Intranquilidad

«Cuando reflexiono sobre todas estas preocupaciones, recuerdo la historia del hombre viejo que antes de morir dijo que, a lo largo de su vida, se había preocupado por muchas cosas, de las cuales la mayoría nunca pasó.»
WINSTON CHURCHILL

La Semana Santa es un tiempo de merecido descanso para muchos —sea en playas, en casas rurales, en la socorrida casa del pueblo de procedencia o en el domicilio de la residencia habitual—, o acudiendo con contenida emoción a los actos religiosos —bien como cofrades o haciéndolo en los encuentros de las numerosas procesiones que se han prodigado en todo el país—. Pero este año ha habido expectativas informativas poco habituales que han ocupado, o por lo menos preocupado, a muchos españoles.

La actualidad ha marcado una agenda casi apocalíptica a la que no nos podíamos sustraer. Me refiero al desenlace del plazo otorgado para poner fin a una guerra que nunca debió comenzar. Además de la continuación de la acción militar en Oriente Medio y de las consecuencias de todo tipo que esta acción ha producido en el conjunto de la economía mundial, ha habido un rescate espectacular —el de un piloto cuyo avión de combate fue abatido por Irán— para el que no se han escatimado ni esfuerzos ni medios.

Al final un acuerdo in extremis y un mínimo sentido común de los contendientes en liza parecen haber impuesto cierta cordura con una demora condicionada de las hostilidades, de los bloqueos y de una escalada bélica muy peligrosa que a ninguno convenía. Esperemos que en las próximas dos semanas haya un acuerdo de mínimos y que se evite la continuidad de una guerra que puede generar una larga crisis mundial en lo económico, en el frágil status quo geopolítico actual o en el de los derechos humanos.

Todo esto ha provocado que la sociedad, con mayor o menor intensidad, se haya sentido intranquila por el futuro inmediato, pero, sobre todo, por el devenir que a medio o largo plazo puede afectar a las condiciones de vida de la población española.

Por otra parte, algunos de nuestros políticos han permanecido en capilla pendientes de algunos procesos judiciales penales que se iban a sustanciar en juicio oral y que estaban ya agendados para estos días festivos o en los inmediatamente posteriores a ellos. 

Pero no todo ha sido agobiante para los españoles en estos días, ya que han tenido momentos de hilaridad lo que les ha permitido rebajar la tensión. Y el ejemplo más importante ha sido el exitoso estreno de Torrente, presidente. Santiago Segura ha crecido desde el primer estreno de esta saga en 1998, pasando de lo más casposo a proponer un manual de buenas prácticas habituales en nuestra clase política. Y al final la realidad parece ser la caricatura del personaje de esta película y no al revés, como pretendía ser.

La similitud de situaciones entre la actuación de muchos de nuestros políticos en activo y la disparatada propuesta de Santiago Segura en la última entrega de su saga genera una sensación contradictoria en la población. Porque al final parece como si los ciudadanos eligieran las ocurrencias de esta película antes que la nada respetable actuación de muchos representantes públicos que parecen llegar al poder solo para pastar del presupuesto, como decía Benito Pérez Galdós a principios del siglo XX. 

La sensación de vulnerabilidad de la población española cuando la pandemia del COVID-19 arrasaba con todo contrasta con los tejemanejes de quienes nos gobernaban entonces, que actuaban por espurios intereses y sin escrúpulos, como se está demostrando en el juicio oral del “caso mascarillas” que se está sustanciando en el Tribunal Supremo. Las necesidades de una devastada población que necesitaba de una mínima protección eran solo la excusa para poder enriquecerse y para llevar una vida disoluta.

Aunque también ha sido objeto de expectación en todo el mundo la misión Artemis II, que estos días realiza un vuelo sin alunizaje, pero en el que, entre otros experimentos, se ha explorado la cara oculta de la Luna, una misión que no ha generado gran preocupación en la opinión pública internacional. Sin embargo, las expectativas que hay sobre la posibilidad de establecer una base permanente en nuestro satélite han generado interés porque sirve de trampolín para poder llegar a Marte con tripulación.

El mundo actual parece requerir unas seguridades para la población que no son fáciles de conseguir o de garantizar, teniendo en cuenta el permanente estado de convulsión en el que vivimos, sobre todo en el ámbito internacional, cuyos referentes de control, de organización y los legales de los derechos de la persona están cambiando y, en muchas ocasiones, están desapareciendo y tienden a generar inseguridad con la desaparición del corpus jurídico de protección de derechos que teníamos desde 1945.

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