Diego Murillo.- La singularidad y la unión del Campo de Calatrava no es un eslogan ni un recurso turístico: es su mayor fortaleza. La Ruta de la Pasión, lejos de ser un simple evento, se ha consolidado como un encuentro profundo entre pueblos que, durante siglos, han sabido compartir algo más que tradiciones. Han compartido fe, memoria e identidad.
Ese es, precisamente, el rasgo diferencial de la comarca: su capacidad para construir comunidad. Lo extraordinario no reside únicamente en la riqueza patrimonial de cada municipio, sino en la conciencia colectiva de pertenecer a un proyecto común. Una forma de entender el territorio que ha permitido que esta manifestación cultural y religiosa perviva en el tiempo sin perder su esencia.
Hace apenas unas semanas, la comarca celebraba 25 años como asociación para el desarrollo. Más que una efeméride, fue la constatación de un camino recorrido de manera conjunta, con una voluntad sostenida y discreta, pero firme. Esa unidad —forjada con esfuerzo, diálogo y también con dificultades— es hoy uno de sus principales patrimonios.
No ha sido un proceso exento de tensiones y zancadillas. Como en cualquier comunidad viva, ha habido debates, dudas y momentos complejos. Sin embargo, la capacidad de anteponer el interés común ha permitido consolidar una estructura sólida, capaz de proyectar una identidad compartida hacia el exterior sin renunciar a sus raíces.
En ese recorrido han sido clave las personas que han sabido liderar y dar forma a ese relato común. Un relato que no solo busca el reconocimiento interno, sino también la proyección exterior de una comarca que aspira a situarse como referente cultural y turístico sin perder su autenticidad.
En un contexto marcado por la fragmentación, las guerras y el ruido, el Campo de Calatrava afronta un reto evidente: preservar ese espacio de hermandad frente a la tentación de las divisiones locales o los personalismos. Mantener la cohesión no es solo una cuestión de estrategia, sino de responsabilidad de los responsables no solo políticos.
Porque lo que se ha construido en el Campo de Calatrava va más allá de la tradición. Es un modelo. Un ejemplo de cómo la cooperación entre municipios puede generar identidad, arraigo y proyección. Y eso es, insisto, gracias a una fe compartida. Es el elemento diferencial de esta comarca. Aunque muchos de sus participantes y protagonistas no sean conscientes de esa fe ni siquiera participen en las liturgias del resto del año, el legado trasmitido durante siglos pesa y deja poso en las generaciones sucesivas. Por eso, en este entramado histórico, el papel de cofradías, hermandades, armaos, nazarenos y penitentes resulta esencial. Son ellos quienes, con su dedicación, mantienen viva una herencia que se transmite de abuelos a nietos, de padres a hijos. Cada túnica, cada coraza, cada gesto en las calles no es solo representación: es memoria viva.
Incluso elementos simbólicos como los “barateros” de las Caras de Calzada de Calatrava, que este año ya son reconocidas como Bien de Interés Inmaterial, evocan una dimensión más profunda, recordando que la tradición también encierra valores universales como la justicia, el equilibrio y el sentido comunitario.
El futuro traerá, previsiblemente, mayor reconocimiento e interés turístico. El esperado sello internacional. Pero ese crecimiento no debería alterar el rumbo. La clave está en no perder de vista lo esencial: el origen y el sentido de lo que se celebra, la fe. Porque en el Campo de Calatrava la Pasión no es un espectáculo. Es una experiencia compartida. Y, sobre todo, una forma de vivir juntos esa fe y, sobre todo, un camino común.
Diego Murillo Herrera,natural de Pozuelo de Calatrava, es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la
Universidade Católica Portuguesa. Es también Master de Relaciones Internaciones y Comunicación (UCM). Es director del diario La Tribuna de Ciudad Real desde agosto de 2014. Estuvo en la Agencia de Efe y fue subdelegado de ABC Castilla-La Mancha. Fue director de Comunicación de CR Aeropuertos. Ha sido nombrado embajador de la Ruta de la Pasión Calatrava 2026.







