Eduardo Egido, pregonero y caballero de Puertollano

Manuel Valero.- Me alegra que Eduardo Egido reciba el titulo de Caballero del Santo Voto 2026. En primer lugar porque se lo merece y, en segundo lugar, porque es amigo y escritor, además, al que admiro. Buen conocedor de los entresijos de la cultura local, pues no en vano ha sido la tira de años el técnico de la cosa, le ha dado a Eduardo para escribir un libro, o dos, o tres, sobre las vivencias y experiencias que le han reportado estar al frente del departamento de Cultura.

Sir Eduardo Egido -dicho sea como licencia caballeresca- es tan conocido en Puertollano que pasear con él puede suponer un suplicio (amable) por la cantidad de personas con las que se para y departe por unos minutos, razón por la cual, cuando hemos ido a caminar por los pinos de la Dehesa, el trayecto se ha hecho tan corto que ha pasado fugaz  debido a la conversación interminable de ida y vuelta. Es, además, una persona prudente, que siempre ha mantenido el tipo y la compostura, incluso, en los tiempos de tormenta, que los ha habido. Pero quizá un rasgo de su personalidad y su coherencia que tal vez muy pocos conozcan sea su colaboración solidaria y desinteresada en actividades anónimas, así leía pasajes de libros en el centro de transeúntes, fragmentos que él que consideraba ayudaban a levantar el ánimo a las personas acogidas. Y de oca a coca por lo que le toca, cofundó la Unicef local que vicepresidió, acto que contó con la asistencia de Joaquin Ruiz Giménez, defensor del pueblo y presidente de Unicef-España. Como es inevitable también está en su cuadernillo de ilustres conocidos. No en vano, y espero, que lo entienda, ha sido tentado para ir en listas electorales.

No es extraño tratándose de un buen  puertollanero, a pesar de haber nacido en la vecina Argamasilla, que saludan hasta los leones, verbigracia, los de la Fuente Agria, los de la plaza del Niño Meón y el plazolete Patón ( en términos de nuestra infancia) hasta el que hay en el museo García Rodero, asunto sobre el que escribió un delicioso cuento, como si la pródiga presencia del león fuera un animal identitario de Puertollano, ¿acaso el Minero y su monumento no fueron leones enjaulados en las minas para extraer de ella la riqueza que fue el origen del carácter industrial de la ciudad?

Ha conocido a escritores y escritoras con los que ha compartido mesa y mantel, cantantes, periodistas de altos vuelos, y otra gente incluida en canon de la fama por sus actividades. Ha gestionado ferias y fiestas y su despacho ha sido en ocasiones confesionario de quienes necesitaban una pequeña ayuda moral. Dotado de una prudencia estoica ha sabido gobernar su propio barco cuando arreciaba la tempestad.  Actualmente prepara un libro de crónicas que hablan de la historia de nuestra ciudad con su estilo particular, sobrio, directo, que hace que la lectura ruede por sí sola.

Claro que tendrá sus claroscuros, como el que esto suscribe, sus detractores (que uno cree que se pueden contar con el dedo de media mano)  pero la preponderancia de su bonhomía sobrevuela todo lo demás. Siempre ha estado a disposición de quienes han solicitado su presencia en la presentación de algún acto o de un libro, como es mi caso, y el de otros escritores/as locales. Ha biografiado al histórico Sánchez Menor y recientemente a Benito Ruiz. No solo eso, muchos han recurrido a él para que echara un vistazo a los manuscritos antes de ser publicados.

Y, sobre todo, Eduardo Egido, no ha sido jamás un oportunista, su natural forma de ser ha caminado de la misma manera a cuantos reconocimientos ha recibido, como pregonar la Feria de Mayo de 2015, y ahora, recibir la investidura de Caballero del Santo Voto. Pregonero y Caballero  Muy amigo de sus amigos, sin colores ni olores, reúne todos los requisitos para representar a la ciudad que le honra con ese nuevo título.  Aunque sea el único que lo declara por escrito sin notario que valga, son muchos los que seguro suscriben lo que digo. Sin colores ni olores. 

Esto es una breve hagiografía de alguien a quien conozco suficientemente bien. A uno, también, en sus horas bajas le ha echado una mano y eso, no se paga ni con una hagiografía de siete tomos.

Por lo tanto, vaya desde estas páginas mi enhorabuena al Caballero Egido, un buen vasallo a pesar de que algunos señores no hayan sido demasiado considerados con él. Eduardo forma parte del paisaje de Puertollano desde su infancia en el Hotel Mercedes, frente a la estación del ferrocarril hasta este preciso momento en que la vida le devuelve lo que ha dado.

PD.- Me alegro también por la Dama, Valentina Abenójar, nonagenaria ya que comprobó desde niña la dureza del trabajo en la mina.  

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img