Curso de doctorado (5). Mayo

Incluyendo notas de la pieza Feo, feísmo, feísta, del 8 de abril de 2018. Ahora que hace un año de la fallida presentación del libro Castilla-La Mancha fea. Un paseo por su arquitectura en democracia, en Toledo el 28 de abril de 2025, fruto del 0 eléctrico.

Un 0 eléctrico que, más allá del Gran Apagón, revela la conexión entre el servicio público y el negocio.

Por ello, la razón comercial y sus enunciados varios, a veces, parecen tener dos almas y un solo corazón.

Si ello –esa dualidad anímica– fuera posible.

No dos almas gemelas, sino dos almas antitéticas.

Alma buena, alma mala.

Alma bella y alma horrible.

Y un solo corazón. Corazón comercial de madera.

Lengua de madera y corazón de madera.

La expresión langue du bois –literalmente “lengua de madera”– se usa en Francia para describir un modo de hablar pomposo, impreciso o engañoso, que evita decir las cosas de forma clara.

Se asocia sobre todo al lenguaje político, cuando se intenta maquillar la realidad, desviar la atención o no asumir responsabilidades.

Como en el 0 eléctrico del 28 de abril de 2025.

xxx

La bondad y la belleza fueron, en otros momentos históricos, razones de peso para la promoción de una marca comercial o de un producto, y su posterior ventura y venta.

Se vendía lo bueno, se promocionaba la belleza y se perseguía la calidad.

Ahora ya sabemos que no siempre lo que se vende es bueno y que la calidad ha desaparecido por las rendijas de la abstracción de muchas razones promocionales.

No digamos nada de la belleza.

Que en muchos casos ha desaparecido del prospecto, del anuncio, de la razón argumentativa y de la marca vegetativa.

Ha desaparecido a secas.

xxx

En este territorio de la expansión de lo feo y del crecimiento del feísmo, ha habido incluso una sorprendente contaminación de lo artístico.

Desde 1917 y desde la Fountain 1, de Marcel Duchamp, nació el dislate. Con la voluntad feísta capaz de instalar un urinario de loza sanitaria en una Galería de Arte (¿…?).

Por no hablar de la pieza (¿pieza?) de Piero  Manzoni, Merda d’ artista de 1961.

Donde el artista tuvo la santa sabiduría de envasar sus propios excrementos en un sobrio envase latonado que asemejaba chipirones en su tinta. O en su mierda.

O el plátano pegado con cinta adhesiva a la pared, de Mauricio Catelan, que logró ser vendido por 2,5 millones de dólares.

Por ello no es raro que Pedro Azara publicara en 1990 la obra De la fealdad del Arte moderno.

De igual manera que Umberto Eco formuló en 2007 su canónica Historia de la fealdad.

Como un viaje inverso del realizado, años antes en 2004, en su Historia de la belleza.

xxx

En esa onda revuelta, Patricio Pron, publicaba en 2016 el artículo llamado El tirón del arte feo.

Donde deba cuenta de que “la fealdad convoca al igual que lo hace la belleza. [ Y por ello] El feísmo gana adeptos en webs y centros como el Museum of bad Art.

Un Museo militante y abierto del mal gusto, fundado en Boston en 1993. Y que prospera y crece.

Cuya colección incluye “retratos involuntariamente monstruosos, paisajes incongruentes, y desnudos perturbadores en su fealdad”.

Por ello yo he pretendido indagar en la IBT (International of Bad Taste), que es un campo expresivo lleno de posibilidades incontables.

Y que podríamos castellanizar como la IMG (International del Mal Gusto)

Frente al carácter limitado del Museo Histórico y tradicional, el carácter  ilimitado y abierto de esta nueva generación del IBT o del IMG.

No solo abierto sino impensable y creciente.

Ahora ya hemos llegado a una fealdad genérica y generalista, no sólo a una fealdad artística.

Una fealdad que extiende sus redes y tentáculos a muchos monopolios artísticos y pseudoartísticos.

Que han bebido y beben en fuentes variadas y bien nutridas.

Desde lo cursi a lo hortera, desde lo kitsch a lo bizarro; desde lo estrambótico a lo bohemio-burgués; desde lo canalla a lo choni.

Desde lo grotesco a lo monstruoso.

Un universo tan variopinto que tanto triunfa como fracasa.

Dada la radical improbabilidad y certeza de sus códigos estéticos.

Un universo que viaja desde la publicidad atornillada a las telenovelas calientes; desde las revistas de decoración con glamour rosa a algunos set alambicados de televisión pretenciosa con mesas hiperbólicas; desde la tele realidad infestada de caimanes vegetarianos al culebrón profundo de pasiones verdosas; desde la prensa rosa a la prensa deportiva.

Desde buena parte de las redes sociales inundadas de bazofia y chicle.

Si es habitual la afirmación de que ‘la elegancia nunca tiene prisa’, podríamos suponer su inversa: ‘la velocidad del mal gusto’.

Elegancia de lo escaso y ralo, y velocidad de lo abundante y creciente.

Y esa mecánica infernal del gusto acelerado por lo feo ha llegado a todas las riveras y ribazos.

Se nombran locales varios de referencias imposibles y malsonantes.

Se denominan bebidas con nombres de esputo y andrajo.

Se bautizan marcas como si estuviéramos en un tremedal.

Se crean logos aberrantes que aluden a lo zafio, a lo tosco y a lo pesaroso.

Como un emblema de los tiempos raudos en su beocia.

Y por ello crecen páginas del disparate encadenado.

Desde Naming chungo a marcas bizarras, desde Nombres atontaos a Referencias pedorras.

Y así nos va.

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img