Puertollano: Luis Miguel Ortiz desvela bajo la Chimenea Cuadrá la leyenda del enebro de la ermita de Santa Ana

La conocida como “Chimenea Cuadrá” de Puertollano se construyó sobre los restos de la antigua ermita de Santa Ana, la de la leyenda del enebro, como así asegura la investigación de Luis Miguel Ortiz García-Minguillán, en la que da luz a uno de los misterios sobre la localización de este templo que se levantó en la cumbre del cerro al que da nombre y que con anterioridad ya había sido espacio para levantar una fortaleza de control del paso hacia Al Andalus.

Ortiz, doctor en ingeniería y exconcejal de festejos, durante la prospección que ha realizado sobre el terreno ha podido examinar que la Chimenea Cuadrá se levantó sobre los cimientos de esta ermita que ya existía en el siglo XIV, que se abandonó en el siglo XIX, dado su difícil acceso y mayor veneración por la Virgen de Gracia.

Sus restos se reutilizaron en la construcción a mediados del XIX de la torre telegráfica, como ripios y piedras sillares, y también ha podido constatar vestigios de la antigua noria, que daba agua al huerto del santero.

Así lo desvela en el libro “La torre telegráfica de Puertollano. El sistema de comunicación del General Narváez con la Corte”, publicado por Ediciones Puertollano y que fue presentado en el Centro de Adultos “Antonio Machado”, con la participación de Jesús Caballero y del editor, Javier Flores, la asistencia de numeroso público, entre el que se encontraba el alcalde, Miguel Ángel Ruiz, y el primer teniente alcalde, José Antonio Barba, así como familiares y amigos.

Torre de vigilancia con dormitorios y cocina

Se trata de una torre telegráfica óptica de las mejor conservada de las doce que se levantaron en la provincia, según el diseño de José María Mathé como una fortaleza en lo alto del cerro de Santa Ana, con una base como torre de vigilancia de la Edad Media, tres troneras para albergar hasta una veintena de soldados, acceso en la zona intermedia a través de una escalera, dormitorio, cocina y zona de observación, que se comunicaban a través de una escalera de caracol. Puertollano fue la torre número 26 de las que se pusieron en marcha entre Madrid y Cádiz desde finales de 1849 y junio de 1850.

La Chimenea Cuadrá, llamada así popularmente para diferenciarla de la chimenea redonda de la desaparecida fábrica de fundición de plomo, situada en la zona del paseo de El Bosque, es el tema de investigación de Ortiz, que revela que la figura del General Narváez, presidente del Consejo de Ministros, que cada verano aliviaba sus dolencias en las aguas ferruginosas de Puertollano, fue esencial para la construcción de esta línea telegráfica, inicialmente previsto por Despeñaperros.

Las ventanas de Narváez

Narváez a través de la Diputación Provincial que se construyera la actual Casa de Baños, que como curiosidad en su planta superior dispone de diez ventanas para una rápida comunicación del presidente del Consejo de Ministros con esta torre telegráfica y así con su gobierno, mediante la apertura o cierre los valores de 0 a 9.

Ortiz durante la presentación describió que la torre telegráfica de Puertollano estuvo en funcionamiento hasta 1857, año en el que se optó por su cambio por la telegrafía eléctrica, lo que derivó en su abandono y el consiguiente vandalismo de enseres, puertas y hasta la estructura de madera de la techumbre que acabó por vencer y que perdiera altura hasta como hoy la conocemos.

Un lugar emblemático de Puertollano que durante generaciones ha sido escenario de fiesta y convivencia los días del chorizo y del hornazo, de punto defensivo durante conflictos bélicos y ahora de punto de llegada de itinerarios senderistas y de espléndido mirador de la ciudad.

El libro

El libro de Luis Miguel Ortiz a través de casi doscientas páginas desgrana los sistemas de comunicación en España a lo largo de la historia, la implantación de la telegrafía óptica, un examen del telégrafo de Mathé, un análisis constructivo de la edificación y como apartado curioso ha recopilado a través de fotografías, localizaciones y descripciones cada una de las torres que se levantaron en la provincia desde Fuente el Fresno a Fuencaliente.

Una presentación del libro que acabó con la firma de ejemplares por el autor y la degustación de un vaso de «Aurora», un brebaje que se elaboraba en el siglo XVIII durante la celebración del Santo Voto.

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