«No hay más alianzas que las que trazan los intereses, ni las habrá jamás.»
ANTONIO CÁNOVAS DEL CASTILLO
(Político español)
Cuando en los años noventa se hablaba de un acuerdo tácito entre José María Aznar —presidente y candidato del Partido Popular— y Julio Anguita —líder de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España—, se entendía que había una motivación común: desalojar a Felipe González de la presidencia del Gobierno, en la que llevaba más de trece años, porque estaba acorralado por la corrupción, porque parecía estar agotado y por carecer de un programa que impulsara las mejoras que demandaban los españoles.

La famosa pinza de ambos líderes contra Felipe González —junto al atentado fallido de 1995 de ETA contra el líder popular— le permitió a José María Aznar alcanzar el Gobierno muy poco tiempo después. Por otra parte, Julio Anguita fue reconocido como uno de los líderes más honrados y brillantes que había en la política española de aquellos años, aunque no tuviera los votos que por su prestigio le pudieran corresponder. Tal vez los suyos creyeron que la política de alianzas contra natura no favorecía a los intereses de su partido.
Aunque no es tan habitual, en política a veces aparecen extraños compañeros de viaje en función de intereses comunes o por determinadas circunstancias que favorecen los objetivos de ambas partes. Por eso lo ocurrido en los años noventa —tal como se ha contado— ni fue la primera ni sería la última vez en la que líderes de muy distinto perfil político o ideológico se conciertan por la concurrencia de intereses o por una finalidad concreta que a ambos favorece, sea personalmente o a las formaciones que representan.
En ocasiones esos acuerdos no se hacen públicos y se mantienen en secreto. Aunque estos pactos o los actos inicialmente desconocidos siempre acaban aflorando y siendo conocidos por la opinión pública. Entre los acuerdos del actual Gobierno nacional, se tiene la sospecha, que en la práctica parece estar corroborándose, de que el pacto de investidura y de gobierno con Bildu incluyó el traspaso de competencias de prisiones al País Vasco. La idea era concederles el tercer grado o excarcelar a todos los presos de la banda terrorista ETA.
El pasado jueves se ha visto uno de los casos más llamativos de este tipo de concurrencia de intereses entre fuerzas políticas públicamente antagónicas en un municipio de Cataluña. El ayuntamiento de Ripoll aprobó los presupuestos del año 2026 con los votos de ediles del PSC. Aunque a la alcaldesa de esta ciudad, Sílvia Orriols —también líder de la separatista Aliança Catalana—, la ataca el presidente de la Generalidad, el señor Illa, cuando presenta propuestas en el Parlamento regional que las considera ultraderechistas o xenófobas.
Pablo Iglesias, cuando hablaba sobre la emisión de sus programas en HispanTV —canal vinculado a estructuras empresariales de Irán— y de acordarlo con ese medio, dijo: «A los iraníes les interesa que se difunda en América Latina y España un mensaje de izquierdas para desestabilizar a sus adversarios.¿Lo aprovechamos o no lo aprovechamos?», se preguntaba retóricamente y se respondía a sí mismo: «Para mí, quien haga política tiene que asumir cabalgar contradicciones, y nosotros estamos dispuestos a cabalgarlas».
Las diferencias ideológicas del régimen de los ayatolás —oligarquía autocrática de inspiración religiosa radical, como lo llama el experto en Oriente Medio Gustavo de Arístegui— y del grupo de Podemos —que es un movimiento de inspiración neocomunista— hacen que sus acuerdos resulten aparentemente incompatibles. Aunque en ambos casos tienen un interés común: el de que se perpetúen las dictaduras de Irán, la de Venezuela o la de Cuba en las que, entre otras vulneraciones o restricciones, se conculcan los derechos humanos.
En ocasiones la relación entre oponentes hace, literalmente, extraños compañeros de cama. Como le ocurrió a la que fuera presidenta del Congreso de los Diputados por el PSC-PSOE, Meritxell Batet, que contrajo matrimonio, aunque después se separó de él, con el diputado del PP José María Lassalle, con quien tiene dos hijas; o a la carismática líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, que se casó con un político separatista de Convergencia Democrática, Xavier Cima, del que se separaría años más tarde después de tener dos hijos con él.
Hablando de parejas extrañas, podemos recordar una que fue apasionada y clandestina: la de Carme Chacón, política del PSC-PSOE, que mantuvo una relación con el miembro de Mecano José María Cano. En 2006, cuando ella mantenía una relación con el periodista Miguel Barroso, conoció al cantante. Según su biógrafa, Joana Bonet, su relación duró varios meses. El cantante así lo reconoció y dijo que ella le insistió en que quería ir a la India y él la llevó: «Estuvimos unos diez días en los centros de la Madre Teresa, ayudando y trabajando».
Pero esta es otra historia.





