– Maese Pintado – refirió El Viejo a su acompañante. Dicen muchos de los miembros de nuestra mermada comunidad que la recaudación de fondos no está haciendo justicia a los más desfavorecidos y sí a los que gozan de mejor posición.
– Maese Falcón, con todos mis respetos, creo que debería fijarse más en la casa propia antes de hacer juicios sobre casas ajenas. Por si no soy meridianamente claro, me refiero a su Fernán, el díscolo muchacho que siempre ha traído a esta comunidad por la calle de la amargura y cuya sangre corre por sus venas. No se trata de quejarse y aceptar las lamentaciones de los demás. Debemos recuperar el terreno perdido, pues, sin ánimo de ofender, quien si no los más representativos miembros de nuestra comunidad podrán poner freno a los desmanes de los cristianos viejos y lo que aún estará por venir.
– Entiendo, maese Pintado, prosigamos con el recuento, que ya le digo yo, que no creo que nos salgan demasiado bien los números.
– Tendrán que salir, pues tarde o temprano las carencias repercutirán en otras cuestiones y si tiene alguna queja de algún miembro de la comunidad, hágamelo saber sin rodeos, maese Falcón.
– Podría decirse que sí, concretamente don Sancho ha mejorado notablemente su situación después de recuperar parte de lo perdido cuando los monarcas derrotaron al bando del arzobispo y nos quedamos sin protección.
– ¿Acaso piensa usted que Sancho de Ciudad y su familia no han hecho ya sacrificios suficientes por esta comunidad? No hablemos tampoco de las circunstancias que acontecieron en la ciudad de Toledo para que se vieran obligados a trasladarse a nuestra ciudad. Bien sabéis que parte de su familia pereció por aquel entonces y la amenaza que se cernía sobre ellos les obligó a tomar tan meditada decisión. Además, lo que dice usted de recuperar su posición no es del todo cierto, pues salvo parte de su patrimonio, al cargo de regidor – el que asignaron a un tal Gaytán – él mismo me expresó su idea de abandonarlo – a pesar de ser recuperado por el privilegio otorgado por los mismísimos Monarcas – pues estaba hastiado de luchar contra tanto fanático cristiano tanto fuera como dentro del concejo, ya que quería regresar a su judaísmo en el mejor de los sentidos. ¿O acaso no recordáis usted que cuando ya alcanzó la edad adulta llegó a solicitar que fuera circuncidado por aquel mohel de Cáceres, quien con más de uno cumplido repetido parecer?
– Cierto es, don Juan, la importancia que ha alcanzado y merece un arrendador y regidor tan ilustre como don Sancho, pero, aun así, los miembros menos favorecidos de nuestra comunidad me han hecho llegar algunas quejas, y no hablo ya de mi hijo del que poco puedo hacer pues llegando a la edad adulta ya no sé cómo atarlo en cintura ni que refrene sus impulsos para poner en peligro a nuestra comunidad por sus propios intereses.
A pesar de las diferencias existentes entre los miembros de la comunidad conversa de Ciudad Real, que los conversos tuviesen la oportunidad de recaudar fondos para restablecer parte de los daños causados a su comunidad en los acontecimientos que se sucedieron antes del año de 1477, era una oportunidad en la que tanto Juan González Pintado como Juan Falcón “El Viejo” no tenían ninguna duda: debían aprovechar aquella ocasión pues a la Reina le habían llegado quejas de ciertos mercaderes sobre el buen o mal hacer en los repartimientos de la recaudación por parte de los dos máximos responsables de la comisión de recaudación, Pintado y Falcón, a pesar de que también participaban en la misma los procuradores de la ciudad, como era el caso del nombrado para la ocasión que tenía por nombre Lope González. El proceso, no sin cuestionamientos ni divergencias, se prolongaría durante varios meses.
MANUEL CABEZAS VELASCO








