La sirena de las almas

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor
bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.
PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

Nuestro sueño tiene un significado diferente según lo tratemos como una pura necesidad biológica —es decir, como el tiempo necesario para el descanso diario del ser humano—; lo utilicemos como algo espiritual —en su conexión con el alma o como exploración en el subconsciente colectivo—; o como algo simbólico o metafórico, es decir, como una necesidad de entender qué mensajes transmiten de nuestro subconsciente determinadas imágenes o escenas que aparecen en ellos.

En ocasiones los sueños se confunden con los deseos —que son impulsos concretos de cada persona—, mientras que los sueños pueden proyectar nuestras fantasías. Pero Freud acaba mezclándolo todo al sugerir que los sueños son la realización disfrazada de deseos reprimidos, pensamientos y motivaciones ocultas. Para este psicoanalista destacan los deseos sexuales reprimidos que aparecen en los sueños. Según él, afloran ese deseo inconsciente y lo desahogan sin angustiar al sujeto.

Pero más allá del psicoanálisis freudiano, los sueños han provocado situaciones de angustia que han sorprendido a quienes, con cierta regularidad, mantienen el recuerdo de lo que han soñado después de su descanso. Cuando era niño —quizás con seis o siete años—, recuerdo estar apesadumbrado por un sueño que se repitió muchas noches durante meses —quizás durante algunas semanas, aunque a mí me parecieron eternas—. Soñaba que caía al vacío en un viaje que parecía no tener fin.

La interpretación de ese sueño se asocia a la ansiedad y a los cambios familiares o escolares. Aunque yo no recuerdo vivir esas situaciones, sí que lo he asociado a algo que me impactó en ese tiempo. Entonces, a través de mi abuela, tomé conciencia de la condición mortal del ser humano. Los expertos de hoy dirían que no supe gestionar la situación. Pero eso me agobiaba ya que aquella pesadilla parecía infinita; al final me despertaba agitado antes de caer a no se sabe dónde ni con qué consecuencias.

Pero hablemos de los sueños como ilusión y como motor vital que estimula a los sujetos a los que conseguirlos les proporciona satisfacción pese al esfuerzo que requieren. Aunque hay quienes mantienen sus sueños más deseados —muchas veces casi inalcanzables—, durante toda su vida. Porque el abandono de esos deseos para ellos no es una opción y según decía Miguel de Cervantes, “El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos”.

Sin embargo, con estos deseos, a veces íntimos y secretos, y en otras ocasiones fraternales y conocidos, debemos ser contenidos y prudentes. Porque como decía Gustave Flaubert: “Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos”. Estos sueños nos pueden arrastrar a un mundo que a veces se aleja de la realidad, incluso de las personas a las que se quiere o nos quieren. Y la adicción a este deseo nos puede llevar a alienarnos.

Hay muchas personas que, cuando se jubilan, quieren alcanzar unos sueños que no pudieron conseguir cuando estaban en activo. Viajar, leer, hacer deporte o entretenerse con una actividad física son algunos ejemplos. Aunque hay quien busca ocuparse en ciertas actividades que requieren mayor dedicación e intensidad, como pintar, realizar determinados estudios, investigar sobre un tema específico que siempre les ha apasionado, o escribir un libro para lo que siempre les faltó tiempo.

En ocasiones ese sueño, ese anhelo, es conseguir el difícil estado de felicidad que la mayoría de las personas buscan a lo largo de su vida. A veces se logra viviendo junto a la persona elegida con la que se espera llenar de alegría su vida y que la enriquezca con sus experiencias, con sus bondades o con su atractiva personalidad. En este caso, como dice Fiodor Dostoievski: “Y además, ¡qué voy a soñar cuando no en sueños, sino despierto, he sido tan feliz a su lado!”. Aunque se dan otras situaciones.

Para algunos su sueño es encontrar a la primera o a una nueva pareja. Y lo hacen con empeño, sobre todo, utilizando medios tradicionales en la búsqueda de esa compañía estable. Porque ellos suelen ser alérgicos al uso de las nuevas tecnologías.

 Hace unos días leí un artículo en el que un separado hablaba con amigos sobre lo difícil que le era volver al mercado. Él lo intentaba, sin éxito, con mujeres solteras. Una amiga le hizo una atrevida e irreverente sugerencia: claro, con las mujeres solteras es complicado, porque ellas han creado un modelo ideal de pareja contra el que es muy difícil competir. Mira a ver con una mujer casada. Con ella será más fácil, solo competirás contra el marido que seguramente ya habrá mostrado sus carencias.

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