El martes 28, a las 19 horas en el Espacio Fisac de la sede de la demarcación de Ciudad Real, del Colegio de Arquitectos podremos asistir a la muestra Goteras, de dibujos de Andrés Rabago, El Roto en su faceta de articulista gráfico del diario El País. Donde se han recopilado, por su parte y por la mía, cuarenta viñetas publicadas en los últimos tres años en el periódico de la calle Miguel Yuste, que dan cuenta de la extrema severidad del problema habitacional que no ha dejado de crecer en los últimos años, desde el reventón de 2008 y la crisis financiera e inmobiliaria consiguientes. Baste recordar que el pasado 4 de enero, en las páginas de Economía y Trabajo, del referido periódico madrileño se desarrollaba el monotema tan actual, La Crisis de la vivienda. De aquellos polvos elementales, podríamos decir, tenemos los lodos actuales, con cuyo barro primario y del que procedemos, a veces Andrés Rábago, bosqueja un paraguas habitacional o un cajón compartido para reflejar el quebranto de las casas y de los hogares.


Surgió esta exposición desde la observación particularizada de diferentes viñetas de Andrés Rábago, El Roto, que merecían ser retenidas y valoradas. Producidas a lo largo de varios años y que tienen como fondo reflexivo, justamente, el problema de la Vivienda y sus matrices diversas, ya sociales, ya políticas, ya económicas ya arquitectónicas. Yo le había sugerido a Andrés una propuesta de título y orden más académico –Mundo ciudad y vivienda, que prácticamente coincidía con el nombre de la exposición de la arquitecta Denise Scott Brown en Bilbao, Ciudad, calle, casa– y el optó y prefirió el más emblemático de Goteras, para cobijar sus viñetas de tema inmobiliario.
Pero las Goteras, que nos propone El Roto no dejan de narrar un desperfecto considerable del tejado o un deterioro de la cubrición de un edificio. Incluso, una casa mojada y de dudosa habitabilidad. Aunque también señalan las referidas Goteras un malestar ciudadano y político –a la manera de El malestar de la cultura de Sigmund Freud–, toda vez que las Goteras, ineludible e inevitablemente, señalan un techo con problemas, pero un techo perforado, a fin de cuentas. Techo perforado unas veces, y techo ausente otras.


Como explicita con agudeza El Roto, en alguna de las imágenes disponibles en la muestra: así, un paraguas abierto como Proyecto neoliberal de Vivienda social, el pasado 20 de enero; también con la leyenda sarcástica Ante la constante subida de los precios la población se refugió en los tejados, el 10 de noviembre de 2025. Imágenes todas ellas las mostradas, que componen un discurso ineludible e inevitable actualidad, sin tener vocación de totalidad o de relato unitario. Las 40 viñetas de El Roto, presentes en la muestra y publicadas en los tres últimos años, componen otro punto de vista no menos peculiar e interesante para estudiar el referido problema de la vivienda. Problema de la vivienda que se ha visto acelerado en los últimos días por distintas razones y circunstancias. Baste recordar que una semana antes, el 22 de abril, se publicaba en el BOE, el Real Decreto 326 de 2026, por el que se regula el Plan Estatal de la Vivienda 2026-2030, que quiere comprometer unos recursos de 7.000 millones de euros entre las diferentes administraciones competentes; y unos días antes, el día 16, la ministra de vivienda Isabel Rodríguez, participaba en el acto de Pozuelo de Calatrava, con organización del diario La Tribuna, en el encuentro Habitar el mundo rural. Vivienda y futuro, con sendas mesas redondas que trataron de arrojar alguna luz titubeante, en tan tenebroso panorama que no deja de crecer. Como reflejaba, por demás, el artículo de Sandra López Letón –especialista en temas inmobiliarios de El País–, del 4 de enero de 2026, La pesadilla de la vivienda se enquista, todo ello bajo el encarte llamativo de La crisis de la vivienda. Una vez más.
Punto de vista de Andrés Ràbago y resolución gráfica de El Roto que nos harán reflexionar sobre algunas cuestiones elementales y muy actuales. En la medida en que ese espacio diario del periódico adquiere, a veces, carácter de un editorial gráfico, como se ha dicho en ocasiones. Lo demás será la ubicación gráfica de El Roto en el campo del realismo crítico: desde Goya hasta Heartfield, desde el grafismo mexicano de la revolución a Oto Dix o George Grosz, desde la española Estampa Popular a él mismo personificado en tercera persona. Sin olvidar las prolongaciones que nos proponen otros ilustradores, desde Riki Rubio a Ricardo Duda.
El carácter de emergencia nacional que arrastra la vivienda –su acceso y derecho para todos los ciudadanos, y el incumplimiento del mandato constitucional en el artículo 47, frente a su presencia rampante como activo financiero– puede rastrearse en cualquier hemeroteca –los editoriales de El País, así lo reflejan en los último meses: Pisos para vivir no para especular, el 6 de noviembre de 2025; Alquiler: emergencia nacional, el 21 de diciembre de 2025; y Por un verdadero plan de vivienda, el 17 de enero de 2026– o en cualquier biblioteca –así Jaime Palomera, El secuestro de la vivienda, de 2025; y Llucia Ramis, Un metro cuadrado, de 2026–. Sin olvidar la transformación de diciembre pasado de la empresa pública de suelo SEPES en la nueva Empresa Estatal de Vivienda, con ánimo de abrir un tiempo nuevo. Un conglomerado, el descrito, de difícil gestión en el seno de un problema que no cesa.
O si se quiere del llamado problema irresoluble de la Vivienda. Un problema que se ha complicado de manera perversa desde la crisis inmobiliaria de 2008 y sus derivadas posteriores: ya SAREB, ya rescate bancario, ya hundimiento de las llamadas VPO (Viviendas de Protección Oficial). Problema de la Vivienda, de la Habitación, de la Casa o del Alojamiento que tiene, a juicio de Xavier Vidal Folch, una naturaleza dual, según comentaba el pasado 21 de febrero. Dinero a espuertas, lo llamaba de forma excesiva el periodista, y no sé si también dual o doble. Por la contraposición del dinero como activo financiero con el utensilio constructivo llamado espuerta, utilizado en algunos oficios constructivos. Y donde hacía ver que esa naturaleza dual –como tantas cosas en la tradición cultural occidental que nos ha venido conformando– de la vivienda se articulaba entre “el derecho constitucional” –que ya saben ustedes que consagra, sólo consagra, aunque no ejecuta, el artículo 47 de la vigente Constitución de 1978; derecho también doble a la propiedad y al techo– y “su aspecto como mercancía” –activo financiero, lo proclaman otros–. Por ello, proseguía Vidal Folch “se mueve entre dos polos muy polarizados: ultraintervencionista (el tenedor atacado por rentista) y ultraliberal (el okupa, como antisistema)”.
En esas coordenadas de dualidades en torno a la Vivienda –Vidal Folch, sólo aportaba la dimensión político-constitucional y la económico-productiva. Cuando bien cierto es que existe un reguero de posibilidades exploratorias del asunto Vivienda. Que van desde el estrictamente sociológico –desde Engels a Lefebvre–; al poético –la Poética del espacio de Bachelard–; al histórico –de Josep Rykwert y La casa de adán en el paraíso, a Rybczynski en La casa historia de una idea–; y hasta los derivados de toda la tratadística –Vitrubio, Los diez libros de la Arquitectura; Palladio, Los cuatro libros de la Arquitectura; Jacques François Blondel o Jean Louis Durand–. Por no hablar del cambio de tono que experimentan las últimas aproximaciones ya citadas de Jaime Palomera y Llucia Ramis.









