Para las últimas

Estela Alarcón.- Para las que abandonan el desayuno a medias para que nadie se quede sin él. Para las que se dejan la piel cada día, para las que batallan con niños pequeños o adolescentes, para las que cuidan de mayores y muchas veces no tienen quien las cuide o les pregunte. 

Para las que, estando enfermas, convalecientes o atravesando momentos difíciles siguen tirando de todos los carros. Para las que siempre tienen una palabra de consuelo que cura el alma, aunque la suya esté rota en pedazos. Para las que escuchan sin juzgar. Para las que abrazan sin pedirlo. Para las que no ingieren bocado porque si lo hacen no les llega para el de sus hijos. Para ellas está próximo su “gran día”, ése que nos recuerda que madre no hay más que una y que hay que poner en valor su intenso sacrificio diario y su entrega incondicional, alejada de cualquier tipo de interés.

Y yo, a veces, me pregunto con esa poca y extraña ingenuidad que aún conservo de la infancia como un preciado tesoro y que no desearía perder nunca, porqué ese reconocimiento no puede celebrarse cada día. Y, al punto, mi mente comienza a vislumbrar marquesinas publicitarias, distintas cada jornada, pero con un claro mensaje: Acuérdate de mamá HOY también. Porque hoy también hará el mismo sacrificio, será la última en comer y la primera en levantarse, recogerá ropas, juguetes y todo aquello que sólo ella parece ver desordenado, estirará una vez más ese salario que llega exhausto a los últimos días de cada mes como si de una goma se tratase, velará por el descanso de los demás, aunque lidie con su insomnio persistente, ojeras, sofocos o migrañas y tendrá un abrazo preparado por si se necesita, o una tirita, o un plato de espaguetis.

Porque el título de madre lo renovamos cada día, como un acto de amor con mayúsculas. Y ese acto es, muchas veces, incomprendido, no valorado, no tenido en cuenta. Porque se da por sentado, como una ley no escrita, como una obligación.

Y entonces, cuando llega ese bonito domingo, las redes se llenan de elogios, se produce una exaltación de las madres sin precedentes y su figura se ensalza de forma continua. Pero, ¿y al día siguiente? Pues como diría el maestro Sabina “vuelve la guerra fría”, la carrera contra una misma y contra el reloj, el cuidado de todo y de todos, la obligación entendida como costumbre, esa eterna rueda que gira y parece no tener fin.

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