A la hora de referirse al pasado en la trama de algunas películas, los directores recurren a veces a la vieja técnica del “flash back” insertando escenas rodadas o montadas en blanco y negro. La mayoría lo hace para diferenciar aquello que ya no existe, pasó y murió, de lo que está vivo y sucediendo en ese instante.
Igualmente hay quienes plasman de esa manera el pasado porque así era la fotografía entonces. Y es que hasta mil novecientos treinta y dos («Flowers and Trees» de Walt Disney, primera cinta proyectada en color) las películas se rodaban en blanco y negro en un tiempo y una sociedad donde las cosas, las personas, la vida transcurría también para la mayoría de la ciudadanía en esa tonalidad.
Ahí estaba la naturaleza diciendo que la realidad era multicolor pero las conciencias severas y miopes no sabían o no querían verla así. Desde las ideas a la indumentaria, todo estaba como sumergido en un líquido existencial de noche y día, de blanco y negro, a menudo mezclado en un triste color grisáceo más nublado que luminoso.
A tenor de lo referido, recuerdo bien esa tarde de verano en la que un amigo de nuestra panda apareció con un “niqui”, que así se llamaba entonces a la prenda que hoy es conocida como polo, amarillo. He de decir que aquello resultó ser una auténtica bomba; para nosotros que esperábamos apoyados en la icónica y ya desaparecida hipotenusa, y para quienes, a esa hora, siete de la tarde, paseaban por la plaza del Pilar. Alguien, después médico, había tenido la osadía de “vestir de otra manera”.
A dios gracias, hoy cada cual se atavía como le da la gana si bien es verdad que desde hace unos años existe en algunos jóvenes una tendencia a la negrura en sus ropajes, no se sabe si por gusto a ese color o por falta de alegría vital aunque en cualquiera de los casos se trata solamente de una opción.
Y es que se antoja toda una conquista de los espíritus jóvenes ver como personas que tienen la vida más que mediada visten hoy con atuendos de variados colores. ¿Se imaginan a nuestros abuelos y abuelas de hace setenta años con ropas rosas, amarillas o estampadas?…Pues bien así podríamos revisar otros muchos aspectos de nuestras vidas en las que los distintos colores se han hecho ya presentes en casi todas nuestras mentes y comportamientos.
Sin embargo, todo lo dicho hasta este punto no pretende sino intentar servir de contexto pedagógico para hacernos una pregunta sobre algo más importante.
¿Qué elementos, ideas o comportamientos que hoy mantenemos como fundamentales e inamovibles no lo serán el día de mañana? Si pudiéramos adelantarnos al futuro realizando un” flash forward” en los usos y costumbres que hoy imperan ¿Qué cosas, situaciones o decisiones de las que hoy aparecen plenas de color se verían desde ese futuro una vez más en blanco y negro? Porque seguro es que muchos de los comportamientos convencionales que hoy imperan quedarán obsoletos sin duda dentro de unos años: pero, y es la pregunta del millón ¿cuáles de ellos? La respuesta solamente se puede adivinar en las novelas y las películas de ciencia ficción, pero no en la realidad, porque profetas ya no hay.
Criticar, censurar y no entender ciertos comportamientos del pasado no nos puede llevar a olvidar que algún día algunos de estos “colores” que hoy tanto nos convencen, nos motivan y nos gustan, en un nuevo “flash back” hacía nosotros, se recordarán también en un vetusto color de blanco y negro.
A la postre, todos somos exponentes del tiempo que nos ha tocado vivir. Pretender burlarse, saltarse o ignorar este axioma existencial se me antoja una brutal e indecorosa estupidez mental.










