Una atronadora marea amarilla de educadoras infantiles resuena en la Plaza Mayor de Ciudad Real

Tras la protesta llevada a cabo esta mañana frente a la Subdelegación del Gobierno de Ciudad Real, la marea amarilla ha llegado esta tarde a la Plaza Mayor. En el corazón de la capital, las educadoras infantiles de 0 a 3 años han realizado una ruidosa performance. A continuación, en círculo, han coreado de forma enérgica sus reivindicaciones.

La huelga de escuelas infantiles ha alcanzado este jueves un seguimiento del 58,6% en Castilla-La Mancha, según los datos trasladados por CCOO, en una jornada de movilización en la que las trabajadoras del ciclo de 0 a 3 años han salido a las calles de distintas ciudades y capitales de la región para reclamar una bajada de ratios, mejores condiciones laborales y el reconocimiento de su labor como docentes.

Las profesionales del sector han centrado sus reivindicaciones en la necesidad de reducir el número de menores por educadora, extender la pareja educativa, mejorar unas condiciones laborales marcadas en muchos casos por salarios próximos al mínimo interprofesional y lograr una regulación común para todas las escuelas infantiles, con independencia de si son de gestión directa de la Junta, municipales, de gestión indirecta o privadas.

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2 COMENTARIOS

    • Qué lástima este tipo de “comentarios” -por llamarlos de alguna manera- realizados por personas sin el más mínimo conocimiento de la enorme labor que realizan las educadoras infantiles.

      Comentarios así no solo son una falta de respeto: son una muestra clara de ignorancia. Las educadoras infantiles acompañan una etapa decisiva en el desarrollo de los niños y niñas. Les ayudan a adquirir autonomía, lenguaje, hábitos, seguridad emocional, socialización y confianza. No son simples lugares donde “dejar” a los niños; son espacios educativos donde profesionales formadas sostienen, cuidan y educan en los primeros años de vida.

      Quien escribe algo así debería pararse un momento a pensar qué significa atender cada día a niños pequeños: contener llantos, resolver conflictos, estimular aprendizajes, acompañar emociones, mantener rutinas, comunicarse con las familias y hacerlo con responsabilidad, paciencia, profesionalidad y humanidad. Y además, muchas veces, en condiciones laborales que no están a la altura de la importancia de su trabajo.

      El desprecio gratuito dice mucho más de quien lo escribe que de las profesionales a las que intenta humillar.

      Mi respeto absoluto a todas las educadoras infantiles. Su trabajo merece reconocimiento, dignidad laboral y mucho más respeto del que algunos son capaces de mostrar.

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