El eco eterno de Javier Segovia en Villanueva de los Infantes

El patio de La Alhóndiga, en Villanueva de los Infantes, se convirtió el pasado 16 de mayo en el escenario de una hermosa resistencia cultural. Durante la apertura matinal del “I Encuentro GrupOretania de Cantautores y Poetas Manchegos”, coordinado por el músico Vicente Castellanos con el apoyo del Ayuntamiento y el Grupo Oretania, se lanzó una proclama enérgica en favor de la música en vivo frente a la frialdad de la Inteligencia Artificial. “En veinte segundos un programa te hace una canción vacía”, advirtió Vicente ante el público, “pero el directo, la mirada cara a cara con el espectador, es un momento mágico que ninguna IA podrá sustituir”.

Como prueba irrefutable de esa magia analógica que sobrevive al tiempo, los altavoces del recinto reprodujeron una cinta magnetofónica grabada hacía más de cincuenta años, la voz profunda y barítona del mítico cantautor ciudarrealeño Javier Segovia Molina interpretando su tema ‘Mi libertad’. Acto seguido, el joven artista Adrián López (Umbris), miembro de la Asociación de Amigos de Javier Segovia, subió al estrado para tomar el testigo generacional, erizando la piel de los asistentes al cantar ‘Se ha perdido un pueblo’.

Aquellas estrofas sirvieron para inaugurar una mesa redonda de corte biográfico y emocional en la que participaron tres custodios fundamentales de su memoria, su hermano, el consagrado poeta Alberto Segovia; el maestro e historiador Javier Naharro Arteche; y el veterano músico Jesús Romero (Roco). El coloquio se articuló como un homenaje necesario a un creador cuya vida se truncó trágicamente a los 23 años en un accidente de tráfico un domingo de 1977, justo tras tomar su último café en el emblemático bar El Trini de Ciudad Real.

Para comprender la rebeldía y el lirismo de Javier Segovia, los ponentes retrataron con precisión la atmósfera de Ciudad Real en las décadas de los 60 y 70. Javier Naharro describió una capital netamente provinciana y administrativa que sufrió una destrucción masiva de su patrimonio arquitectónico —incluyendo palacetes históricos y el monumental Teatro Cervantes— debido a un agresivo plan urbanístico tardofranquista que prohibía edificar fuera de las rondas.

En mitad de aquella «España en blanco y negro», la juventud buscaba refugio en la Casa de Cultura dirigida por Isabel Pérez Valera —un vanguardista edificio diseñado por Miguel Fisac— y en las tertulias clandestinas de tabernas como El Paco de la Plaza, El Carrión, La Jara o El Sótano. Alberto Segovia definió a sus contemporáneos como «activistas de la belleza», una generación solidaria y cooperativa de trovadores que brotaba al calor del Festival de las Tablas de Daimiel (fundado en 1973) y del Festival de la Canción Juvenil Manchega, impulsando a bandas históricas como A Cal y Canto, Palabras, Obsesión, Raíces Profundas, Sillares o Renacer.

Javier Segovia carecía de formación académica estricta; su hermano Alberto reveló que su música “nacía del silbido” y de los primeros acordes elementales que le enseñaron sus amigos Daniel y María Rodríguez Almendros en el grupo Preludio. Tras un debut desastroso y lleno de abucheos versionando a Atahualpa Yupanqui con un grupo bautizado humorísticamente como Celtas Cortos (por el paquete de tabaco), Javier se convirtió en un obrero obsesivo de la guitarra. Desarrolló una estética musical original inspirada en la puesta en escena del grupo folk Agua Viva, y un marcado carácter de líder carismático que lo llevó a pisar el calabozo tras cantar versos prohibidos del poeta León Felipe (“A las urnas y a las armas”) en el Festival del Verano de Puertollano.

La política y el activismo marcaron a fuego la trayectoria de Javier. Durante su servicio militar en el cuartel de Ciudad Real —considerado entonces un destino de castigo del Régimen—, trabó una profunda amistad con el ingeniero catalán y militante del Partido Comunista (PCE) César Aragón Cabo, a quien las autoridades represivas trataban con la severidad que aplicaban a los miembros de ETA. La familia Segovia solidarizó con él ofreciéndole avales, una historia clandestina que Javier inmortalizó en una canción proscrita que, años después de su muerte, casi provoca una redada de la policía franquista (los «grises») al ser interpretada en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid (El Johnny).

El ingenio musical de Javier también se nutrió del fenómeno masivo de las «misas yeyés» que Jesús Romero dirigía los domingos a la una del mediodía en el convento de los Dominicos de Almagro, donde los salmos religiosos se tocaban con batería y guitarras eléctricas. Javier solía coger a escondidas el Seat 1430 blanco de su padre para sumarse a aquellas citas. Fascinados por la reverberación del templo, Jesús y Javier se encerraron allí durante las tardes de diario para registrar, con un magnetófono de bobina abierta de cuatro pistas de la marca Uher, las maquetas amateurs que hoy mejor conservan la esencia pura de su voz.

