“La naturaleza no es un lujo, sino una necesidad del espíritu humano, tan vital como el agua o
el buen pan”.
EDWARD ABBEY
(Escritor y ambientalista norteamericano)
Estos días hemos realizado una visita a una joya excepcional de la naturaleza de nuestra región: el conocido Parque Nacional de Cabañeros. Este paraje está ubicado en la cordillera de los Montes de Toledo, entre las provincias de Toledo y Ciudad Real. Por él discurren los ríos Bullaque, Pusa y Estena.
Su nombre se debe a las cabañas que utilizaban los carboneros, los pastores y los campesinos en la antigüedad. Allí obtenían carbón vegetal, se dedicaban a la apicultura o a la extracción de corcho, además de a la agricultura básica y al pastoreo de subsistencia.
Hoy es uno de los dieciséis parques nacionales que tenemos en España. En este selecto grupo goza del máximo nivel de protección de los ecosistemas más representativos de nuestro país, junto a Doñana, los Picos de Europa, Sierra Nevada, las Tablas de Daimiel, la Caldera de Taburiente o el Teide.
Después de las generosas lluvias de los últimos meses, era el momento de visitar el pantano de la Torre de Abraham —el de mayor capacidad de la provincia de Ciudad Real—, que estaba totalmente lleno y rebosaba a través de sus aliviaderos, aumentando copiosamente el caudal del río Bullaque.
Estas tierras pertenecieron a la ciudad de Toledo desde el siglo XIII hasta el siglo XIX, cuando, al aplicarse la ley de Desamortización de Madoz, pasan a manos privadas. El buen estado de conservación en el que se encontraban era debido a las estrictas normas de uso que habían tenido durante esos siglos.
Esta finca pasaría de ser de titularidad comunal —que beneficiaba a toda la población de la comarca— a manos de particulares terratenientes que residían en Madrid. Sus nuevos propietarios la utilizarán como reserva forestal o cinegética de caza mayor y para una limitada producción agropecuaria.
En 1955 la finca de la Raña de Santiago —que es la gran llanura del parque— se declara «finca manifiestamente mejorable». En el año 1982 comenzó a tener interés para el ejército, que la quería convertir en un campo de tiro, por lo que se produjeron protestas de los movimientos ecologistas y de los lugareños.
La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha la declaró parque natural en 1988, lo que no gustó a los ecologistas. El entonces presidente de la Junta, el señor Bono, se dirigió a ellos muy ufano reprochándoles que se quejaran por esta declaración, a lo que ellos le respondieron que esa era una calificación menor.
Aquella queja llevaba implícita la petición de que a este parque se le calificara con el máximo nivel de protección que existía para ellos en la legislación vigente española. Y cuando nuestros políticos se convencieron de que eso era lo mejor —casi ocho años después—, en 1995, se declaró parque nacional.
En 1988 el problema se desplazó a Anchuras, un enclave de Ciudad Real dentro de la provincia de Toledo. La presión popular y el hecho de que todas las administraciones afectadas estuvieran gobernadas por el mismo partido permitieron que el Ministerio de Defensa desistiera de instalar allí un campo de tiro.
El parque actual tiene una superficie de 40.000 hectáreas y un área de influencia de 182.000. Está ubicado en Alcoba de los Montes, Horcajo de los Montes, Navas de Estena y Retuerta del Bullaque —en Ciudad Real—, y Los Navalucillos y Hontanar —en Toledo—. Todos ellos pertenecen a esta comarca natural.
En todo el parque hay un microclima que genera su orografía, su vegetación y sus ríos. En Navas de Estena, la pluviometría anual es de 750 mm, mientras que en otros municipios próximos solo llegan a los 450. Su altitud oscila entre los 600 y los 1500 metros que tiene la cumbre del Rocigalgo.
Hay que destacar su abundante flora y su fauna, ya que allí proliferan la encina, el alcornoque, el quejigo, el rebollo, el castaño o el roble. Pero también hay numerosas plantas vinculadas al ecosistema ripario —vegetación de ribera, de ríos y humedales—, como el fresno, el sauce, el taray o el álamo blanco.
En cuanto a su fauna, destaca la presencia de ciervos, corzos, jabalíes, liebres o linces. Aves rapaces como las águilas (real, imperial, culebrera, calzada o pescadora), buitres negros y leonados, gavilanes, cernícalos, azores o el imponente búho real. Y la cigüeña, la calandria, el ruiseñor, la garza o la grulla.
Así como animales de agua como la nutria y algunos pequeños peces como el jarabugo. Entre los animales más sorprendentes destaca el alcaudón real. Esta ave tiene unas cualidades especiales: imita el canto de otros pájaros para poder cazarlos, y sus presas son insectos y pequeños mamíferos.
Este animal posee un pico propio de un ave rapaz; lo cazado lo almacena hincado en espinos, y este almacén lo utiliza para atraer a las hembras que, si lo ven suficientemente abundante, se aparean con él al ver resuelta su necesidad de comida.
Además de en la temporada de la berrea, el Parque de Cabañeros merece una visita en estos días de primavera.









