La fiscalidad como palanca del emprendimiento tecnológico

Juan José Rubio Guerrero. Catedrático de Hacienda Pública, UCLM.– La fiscalidad constituye una de las principales herramientas de política económica para impulsar el desarrollo de la actividad emprendedora, especialmente en sectores de alto valor añadido como el tecnológico. Así lo subraya la Comisión Europea, que ha identificado hasta siete ámbitos en los que el sistema tributario influye de manera directa en las decisiones de los emprendedores.

En primer lugar, la decisión de convertirse en emprendedor está condicionada por el marco fiscal. El trabajo por cuenta propia implica mayores niveles de riesgo que el empleo asalariado, por lo que el tratamiento impositivo resulta determinante, especialmente en el caso de las pequeñas y medianas empresas y de las denominadas startups tecnológicas. En este sentido, instrumentos como el régimen de estimación objetiva en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o los regímenes de franquicia en el IVA permiten reducir la carga fiscal y administrativa en las fases iniciales de actividad. Asimismo, una elevada progresividad en el impuesto sobre la renta puede desincentivar la iniciativa emprendedora, particularmente entre contribuyentes con mayores niveles de ingresos.

En el ámbito del Impuesto sobre Sociedades, mecanismos como la compensación de bases imponibles negativas —regulada en el artículo 26 de la Ley 27/2014— resultan esenciales para la supervivencia de los proyectos en sus primeros años de vida, al permitir amortiguar los resultados negativos iniciales.

En segundo lugar, la fiscalidad influye en la elección de la forma jurídica de la empresa. Diversos estudios en el ámbito europeo han demostrado que una reducción de los tipos del impuesto sobre sociedades favorece la constitución de sociedades mercantiles, desplazando actividad desde la tributación individual hacia estructuras societarias.

El tercer ámbito se refiere a las decisiones de inversión inicial. El desarrollo de proyectos innovadores requiere importantes esfuerzos de capital en fases previas a la puesta en marcha. En este contexto, los incentivos fiscales a la inversión en I+D, así como determinados mecanismos contables como las provisiones por depreciación, pueden resultar decisivos para la viabilidad del proyecto empresarial.

En cuarto lugar, la estructura fiscal condiciona la elección entre financiación interna y externa. En muchos países europeos, los tipos reducidos en el impuesto sobre sociedades para pymes tratan de compensar las dificultades de acceso a financiación externa. En este sentido, las empresas emergentes recurren principalmente a beneficios retenidos, por lo que la tributación de las plusvalías adquiere una relevancia mayor que la de los dividendos.

El quinto factor es la localización de las actividades empresariales. La globalización y el avance tecnológico han facilitado la deslocalización de actividades productivas, especialmente por parte de grandes empresas multinacionales. Las políticas fiscales —como las exenciones temporales o el tratamiento favorable de la propiedad intelectual— influyen en la decisión de ubicación. En el caso de las nuevas empresas innovadoras, la fiscalidad también desempeña un papel relevante en su fase de expansión.

En sexto lugar, la presión fiscal incide en la propensión al cumplimiento tributario o, en su defecto, a la participación en la economía informal. Según estimaciones recientes, la economía sumergida representaba en torno al 17% del PIB en la Unión Europea. No obstante, el emprendimiento innovador presenta una menor tendencia a operar en la informalidad, dada su necesidad de acceso a financiación y su dependencia de estructuras formales de mercado.

En conclusión, la política fiscal desempeña un papel clave en el fomento del emprendimiento. Su capacidad de influencia se articula en tres grandes dimensiones: la corrección de fallos de mercado mediante el gasto público, la creación de incentivos fiscales que favorezcan la innovación y la mejora del empleo a través de políticas expansivas que incrementen la demanda agregada. En conjunto, estos elementos configuran un entorno más favorable para el desarrollo de nuevas iniciativas empresariales, especialmente en el ámbito tecnológico.

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