Manuel Valero.- No voy a hablar de fútbol, para eso están los periodistas deportivos, pero voy a hablar de fútbol. Uno tiene que echar la mirada atrás, muy, muy atrás para recordar un ambiente similar al vivido este domingo en el Cerrú: campo casi lleno, coches casi amontonados en los alrededores, riada de gente al salir y tráfico desesperante después del partido. No era un partido más. Era tan decisivo que de ganar el CS Puertollano subía de categoría. Pido el asesoramiento de un amigo de toda la vida y me dice la categoría conquistada es la segunda división RFEF.
Debo confesar que soy un aficionado de los peores, es decir, del que solo va a partidos históricos, o sea nunca. pero como este domingo era, eso, histórico, y a uno le va la marcha por su deformación periodística y por su condición de contador de historias, no me lo podía perder. Así que fui una de las cinco o seis mil almas, qué más da, que estuvieron en el nuevo Cerrú para ver, oír y aplaudir y sufrir un pelín, un nuevo ascenso del equipo de la ciudad.

Queda en la prehistoria el ascenso primero a la Segunda división porque uno apenas era un chaval de diez años, luego hubo otras ascensiones. Incluso llegué a cubrir para el diario Lanza, los partidos cuando militaba en la segunda B. Recuerdo que me referí al once local como los pitufos y me llevé una pequeña reprimenda de varios lectores en cartas al director. Por supuesto, no quería faltar, era uno que le gusta jugar con las palabras: hice una crómica más literaria que deportiva. Una cosa rara, vamos.
La tarde, muy lluviosa, no fue motivo para el desánimo. Fue en la primera parte cuando más agua caía que llegó el primer y único gol que vale el pasaporte para la segunda RFEF. Fue curioso atestiguar que en los ánimos del pueblo no se gritaba ¡Calvo, Calvo! sino ¡Puerto, Puerto!.
Como les digo la crónica futbolera la harán los colegas deportivos. La mía no deja de ser una crónica sentimental en azul por revivir de nuevo a estas alturas de mi vida, momentos lejanos en que el Calvo Sotelo era un pedazo de equipo, que jugó la promoción a primera hasta que Repsol cortó el grifo. Pero entonces, como este mismo domingo, el viejo Cerrú se llenaba domingo tras domingo, sobre todo cuando se acercaba por aquí el Rayo Vallecano que se convirtió en el némesis de los locales. Los aficionados, casi todos, por no decir todos hombres, bajaban como en una manifestación, felices o contrariados según el resultado de la jornada. Aquí hemos visto al Real Madrid, al Barcelona, al Zaragoza, por citar algunos y hasta aquí venía también el tren del futbol procedente de Ciudad Real. La capital tenía a su modesto Manchego, pero el fútbol de élite se jugaba en Puertollano.
Recuerdo que corría la teoría de que la empresa financió el fútbol como adormidera social y laboral en aquellos años, habida cuenta del carácter contestario de la ciudad.
Fue una gran tarde. El CS Puertollano jugó mejor cuando caían chuzos y peor cuando salió el sol con el añadido de cierta tensión al final.
Con las divisas que genera el fútbol me pregunto qué pasaría si el equipo sigue en el futuro su línea ascendente y un empresario con muchos posibles de aquí o de allá se hiciera con el control de la entidad y las futuras generaciones pudieran de ver, de nuevo, fútbol de élite. Y cómo gozaría la ciudad de esas divisas, negocios, hostelería, todo…
En fin, de momento en Segunda RFEF y el año que viene será lo que será… que cantaría José Feliciano.
Enhorabuena, Calvo Sotelo de Puertollano.









Si un empresario, os acordáis cuando iba a venir un inversor a meter un millón de euros? Ande andará, ese y los directivos de aquella época.
Manuel Valero me ha gustado mucho tu articulo.
Me has recordar mi infancia en el antiguo estadio
enhorabuena.
Todavía estoy esperando al Jeque Árabe que iba a comprar el club
Anda!!! Ese era el amego del Hermosoo