9 de marzo, o el domingo más proximo, en la festividad de San José, el Día del Seminario, en esta ocasión bajo el lema «Deja tus redes y Sígueme» y casualmente parecen llenas de futuro estas palabras ya que al menos en nuestro Seminario Diocesano de Ciudad Real, parecen atisbarse brotes verdes.
¿Qué es el Seminario Diocesano? Nos encontramos en medio de una sociedad, aunque con la esperanza de que esta realidad cambie para mejor, bastante anticlerical, se nota un cierto rechazo a la influencia, al poder, que la jerarquía eclesiástica, – el clero -, ejerce en los asuntos políticos, sociales, y educativos de un estado. Es más, que defiende la injerencia, – acción y efecto de entrometerse, inmiscuirse o intervenir en asuntos ajenos sin tener competencia o autorización para hacerlo -, de la Iglesia en la vida civil y el ámbito público. Es la misma sociedad que se empeña en no entender, o no querer hacerlo, el sentido de los Seminarios.
Lo explican nuestros seminaristas menores. «Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma hacia Tí», frase sacada de la oración de Laudes. Esto es para ellos el Seminario Menor y así lo presentan a quienes lo escuchan, a quienes lo leen…, por primera vez. Y es que ni son «superminihéroes», – como dicen Jorge y Agustín -, ni pretenden serlo, son jóvenes normales y corrientes, que pueden estar leyendo sus pensamientos ahora mismo, adolescentes que tienen que decidir su camino en la vida, con preguntas, inquietudes, sueños…, como cualquier otro chico de su edad. Os invitamos a conocernos, recalcan, porque saben por experiencia que Dios tiene las respuestas a todas las dudas. Sólo habréis, recuerdan a los jóvenes de su edad, de preguntarle con confianza al dueño de la Mies, abrirle el corazón sin miedo y disfrutar del camino que Él les proponga.
Los seminaristas mayores, por su parte, definen el Seminario como el «corazón de la Diócesis», donde convergen oración, formación, apostolado, apertura al Pueblo de Dios. Se caracterizan los seminaristas mayores por la gran intensidad de actividad que realizan durante el curso: espirituales, formativas, pastorales, culturales, retiros, convivencias, encuentros vocacionales, eventos deportivos, excursiones…, apreciándose siempre una clara apuesta por un carácter misionero abierto, en nuestro caso, a toda la Iglesia de Ciudad Real.
Obviamente, el fin siempre es «Responder al Evangelio de la Vocación». Y es que Jesús, como asegura Juan Serna Cruz, el Rector del centro en el que se preparan nuestros futuros presbíteros, nos explica el concepto cuando escribe: «Al comenzar su Misión, Jesús pasó junto al Lago de Galilea, y llamó a varios jóvenes diciéndoles: «Venid conmigo»; y ellos, que eran pescadores, » dejaron las redes y lo siguieron» (Mc 1, 18). Aquí se contempla que la llamada de Jesús forma parte de la esencia del Evangelio, Jesús es el que llama, el que cuenta con nosotros y despierta nuestra colaboración con su proyecto».
Nuestros seminaristas mayores, nuestros seminaristas menores, sus formadores y acompañantes…, son por quienes debemos orar a partir de frases tales que «queremos ver a Jesús», «el que quiera servirme, que me siga»…, son quienes han decidido, libremente, poner sus vidas en un futuro más o menos próximo, – Dios lo quiera -, al servicio de los demás, los hombres y mujeres y niños y niñas…, de las comunidades que en algún momento les serán encomendadas, sin miedo ninguno, porque están convencidos de que la Cruz de Cristo es respuesta real para este mundo, para este tiempo que vivimos entre temores, de que nuestro Camino es la Verdad, es la Vida, y quieren entregarse de corazón a Cristo, al Padre, poniendo a su disposición sus manos, su voz, su andar, alzando en alto la Cruz derramada de amor. Pidamos a Dios que nos haga entender que «una comunidad cristiana que dejara de plantear a los niños y los jóvenes la pregunta por su propia vocación, habría dejado de presentar la fe como encuentro Real con Jesús».











