Entre lo pintoresco y lo sublime

“Las cosas de las que uno está completamente seguro nunca son verdad. Ésa es la fatalidad de la fe y la lección del romanticismo” 
OSCAR WILDE
(POETA Y ESCRITOR BRITÁNICO-IRLANDÉS)

A principios del siglo XIX vino a España Edward Hawke Locker, un militar inglés, representante del romanticismo británico, artista y escritor. Él pertenecía a la Armada británica y ejerció como informador del ejército de su país; pertenecía al movimiento romántico, muchos de cuyos miembros eran reconocidos hispanistas ingleses; fue pintor y escritor, un apasionado del Quijote y fue miembro de la Royal Society, la sociedad científica más antigua de su país.

En cuanto a su faceta artística y de pensamiento, él va a ser uno de los primeros ingleses que llega a nuestro país cuando la guerra de la Independencia todavía no había terminado, lo que le proporcionará una imagen fiel de la destrucción y la barbarie que había causado el ejército de Napoleón, que se recogerá en su obra posterior. Su pasión por el Quijote le lleva a visitar la demarcación territorial de La Mancha, especialmente Quintanar de la Orden y El Toboso.

Fue un gran viajero que recorrió el Mediterráneo con la Armada británica y llegó hasta Bengala (India). En 1811 arribó a las costas gaditanas, luego fue hacia el norte para llevar despachos al duque de Wellington —que entonces era el comandante en jefe del ejército británico en el país—, y después volvió sobre sus pasos haciendo parada en pueblos y ciudades devastadas o en lugares que tenían un interés especial para él, como estos dos pueblos de La Mancha.

Durante su estancia en España va a tomar notas o a hacer bocetos sobre sesenta localizaciones peninsulares para, posteriormente, realizar grabados y reseñas de esos lugares. Preparará dos en Cádiz en 1811, uno en Barcelona en 1816 y el resto los hará en 1813. Con este material y la colaboración del litógrafo Harding, se realizan los grabados que se incluyen en 1824 en la obra «Paisajes de España», con el sugerente subtítulo de: «Entre lo pintoresco y lo sublime».

Las visitas a Quintanar de la Orden y a El Toboso se produjeron en noviembre de 1813. Con los datos o los bocetos realizados ese día, se hizo un grabado de cada una de las localidades, pero cuya imagen no parecía corresponderse con lo que era el perfil urbano de entonces. El motivo de esta distorsión pudo ser por la idealización del autor, por el tiempo transcurrido desde la visita hasta que hace el dibujo o a la participación de personas que no estuvieron en España.

La publicación de los 60 grabados en color incluía un texto de cada uno de esos lugares. En el caso de Quintanar de la Orden, aparecen algunas anécdotas. Su autor considera que esa localidad fue la cuna de don Quijote —se desconoce la fuente de tal afirmación—; que, con pocos cambios aparentes, son las mismas personas en opiniones, hábitos y modos de vida que en la época de Cervantes; y que había muchas casas ruinosas debido a la ocupación francesa.

En cuanto al grabado de El Toboso y su leyenda, se mencionan los molinos típicos de La Mancha que había en esta localidad, pero también extiende su presencia a Quintanar de la Orden. Sin embargo, en la imagen solo aparecen en el grabado de El Toboso. Aunque no es el típico manchego, porque se parece más a los de Holanda o Inglaterra. Además, vemos una charca en los alrededores de la localidad en la que abrevan varios animales de tracción.

En un artículo publicado en este mismo diario titulado «Los románticos en La Mancha», se hablaba más extensamente de este movimiento —principalmente inglés, aunque también había belgas y del resto de Europa— que contribuyó a la difusión y a la promoción cultural de nuestra tierra a lo largo de los siglos XIX y XX. Fue entonces cuando el universo quijotesco tomó vuelo y se convirtió, si no en el único, sí en el personaje de mayor relevancia literaria.

Sea como fuere, Locker nos muestra en sus pinturas unos paisajes frondosos y exuberantes de La Mancha, tan ajenos como poco probables en estas tierras sedientas del agua que quizás abunda en otros lugares. Pero, como decía el escritor francés Stendhal: «No pretendo decir lo que las cosas son; cuento la sensación que me han producido». Y eso es lo que parece que inspira a este romántico inglés que se llegó a convertir en todo un personaje de leyenda.

Pero este autor se debatirá entre lo pintoresco —que representaba el personaje de Sancho Panza— y lo sublime —que representa don Quijote, inspirado por su Dulcinea—. Aunque ambos personajes acabaran confluyendo y alcanzaran la universalidad, haciendo trascender al propio Miguel de Cervantes.

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