Vecinos de Ciudad Real vuelven a protestar ante la tragedia humana «insoportable» que está ocurriendo en Oriente Medio

En la tarde del viernes y bajo la lluvia, casi un centenar de personas de concentraron en la céntrica plaza del Pilar. El cambio de la ubicación habitual en la plaza Mayor, fue debido a estar en ella instalada la Feria del Libro. Como siempre es importante el contexto: los vaivenes a que nos tiene acostumbrados por desgracia Donald Trump en su afán imperialista y con la excusa de querer la democracia para los países que invade, nos llevan a un estado de tensión y violencia constantes.

Oriente Medio arde mientras el mundo observa sin poder hacer nada ante el Armagedon del siglo XXI. Lo que está ocurriendo en Gaza, Líbano e Irán no es solo una crisis geopolítica: es una tragedia humana insoportable, llena de vidas rotas, familias enterradas bajo los escombros y generaciones enteras marcadas por el miedo y la pérdida de sus seres queridos.

En Gaza, la muerte se ha vuelto cotidiana. Decenas de miles de civiles han sido asesinados, muchos de ellos niños. Hospitales destruidos, barrios enteros borrados del mapa, hambre y desesperación como forma de vida. Cada cifra es un nombre, una historia truncada, un futuro que ya no será.

En Líbano, la violencia se expande y arrastra consigo a miles de personas que lo pierden todo de un día para otro. En Irán, la escalada y la amenaza constante siembran incertidumbre y temor entre la población civil, que vuelve a ser rehén de decisiones políticas y militares.
El dolor tiene responsables. La actuación militar de Israel, con un impacto devastador sobre la población civil, ha sido duramente cuestionada por organismos internacionales. El respaldo firme de Estados Unidos —político, militar y económico— ha contribuido a sostener esta realidad de destrucción, alimentando una espiral de violencia que no deja de crecer.

Numerosos expertos y organizaciones de derechos humanos advierten de hechos que constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario y crímenes de guerra. Pero más allá de los términos jurídicos, lo que vemos es sufrimiento humano a una escala que no admite justificaciones.

No se puede normalizar la muerte de civiles. No se puede aceptar que niños mueran bajo las bombas como si fuera inevitable. No se puede mirar hacia otro lado.

Exigimos un alto el fuego inmediato. Exigimos el fin de la violencia. Exigimos que la vida humana deje de ser el precio de intereses políticos y estratégicos.

El silencio también mata. Y la historia juzgará a quienes, pudiendo actuar, eligieron no hacerlo.

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