Pedro J. Cordero rescata en ‘El Pequeño Cernícalo’ la conexión olvidada entre infancia y naturaleza

La evolución de la relación entre el ser humano y el medio natural fue ayer tarde eje de la presentación de la novela ‘El Pequeño Cernícalo’, de Pedro J. Cordero, celebrada en el Centro Cultural de Almodóvar del Campo, con la presentación de la edil de Cultura, Virginia López, y la introducción de Isabel Fernández, amiga casual del autor.

A través de la ficción narrativa, este médico y doctor en Biología, que disfruta y defiende la naturaleza y su biodiversidad muy en primera persona, presenta cómo en la España de los años sesenta, retratada a través de la mirada de Pablito, se interactuaba con distintas especies de la avifauna urbana, de una manera muy distinta a lo que sucede hoy en día.

Cordero sitúa su novela, editada por la editorial Círculo Rojo, sobre tres pilares, como son “una infancia distinta a la de hoy en día, una ciudad en plena transformación [como era Cáceres capital, donde se ambienta], y una relación con los animales muy diferente de lo que hoy ocurre”.

El cacereño afincado en la localidad ciudadrealeña de Poblete, describe a lo largo de las más de 260 páginas de la obra, una época donde la autonomía infantil permitía una relación total en la naturaleza en calles y espacios urbanos. “No había pantallas ni juguetes y los niños aprendían a equivocarse y a arreglárselas por sí mismos”, apuntaba.

En un contexto tan diferente a este primer cuarto del siglo XXI, “los niños iban por la ciudad con los cernícalos en los hombros, y los turistas se paraban a hacerles fotos. Era una forma de estar en la vida hoy casi extinguida”, subrayó sobre una realidad hoy perdida que, más o menos, tenía parecidas analogías en el Almodóvar del Campo de la época.

Como entonces, ambas poblaciones tienen un lazo muy común en la figura de los cernícalos primilla, y tanto en Cáceres como en la población almodovareña, está vigente una figura de protección para estas aves, las ZEPA urbanas que, en el caso del municipio manchego alcanza también a la pedanía de Tirteafuera, tal y como dijo Virginia López.

Y fue precisamente la observación y labor fotográfica que Pedro J. Cordero estaba haciendo en torno a estos pájaros que habitan estacionalmente la torre de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, donde se originó, sin todavía ser conscientes de ello, la posibilidad de la presentación de ayer tarde, ya que casualmente el autor e Isabel Fernández se conocieron en este emplazamiento.

“Me lo encontré apoyado en la pared con un enorme objetivo fotográfico. Le pregunté si se veía bien la torre y me respondió: ‘Sí, se ve muy bien, pero yo no estoy fotografiando la torre, estoy fotografiando a los cernícalos’”, desveló la mentora del autor, quien a partir de ese momento inició una relación de aprendizaje sobre la especie en cuestión.

El autor enfatizó que la novela no es un ensayo, sino una reconstrucción desde los ojos de un menor, puesto que su protagonista, “no es un niño especial; es un niño común que observa, se equivoca, imita y aprende. Entiende observando”.

Entre el público se encontraban el naturalista Ángel Arredondo Cordero y Yolanda de Gregorio, de la firma Descubre Alcudia, que propicia experiencias relacionadas con la ornitología en particular y el turismo de naturaleza en general y quienes, un año más, junto a otros colaboradores como el propio Ayuntamiento, han organizado para el próximo sábado 25 de abril la III Fiesta del Cernícalo Primilla en Almodóvar y Tirteafuera.

Esta presencia permitió luego un coloquio activo en torno a cómo el paso del tiempo ha transformado la gestión de territorios, lamentando la “cultura del campo limpio”, tal y como dijo quien también ha sido profesor de la Escuela de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Ciudad Real.

Una práctica de cultivos actual que, en definitiva, elimina la vegetación natural necesaria para el sustento de los insectos y, en consecuencia, de las aves. “Se gasta el dinero a lo tonto porque se sigue el consejo de técnicos que lo único que pretenden es vender productos químicos. Es un ciclo absurdo impulsado por intereses comerciales”, sentenció.

Durante el debate, se abordó la paradoja de cómo la sociedad percibe actualmente los sonidos de la naturaleza, como el canto de un autillo, como un “ruido molesto” frente al que produce, y se acepta, del tráfico rodado y se abogó por la recuperación de la avifauna como pura necesidad de salud pública, como herramienta natural ante plagas.

Por eso, para Cordero, escribir ‘El Pequeño Cernícalo’ ha sido una forma de conservar una forma de mirar el mundo que “estamos perdiendo sin darnos cuenta” y reconoce que la novela, al estar escrita de forma directa y sin retóricas, permite múltiples lecturas. “Lo puedes mirar como un alegato, como una vida costumbrista, como algo de naturaleza, o lo puedes considerar como simplemente una novela de crecimiento”.

El autor hizo también un llamamiento a recuperar la capacidad de observación paciente. “Escribí el libro para conservar una forma de mirar el mundo que estamos perdiendo sin darnos cuenta. Y la idea era que, si al leerlo alguien recupera un poco esa mirada, ya me daría por satisfecho”.

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