La popular exposición permanente ‘Almodóvar del Campo en miniatura’ cuenta con un nuevo atractivo que desde la Feria de Marzo está volviendo a hacer que viajen en el tiempo sus visitantes, por cuanto su creador, Rodrigo Lara, ha incorporado a la muestra un elaborado diorama dedicado a la tradicional matanza del cerdo.
Una costumbre que, tal y como recuerda el propio autor, “tradicionalmente se ha hecho toda la vida en nuestro pueblo”, pero de la que hoy quedan muy pocos vestigios en los hogares debido a las actuales normativas administrativas y sanitarias y, en general, ante la evolución de usos y costumbres que han quedado ya en el pasado.
Fiel a su estilo, Lara no ha escatimado en detalles para reproducir con todo lujo de detalles lo que era toda una jornada festiva y de ardua labor que reunía a las familias y a los vecinos más allegados desde primera hora de la mañana y durante varios días, pues la maqueta documenta el proceso completo de una tradición propia del último tramo del año.
Así, se plasma ya el momento en el que el animal era sacado de la choza con el gancho, detalla cómo, tras el sacrificio, se procedía al pelado del animal en la artesa utilizando agua caliente, calentada en un perol sobre la lumbre como así también consta, y raspando con paletas.
La recreación continúa mostrando la fase en la que el cerdo se colgaba en una escalera de madera para abrirlo, vaciarlo y extraer sus entrañas y, a partir de ahí, la maqueta ilustra el despiece utilizando tradicionales piquetas para, fundamentalmente, trocear la carne que luego pasaba a otras fases no menos artesanales.
Cabe referir que la maqueta, además de ser todo un catálogo de enseres que Rodrigo ha vuelto a recrear a mano, con madera y materiales reciclados, es también homenaje a la gastronomía de aquellas otras épocas, como las parrillas puestas en una lumbre que tiene un muy conseguido efecto de fuego real, para asar el primer “somarro” de la mañana.
También se refleja el momento de la cata del “bodrio” en una ‘sartenilla’ y para comprobar su punto de sal antes de embutir, así como todos los ingredientes necesarios para hacer chorizos, morcillas o salchichones gordos, tales como calabaza, patatas, condimentos y especias, y la cebolla, esta última metida en un saco con un peso encima para escurrirla, tal y como mandaban las sanas recetas de antaño que no requerían de aditivos.
El ambiente festivo y costumbrista de las frías mañanas de matanza está también magistralmente captado. Se aprecian detalles como la botella de anís o aguardiente para los traguillos mañaneros, así como un porrón, rosquillos y uvas en una mesa para tomar el tentempié matinal antes de comenzar la faena.
La maqueta cuenta con más de una docena de personajes, cuyas figuras sí han supuesto el mayor desembolso económico para Rodrigo y su familia, que además tienen el mérito de su personalización con atuendos típicos y clásicos monos azules de trabajo, confeccionados a mano gracias en particular a la implicación de su mujer e hijas.
Personajes, masculinos y femeninos, que cumplen sus respectivas funciones en la matanza del cerdo, de forma que si unos matan y despiezan, otras amasan, preparan las tripas, guisan o atan los embutidos para luego colgarlos a secar en las cuerdas de un techo forrado con zarzos y gavillas.
Pero si hay un elemento del que Lara se siente especialmente orgulloso, por el “tormento” que le ha supuesto, es la máquina de picar carne. Y es que el artesano ha logrado mecanizarla utilizando un pequeño motor en la parte inferior, en tanto que el cuerpo de la picadora lo fabricó reciclando la carcasa cilíndrica de una pistola de silicona rota.
Para dotarla de realismo absoluto, le instaló correas, una manivela y tuvo que modificar y cortar el brazo de la muñeca que la acciona para que el movimiento de picar la carne sea totalmente fluido y real. “Ésa es la que tiene la gracia de todas”, asegura el autor de la muestra que se pudo volver a disfrutar esta pasada Semana Santa.
La nueva incorporación, que el maquetista empezó a esbozar el pasado octubre, luego dedicándole varios meses “a ratos perdidos”, está salpicada de microdetalles que invitan a observarla con detenimiento. En el perímetro del patio se puede observar un gallinero con aves y sus huevos, una cabra, y un cerdo pequeño reservado “para el año que viene”.
Colgados en las paredes hay ristras de ajos y pimientos secos, asaduras, un candil o una palmatoria para iluminar, e incluso un pequeño almanaque tradicional de cocina abierto por el mes de marzo de este 2026. Y en el suelo, junto a cántaros de agua y jarras de limonada, Rodrigo ha colocado hasta un felpudo de esparto, recordando la estricta obligación de limpiarse los zapatos antes de entrar, “no fregar mucho luego”, añade.
Con esta nueva incorporación, de fabricación íntegramente casera en lo que a estructuras y herramientas se refiere, Rodrigo Lara vuelve a demostrar su destreza y su compromiso con la preservación de la memoria etnográfica y rural de Almodóvar del Campo a través de su exposición permanente.
Sigue ubicada en el edificio de titularidad del Ayuntamiento que fue otrora legado de Francisco Laso, en al calle Corredera, donde cada vez que abre sus puertas recibe, junto al resto de su familia, las cariñosas enhorabuenas que hacen justicia a tamaño montaje.








Con todo mi respeto hacia este señor, pero AFORTUNADAMENTE, ya no se hacen esas matanzas horribles, degollando al animal, el cuál daba unos chillidos, que nunca se olvida. No es algo a conservar, sino todo lo contrario.