La poeta colombiana Lidia Corcione Crescini, Premio Internacional de Poesía “Alejandra Pizarnik” 2026, por su libro Amanuense de la luz restante (En defensa del amor) y el conjunto de su obra

Por José Belló Aliaga

El Premio Internacional de Poesía “Alejandra Pizarnik” lo promueve el Grupo Editorial Sial Pigmalión, coincidiendo con el vigésimo octavo aniversario de la fundación del grupo, para premiar a autoras que hayan destacado como poetas.

Un jurado prestigioso propondrá cada año a autoras de todo el mundo que se hayan distinguido por la originalidad de sus creaciones y otorgará este galardón, que reivindica la figura de la poeta, ensayista y traductora argentina, que formó parte del boom latinoamericano, cuyos trabajos y poesía son un valioso legado para la literatura Iberoamericana.

Convocatoria de 2026

En la convocatoria de 2026, un jurado internacional formado por Luisa Ballesteros (Francia), Justo Bolekia Boleká (Guinea Ecuatorial), Cecilia C. Lee (Estados Unidos), María Antonia García de León (España), Francisco Gutiérrez Carbajo (España), José Luis Marín Aranda (España), José María Paz Gago (España), Basilio Rodríguez Cañada (España), Beatriz Saavedra Gastélum (México), Asma Souissi (Túnez), Carlos Vásquez-Zawadzki (Colombia) y Bella Clara Ventura (Colombia), concede por unanimidad este galardón a la poeta colombiana D.ª Lidia Corcione Crescini, por su libro Amanuense de la luz restante (En defensa del amor) y el conjunto de su obra.

El libro se presentará en las principales ferias del libro del mundo hispano.

Madrid, 13 de abril de 2026

Basilio Rodríguez Cañada

Presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión

Lidia Corcione Crescini

Lidia Corcione Crescini. Cartagenera, colombo-italiana, defensora de la palabra para tejerla, entretejerla y decantarla, inició su camino literario en la infancia, prestando su voz a amores ajenos a través de la escritura epistolar. Esa temprana labor de amanuense moldeó una sensibilidad capaz de escuchar el latido de las piedras y la vibración de lo invisible.

Su obra, que comprende dos poemarios, un libro de relatos y una serie de cuentos infantiles, es un acto de guerra contra la indiferencia del ruido. Para ella, escribir es un proceso de redención donde la palabra —convertida en pan y astilla— busca siempre nombrar la verdad del cuerpo y el incendio sublime de la existencia.

Amanuense de la luz restante (En defensa del amor)

Escribir en defensa del amor no es un ejercicio de nostalgia; es un acto de estremecimiento contra la indiferencia del ruido. Este libro nace del sentimiento mismo de un amanuense que ha decidido ser el camino en el alfabeto de vivencias que finalmente, es lo que somos.

Aquí, la palabra no es adorno, es simplemente la palabra, pan, canto, enmienda para hallarnos el rostro que habíamos olvidado. Quien abra estas páginas debe saber que no entra en un jardín, sino en una oscilación sagrada.

El amanuense ondea entre el grito y el silencio, entre la ceniza y el trigo, buscando en la fricción del papel la única verdad que nos queda, que estamos vivos porque nos atrevemos a nombrar.

Escribo estas líneas no para explicar mis poemas, sino para invitarte a habitarlos. Lo que tienes en tus manos, Amanuense de la luz que resta, nació de una urgencia del infortunado, la de rescatar lo sagrado en medio del ruido que nos asedia. He asumido el oficio de amanuense porque entiendo que la poesía no es una invención del ego, sino una transcripción paciente de aquello que sobrevive cuando las grandes luces del mundo se apagan.

A lo largo de estos poemas, he intentado registrar esa claridad crepuscular que nos queda —la luz que resta— tras el paso del dolor, del tiempo y de la pérdida. No es una luz que encandila, sino una que revela la verdadera textura de nuestra fragilidad. He querido que cada verso sea una pausa noble, un espacio donde el silencio deje de ser vacío para convertirse en la lengua materna de nuestro origen.

Mi intención ha sido clara desde el primer latido, proponer una defensa radical del amor. Pero no entiendo el amor como un refugio de cristal, sino como un serpenteo de la claridad. Lo defiendo como se defiende la última frontera, con la terquedad de quien sabe que amar es la única insurgencia que el miedo no comprende. En estas páginas, el amor es el único templo que el tiempo no agrieta, el único espacio capaz de sostenernos frente al abismo.

Escribir este libro ha sido, para mí, un proceso de despojo. Me he deshecho de las armaduras y de las palabras que no ardían para quedarme solo con lo esencial, una herida de luz abierta. Te entrego este oficio de orfebre con la esperanza de que, al cerrar el libro, descubras que la oscuridad no es un final, sino el reverso de la claridad que ya te habita por dentro.

Si es posible, olvida que estas palabras son mías. Hazlas tu propia trinchera. He guardado el resto de luz que nos tocaba; ahora te entrego el testigo, la llama y el asombro. Que, en el recuento de los daños, este libro sea tu prueba de que el Amor siempre es nuestra más alta forma de victoria.

LIDIA CORCIONE

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img