La avaricia siempre acaba rompiendo el futuro

Fermín Gassol Peco.- Muchos son los ideales que nos mueven a los seres humanos desde que Adán y Eva aparecieron en este escenario de la vida.  Aquellos que se entregan de manera desinteresada e incondicional al servicio de los demás hasta quienes la ponen al servicio exclusivo de sí mismos…y a costa de los demás; aunque bien es verdad que la mayoría no formemos parte de estas posturas tan extremas, sino que vayamos por ahí navegando, ejerciendo trabajos que repercuten y benefician a ambas partes. Tareas que nos permiten vivir dignamente y que a la vez ayudan al desarrollo de la sociedad. 

Pero entre ese abanico de posibilidades laborales existen unos individuos que tienen como meta obsesiva hacerse ricos sin parar en barras, nadar en dinero hasta…ahogarse en él.

 Conseguir la riqueza en poco tiempo es empresa difícil, muy difícil. La alcanzan aquellos a quienes les toca la lotería en grandes cantidades, reciben una herencia, inesperada o no, inventan algo y lo patentan y… quienes trincan, defraudando y delinquiendo. Sin embargo, aqullos y aquellas que lo hacen a base de talento y trabajo…de muchas madrugadas dándole al coco, si es que llegan a conseguirlo, lo procuran después de muchos años…y siguiendo siempre al frente de sus responsabilidades y de las personas que han contribuido a ese enriquecimiento lícito.

 Y es que siempre me han llamado poderosamente la atención quienes teniendo dinero más que suficiente para llevar una vida mucho más que acomodada, se empeñan en querer amasar más y más a costa de caminar por el peligroso filo de una navaja…que al final les acaba cortando ese dorado futuro que ansían tener y acaban romiendo.cDicen algunos sicólogos que el poder para algunas personas es algo erótico, sumamente atractivo al que es muy difícil renunciar y que por eso lo persiguen con el mismo ahínco que un animal en celo.

Todos conocemos a personas que nunca están conformes con lo que tienen, que se comportan como unos niños que quisieran jugar con todos los juguetes a la vez y queman permanentemente los momentos actuales con la amargura de pensar en lo que no poseen y desean a toda costa. 

El mayor problema, la mayor desgracia de toda persona ansiosa está en no saborear lo que tiene entre los labios.

Sin embargo, no es este el único ni el principal problema, porque si las desagradables consecuencias del avaro repercutieran solamente en él, podríamos decir que en el pecado llevaba impuesta la penitencia.

 Pero no, ese afán de querer más y más que mueve a estas personas incide de manera irremediable en su relación con los demás. Las personas ansiosas, en el fondo son a su vez seres envidiosos que viven con el permanente afán de acaparar todo lo que pueden, dinero, bienes, poder. 

El ansia es un anhelo desmedido polarizado en enriquecerse más y más pero que nunca es compartirlo con quien más lo necesita; ¡qué pocos casos sabemos de ansiosos que tengan la vehemente preocupación de querer aumentar el bienestar de los demás!

Todos hemos oído, quien sabe si sufrido alguna vez, algún caso de voraces propietarios de tierras que han ido limando las lindes por la codicia de poseer un poco más a costa claro está del que se queda con menos, dando estas historias en algunas ocasiones con la fría tierra del cementerio. 

Recuerdo hace años ejerciendo de perito judicial y en ocasión de un deslinde, cómo las circunstancias me obligaron a recurrir a la guardia civil para proceder a realizarlo ante la intransigencia de un litigante que no estaba de acuerdo con el trazado que yo hacía. Cuando le pregunté el porqué de su absurdo comportamiento me espetó: es que el otro tiene más tierras y yo solamente ésta.

 El ansia es un coctel de envidia, celos y codicia que produce a quien lo bebe una permanente sensación de desasosiego, angustia y rencor.

            “Por la jodía ansia de querer quedarse con toda la herencia” dijo alguien en un juicio…El complejo mundo de las herencias, repartos, adjudicaciones…curiosas las reacciones y los disgustos que en demasiadas ocasiones se acarrean, a veces por la disputa de una silla. Conocerán aquel dicho de “qué bien se llevan los hermanos” y alguien diciendo ¿” Han partido”? Pues eso, el ansia viva, que diría un personaje del genial paisano José Mota. Y es que la avaricia siempre acabo rompiendo los bolsillos y los sacos.

No parece que merezca la pena renunciar a la paz y felicidad ignorando lo que tenemos y deseando de manera desmesurada todo lo que tienen los demás, que como decía Schopenhauer la riqueza es como el agua salada, cuanto más se bebe más sed da, o reza el viejo refrán: “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”; que como sentenciaba también uno que sabía mucho de la vida…con dos metros cuadrados todos al final vamos a tener bastante. 

 

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