Esa brillantez lírica alcanzó su cénit en 1973 con ‘Instancia’, ganadora del Festival de la Canción Manchega y calificada por Alberto Segovia como “el Mediterráneo de Serrat para nuestra tierra”. Javier la compuso mientras trabajaba en la secretaría de la Delegación del Ministerio de Educación bajo las órdenes del funcionario Marciano Cuesta Polo. Rodeado de pólizas y burocracia, tuvo la audacia de utilizar el frío lenguaje administrativo para canalizar una protesta social real, personificando a «La Mancha» como una mujer soltera, domiciliada en la posguerra, que elevaba una instancia oficial a Madrid suplicando una universidad y una zona industrial para salir del olvido.

La mañana en Infantes alcanzó su cénit poético cuando la rapsoda Teresa Gallego subió al estrado. Su voz limpia desgranó primero los versos de una elegía descarnada que Cuesta Polo escribió tras la muerte de Javier. El poema rescató el retrato físico del mito, un joven de «barba pelirroja», «manos moriles y revoltosas», un «cachorro dulce y dicharachero» con una voz de «transparente y espeso cristal». Acto seguido, Teresa recitó el poema que Alberto Segovia compuso para el 25º aniversario de la ausencia de su hermano, una pieza bellísima sobre la desolación del duelo y el «viaje desnudo en el cuello del viento».

Amigos

Tras el desgarrador impacto de su muerte, el círculo de amigos íntimos de Javier se negó a dejar morir su obra. Alberto Segovia lanzó una sentencia rotunda en el patio de Infantes, “La grandeza de Javier eran sus amigos. Sin ellos, habría sido simplemente un chaval que murió de forma trágica en una carretera y punto final”.

Esa fidelidad histórica dio sus frutos más importantes en la década de los 90. A partir de una propuesta de Javier Trujillo, los músicos de su entorno realizaron los arreglos y partituras para banda de música de la canción dedicada a la fiesta grande de la capital. El Ayuntamiento de Ciudad Real aceptó la propuesta formalmente en 1994, convirtiendo el tema de Javier en el Himno Oficial de la Pandorga y venciendo los intentos previos de censura de un concejal que pretendía suprimir los versos populares que aludían a que «la hija de la brigada tenía un quehacer». Jesús Romero rememoró con nostalgia los extenuantes ensayos que dirigía cada mes de julio con jóvenes de la ciudad para interpretar el himno cada 31 de julio, a la una del mediodía, en el templete de los Jardines del Prado.

Fue el propio pueblo ciudarrealeño el que, en 1998, financió mediante la adquisición de «bonos voluntarios» de 5.000 pesetas —diseñados por Alberto— el grupo escultórico de bronce tallado por Gemma Céspedes que hoy adorna los Jardines del Prado. Tras décadas de proyectos autogestionados en salas míticas como Guridi o la grabación en 2001 del CD ‘Cantos de Nuestra Tierra’, el colectivo oficializó sus estatutos en abril de 2008 bajo el nombre de Asociación de Amigos de Javier Segovia, sumando desde entonces más de 70 conciertos y 31 montajes escénicos destinados a preservar el legado y potenciar a jóvenes talentos como Umbris.

La mesa redonda concluyó con un anuncio de enorme calado histórico de cara al futuro de su patrimonio sonoro. Vicente Castellanos confirmó que las labores de investigación y digitalización lideradas por Luis González se encuentran en su fase definitiva. La Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), a través de su Centro de Estudios Regionales, está construyendo un repositorio digital y una página web oficial cuyo lanzamiento está programado para coincidir exactamente con el Cincuentenario del fallecimiento de Javier Segovia, el 7 de febrero de 2027. Esta plataforma pública permitirá escuchar, de forma libre y con calidad óptima, 19 canciones originales grabadas por la propia voz del cantautor, junto al resto de composiciones recuperadas por su asociación.

Como broche de oro, Umbris regresó al escenario para interpretar las piezas ‘A mi amigo César Aragón Cabo’ —con su vibrante grito de “abre esa puerta, carcelero”— e ‘Imaginas tú’, un tema pastoril que rinde homenaje a los trigales, los ríos y las historias tradicionales contadas por los abuelos al calor del hogar. Vicente Castellanos despidió el acto celebrando el «puente de hermandad cultural» tendido entre Ciudad Real y el Campo de Montiel, sellando una mañana emotiva que demostró que, cincuenta años después, la semilla lírica de Javier Segovia sigue firmemente enterrada en la memoria de su tierra roja.

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