Contra el traslado de ‘El Guernica’

Dentro de la polémica desatada sobre el traslado solicitado por el gobierno vasco –coalición del PNV y del PSE-EE–, del cuadro de Pablo Picasso  El Guernica, en un préstamo temporal de nueve meses, y sin ser un guernicólogo, me ha llamado la atención la omisión reiterada en todos los protagonistas y participantes –desde el lendakari Pradales, al presidente de gobierno Sánchez; desde el ministro de Cultura de España, Ernest Urtasun, a la consejera vasca y vicelendakari de Cultura, Ibone Bengoetxea; o la experta picassiana y guerniquiana Genoveva Tussell– en el duelo blanco y rojo de unos antecedentes omitidos y devastados que, a mi juicio, zanjan toda posible polémica. Y la sitúan en su sitio perfecto: el vacío.

Préstamo del Museo Reina Sofía al Guggenheim de Bilbao, para conmemorar –así me lo imagino, el 90 aniversario el 26 de abril de 1937–el bombardeo de la villa guipuzcoana de Guernica/Guernika, por parte de la aviación alemana, Luftwafe, en plena guerra civil española– aunque no se haya dicho nada todavía al respecto. Me refiero al no citado libelo –así llamado por el propio autor Antonio Saura– Contra el Guernica, de 1981. Donde el también pintor, introducía unas valiosas reflexiones –críticas y precisas sobre el sanedrín cultural y las posiciones políticas en el campo de la cultura– sobre la llegada a Madrid, desde el MOMA neoyorquino, de una pieza pictórica cargada de simbología e interpretaciones. Cargada de avatares y emblemas. Y esa es la primera salida del libelo de Saura –con edición de Turner–, que luego ampliaría en 1992, con la otra pieza Réquiem para el Guernica, con motivo del nuevo traslado: ahora del Casón del Buen Retiro al Museo Reina Sofía.

Con posterioridad a todo ello, en 1997, Saura publica, en el diario El País, el texto  Para salvar el Guernica. Publicado en París y que da cuenta de la posición del pintor Saura, contra la pretensión del gobierno vasco de celebrar la inauguración del museo privado Gugenheim de Bilbao, con la pieza picassiana, depositada ya entonces en el repetido Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofñia. Y que dejaba claras las posiciones museográficas, historiográficas, críticas y políticas, contra un nuevo traslado desde la perspectiva del deterioro experimentado por la tela –pese a algunas referencias de El Guernica como mural, no deja de ser un enorme lienzo montado sobre una estructura de bastidores de madera– en sus múltiples viajes y presentaciones desde su primera exhibición en Paris en la exposición del 1937, dentro del pabellón de la República española. En 2009 –la primera edición en francés es de 2008–, en una edición conjunta de la Fundación Archives Antonio Saura, Museo Nacional  Centro de Arte Reina Sofía y librería La central, se publica un nuevo libro con todas las aportaciones citadas de Antonio Saura en los tres textos anteriores. Con una tirada corta de 5.000 ejemplares –lo que avala, tal vez justifica, el desconocimiento de esos textos por los actores concernidos en la polémica– y papel Munken Lynx, con letra Berthold Azkidenz Grotesk. A los que se incorpora  un prefacio de Félix de Azúa – Razones del odio, sinrazones del amor– y una nota del editor, Olivier Weber Caflisch que completa el excelente volumen.

Esas, entre otras más, razones viajeras saturadas ya en 2026, son algunas de los argumentos y razones esgrimidos por Genoveva Tussel, en su entrevista del El País del 12 de abril. Por más que Ibone Bengoetxea, en su carta del mismo día El viaje posible, incida en otros traslados comparativos –como el medieval Tapiz de Bayeux–, para fijar su posición y la del gobierno al que pertenece. “El ejemplo del tapiz de Bayeux demuestra que la protección y el movimiento no son términos incompatibles. Es cierto que lo técnico, establece límites, pero lo político decide si se exploran o no las condiciones para superarlos…La pregunta en el fondo no es si El Guernica puede viajar. La pregunta es si existe la voluntad y la determinación política para hacerlo posible”.

La pregunta, no solo es la referida posibilidad del viaje, por la vicelendakari Ibone Bengoetxea, sino la pertinencia de repetir lo preguntado en 2026 y solventado en 1997. Salvo que El Guernica vuelva a ser un tema absolutamente político, por encima de otras consideraciones. Como ha hecho, recientemente Pradales, comparando el traslado de El Guernica a Bilbao, con el traslado de los restos de Franco del Valle de los Caídos (Cuelgamuros). Otro viaje imposible.

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