Curso de doctorado (4). Abril

 Retomando piezas del  texto Brevedad, del 29 enero 2016.

El pasado que vuelve y se va.

Como si toda escritura fuera un proceso abierto que no termina nunca, porque su comienzo es siempre sucesivo, es siempre pospuesto.

Ni se agota. Ni se repite, aunque lo haga o lo parezca.

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Por qué será, lo dicho sobre ‘Lo bueno, si breve, ¿dos veces bueno’?

¿Es bueno ser breve? o ¿es buena la brevedad?

¿Lo corto es ya un valor? Y ¿cuál será su valía?

¿Es mala la duración? ¿es mala la largueza y la longitud?

¡Qué difícil es saber quedarse en la justa distancia!

Por ello, lo de saber medir las distancias. Como en el toreo.

Se deseaba, ante un intervención quirúrgica, como un deseo positivo: «Una hora breve«.

Cuando todas las horas duran lo mismo.

Como si el sólo deseo pudiera modificar la percepción del paso del tiempo.

Incluso una muerte breve, sin sufrimientos, era tenida como buena cosa.

 Frente a otros desesperos de la duración que no acaban ni terminan.

Según cómo. Hay brevedades positivas y otras larguezas letales.

Lo breve bueno. Esa sería la máxima del movimiento artístico (¿…?) del Minimalismo.

Apoyado en otra aforismo bauhasiano de Ludwig Mies Van der Rohe. «Les is more«.

‘Menos es más’. Que se lo digan a los pobres y a los necesitados.

No sólo, por tanto, la brevedad senequiana de la vida.

También la afirmación aforística de Hipócrates. ‘Ars longa vita brevis’.

Dura la creación, se extingue la vida. Incluso la de los Santos y la de los Afligidos.

De Hipócrates a Seneca o el ‘Elogio de la brevedad’.

Después de eso, todo ha sido repetición.

Y brevedad repetida.

Como hiciera Clemente Greenberg, al afirmar que “Todos los artistas tienen un periodo de vigencia más bien breve”.

Tal vez, todos los artistas precisen ser breves.

Como los buenos políticos recordados.

Precisen ser breves, los primeros, para tener un resplandor duradero.

Y un respeto adquirido, los segundos. Que no es la medida de tiempo breve.

Ese periodo de vigencia y de duración breve, eran los llamados «Diez minutos de éxito» a los que cada uno de nosotros tenía derecho a la fama, en palabras de otro gurú de la brevedad, como fuera Andy Warhol.

No hay mayor brevedad que él éxito.

Toda vez que, desde sus orígenes, el éxito aparece guarnecido por los brazos del olvido.

Machado realiza dos punzadas al tiempo breve en ‘Campos de Castilla’. Al Mañana efímero y  al Pasado efímero.

Del primero dirá: “El vano ayer engendrará un mañana/ vacío y ¡por ventura! Pasajero”.

Y del segundo: “Este hombre no es de ayer ni es de mañana, 
sino de nunc
a”.

¿De qué sitio o de qué patria son estos hombres breves que nos dirigen largamente? O eso tratan de reflejar con su gobierno enrocado y prolongado.

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