Puertollano: Atisbando el futuro en la col de Repsol que cambia de color

Jamás pensó María que en la fábrica de Repsol donde trabaja su madre se reciclara la espuma del colchón en que brinca con su amiga Paula, o que se fabricara gasolina con el aceite de las patatas fritas que le encantan. Juega con la jeringa disparando agua a su amigo Mario, estornuda con las cosquillas del bicarbonato y mira la reacción del jugo de una col lombarda con la clara de huevo. Quién iba pensar que la col fuera un medidor natural de acidez y cambiara de color con la leche, pero esta es la fuerza de la ciencia, un superpoder capaz de transformar el planeta, hacernos volar… o de empoderar a la mujer en la industria.

Se puede comprobar en el Complejo Industrial de Repsol en Puertollano, que celebra hasta el 27 de marzo unas jornadas científicas para más de 530 alumnos y alumnas de sexto de Primaria, y que también atiende a una premisa fundamental: potenciar la vocación científica de las niñas. Dos mujeres jóvenes con batas blancas dan la bienvenida a la chavalería, las alumnas son las más preguntonas y el personal docente que les acompaña es, en su mayoría, mujer. En la gran ciudad melliza de Puertollano que es este inmenso complejo, el 95% de las mujeres tiene formación STEM, es decir, son tituladas superiores en ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas o en alguna de sus especialidades, lo que evidencia el creciente interés de niñas y jóvenes por estudiar estas carreras tecnológicas.

Picar la curiosidad, destapar los secretos del mundo, darse cuenta de lo divertido que es descubrir el mecanismo de la vida y de las cosas como vocación laboral. Esa es la filosofía de estos encuentros, a los que chicos y chicas acuden con caras de asombro y sorpresa, impresionados por el imponente horizonte de la petroquímica, divertidos, alguno un poco temeroso ante el material de laboratorio que jamás ha tocado o esos olores tan raros y tan nuevos de las reacciones químicas de líquidos y potingues.

Los alumnos están conociendo por primera vez el trabajo que se desarrolla en los laboratorios del Complejo Industrial de Repsol, cada vez más orientados a la investigación y el análisis de nuevas materias primas, como el aceite de cocina usado o el aceite de pirólisis que se genera con el procesamiento de materiales plásticos reciclados.

Ángela Villafuerte, monitora de la Casa de la Ciencia, explica que la actividad consiste en una presentación inicial para los pequeños en la que se explica en qué consiste la industria petroquímica y cuáles son los productos que se fabrican apenas a unos cientos de metros de sus casas. «Muchos se quedan completamente sorprendidos cuando se enteran de que son productos que utilizan en su día a día», subraya Ángela. Posteriormente los alumnos participan en los experimentos, que en esta ocasión consisten en medir la acidez utilizando una col lombarda, «un experimento que les impresiona mucho con los cambios de color».

La magia de lo cotidiano

El taller es manipulativo y totalmente práctico. Analizan el ph de las verduras a través de un código de colores, usando material de laboratorio con el que llevan a cabo diferentes pruebas con productos cotidianos, como la clara de huevo diluida o la leche. Siguiendo el hilo conductor de las verduras y cómo se consumen, comprueban qué utilidades puede tener el aceite usado con el que se cocinan estas verduras. Por ejemplo, Repsol reutiliza ese residuo para producir combustibles 100% renovables, una solución real y efectiva para la reducción de emisiones de CO2 en la movilidad.

En Puertollano, dentro de unos meses, será posible producir un biodiésel fabricado con el aceite de cocina usado con el que se rehogan estas verduras. En próximos meses Repsol pondrá en operación la segunda planta de producción de combustible 100% renovable de la compañía, después de la de Cartagena. 

En general, las niñas son las más curiosas. Preguntan y remiran. Fruncen el ceño intentando descifrar las claves de esa magia. Ellas son el objetivo principal de este evento. María de Gracia, técnica de laboratorio de Repsol, explica que su trabajo durante estos días consiste en que chicos y chicas «vean todo lo que hacen las mujeres en Repsol», con el fin de motivar a todos para que persigan sus metas y, por supuesto, «incentivar la vocación científica entre las niñas, que tienen que darse cuenta de que es posible llegar hasta donde ellas quieran», incluso en un entorno tan masculinizado hasta hace apenas tres lustros como es la industria.

Eso ya está pasando en el centro industrial de Repsol en Puertollano, donde más de la mitad del personal especializado que está siendo contratado en los últimos años son mujeres, y el 95% de ellas tiene formación STEM. Para niños y niñas puede ser divertido como vocación, pero para la persona adulta se traduce en trabajo de calidad y oportunidades de progresión profesional.

Por su parte, los centros educativos acuden a las jornadas científicas de Repsol con el hormigueo de la aventura y la novedad. El personal docente se siente privilegiado por contar con un recurso tan espectacular como uno de los complejos petroquímicos más imponentes de España, muy abierto a la vida social, cultural y educativa de Puertollano.

Para los coles, Repsol es una oportunidad única y una potente herramienta educativa. Graci Ramos, profe del CEIP Mireia Belmonte de Puertollano, considera que estas jornadas vienen muy bien como «complemento formativo», ya que en su centro se trabaja la metodología STEM, y uno de sus principales objetivos es «fomentar las vocaciones científicas y ofrecer, al mismo tiempo, una experiencia inmejorable para trabajar la ciencia».

Acaba la jornada y los pequeños se marchan impresionados y divertidos. Mañana les tocará el turno a otros centros educativos, y muchas niñas quizá recuerden de mayores, vestidas con bata blanca y asomadas a la ventana de su laboratorio, aquella vez que aprendieron que se podía volar con el aceite de un huevo frito y atisbaron su futuro en aquella col de Repsol que cambiaba de color.

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