“Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco”
JAUME PERICH
El endiosamiento de algunos políticos ha sido el marchamo de identidad de quienes actúan y defienden lo uno y su contrario sin solución de continuidad. Porque la clase política está ávida de un protagonismo tan innecesario como perjudicial para sus propios intereses, aunque eso parece inevitable para saciar sus egos.
Entre estos personajes hay una mujer destacada —a la que se conoce como la Faraona— después del autobombo que se dio cuando fue designada como candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Se trata de María Jesús Montero, tan sobrada en sus declaraciones laudatorias sobre sí misma como olvidadiza en la asunción de las responsabilidades de su cargo.

Pero hay que mirar más allá del patinazo que tuvo en el debate electoral para la presidencia de la Junta de Andalucía, en el que calificó tendenciosamente como accidente laboral las muertes en acto de servicio de miembros de la Guardia Civil cuando perseguían a narcotraficantes. Algunos analistas políticos sospechan que ella fue enviada a su tierra más para quitársela de encima que para reconocerle su labor en los cargos de gobierno que ha ostentado.
Y para deducir estas sospechas hay que poner en contexto las críticas que ha acaparado y han acompañado a esta inédita política. Es necesario analizar su trayectoria en su partido político y la gestión que ha realizado. Aunque también hay una faceta personal y profesional que parece falta de la coherencia y del rigor que se deben exigir a un alto cargo público como ella.
En cuanto a su participación en su partido político, conviene recordar que ella estuvo al lado de Susana Díaz en el momento en el que esta disputaba a Pedro Sánchez la Secretaría General del PSOE. Cuando se produjo el grave incidente en el Comité Federal de 2016, la señora Montero, que lideraba la Comisión de Garantías, intentó revocar lo acordado por Sánchez y su equipo contactando con un gabinete jurídico privado.
Y cuando en 2024 el presidente del Gobierno publicó la carta de enamorado, pausando su agenda de gobierno y dándose un plazo para decidir su continuidad, esta señora parece ser que se postuló para sustituirlo. Su ambición pudo más que lo que la mayoría de la militancia entendía, es decir, que se trataba de una escenificación para promover un apoyo incondicional al líder acorralado por corrupción en su entorno personal.
Hoy es vicesecretaria general de su partido a nivel nacional, cargo que ocupa desde el año 2022, y además es secretaria general del PSOE de Andalucía desde 2025. En cuanto a sus cargos públicos, ella fue consejera de Sanidad y Consumo, siendo presidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, entre 2004 y 2013 y, desde 2013 hasta 2018, fue consejera de Hacienda y Administración Pública, siendo presidenta Susana Díaz.
Cuando dejó el Gobierno regional, se pasó al equipo del actual presidente Pedro Sánchez, abandonando a su anterior lideresa. Esa alianza ha sido muy estrecha, ya que con él ha estado ocho años siendo ministra y vicepresidenta. En total ha estado veintidós años ininterrumpidos asumiendo las más altas responsabilidades de gobierno tanto en la Junta de Andalucía como en el Gobierno central.
Con ese bagaje y sin recato alguno a la hora de atender las necesidades de su presidente, ella ha sido una pieza clave para acordar la financiación singular de Cataluña o para gobernar sin presupuestos. Como sustitutivo y, ante la falta de apoyos parlamentarios, utilizó indebidamente la deuda pública y los fondos europeos para cubrir las pensiones, lo que ha sido denunciado por el Tribunal de Cuentas.
Además de los chanchullos a los que nos tiene acostumbrados esta señora, ha habido un hecho llamativo. Lo de engordar el currículum es algo habitual en muchos de nuestros políticos, pero Montero no les ha ido a la zaga. Dijo tener una plaza de médica en el Servicio Andaluz de Salud y que por eso no dejaba su escaño en el Congreso. En realidad, lo que tiene es una plaza de personal no sanitario, de técnica de gestión.
A ese puesto accedían licenciados, ingenieros o arquitectos, pero no era exigible poseer la titulación de Medicina, porque su actividad consiste en la gestión económica y presupuestaria. Durante años se veía a numerosos licenciados en Medicina ocupar este tipo de plazas en los cuerpos generales o especiales de la Administración General del Estado por la falta de plazas de su especialidad.
Lo de «Roma no paga traidores» puede estar en el ánimo del presidente Sánchez al enviar a la Faraona a Andalucía. Luego está la supuesta postulación durante los días de reflexión del presidente o que no han dejado de haber indicios de corrupción entre las personas de su máxima confianza que ella había nombrado. Aunque para el señor Sánchez todo el mundo es prescindible. Y ella, también.







