Eduardo Muñoz Martínez.- «Un amigo nunca se va, vive por siempre en nuestros corazones». Esta frase, asociada asociada a la canción de Alberto Cortez, «Cuando un amigo se va», amigos Manolo y Eva, me parece una de las mejores formas, si no la mejor, de definir a un amigo que fallece, y es que realmente «un amigo nunca se va, vive por siempre en nuestros corazones».
Gaspar Julián Martín Martín, Juli para los amigos, nació en nuestra capital en 1962, – cuatro años después que el firmante -, en 1983, a los pocos meses de que le rompieran una silla en la cabeza, en aquellas fiestas del Barrio de Santiago, donde ambos vivíamos, comienza sus estudios en el Seminario Diocesano, siendo ordenado sacerdote por el entonces Obispo de la Diócesis, Rafael Torija de la Fuente, en 1990, ocupándose hasta 1999, como «párroco in solidum» de El Robledo, Porzuna, Alcoba de los Montes, Anchuras de los Montes, El Trincheto, El Torno, Pueblonuevo del Bullaque, Arroba de los Montes, los Ballesteros, los Quiles…, creo que no me dejó ninguno, y si lo hago es problema de memoria; pasando después a ser Vicario Parroquial de La Solana, – Parroquia de Santa Catalina -, y hasta 2002 Administrador Parroquial de Pozo de La Serna y de Alhambra, siendo nombrado en 2006 Párroco de Herencia.
Allá en los primeros años setenta, cuando mi familia nos trasladamos a la capital, desde Miguelturra, mi pueblo, conocí a Julián. Si me estás viendo desde algún lugar, Juli, estarás diciendo: «Edu, no cuentes muchas batallitas», pero déjame, al menos, que cuente algunas que me vienen ahora a la memoria: los años que estuvimos como responsables de Catequesis; o del tema de Reyes Magos para los
niños y niñas de las familias que atendía Caritas Parroquial; las fiestas del barrio, por Santiago, con el Grupo de A. T. L., de Caritas Diocesana (Animadores en Tiempo Libre), – todo esto antes de tu ordenación -, y después nos invitabas a hacer fiestas de animación para los niños y niñas de la zona de los montes, a vivir y animar alguna Semana Santa en Pueblonuevo, a aquel primer viaje a El Robledo, cuando todavía no andabas muy suelto con el coche de tu padre…, ¿te acuerdas?
!Cuántos recuerdos!
!Cuántas historias!
!Cuántos buenos ratos vividos!… Lo dicho, «Un amigo no se va, vive por siempre en nuestros corazones». Descansa en paz, Juli.





