Excorredores de la capital rinden homenaje a Hilario López Espadas, figura clave del ciclismo provincial

Un conocido restaurante se llenó de nostalgia, abrazos y unánime reconocimiento en la cena homenaje a Hilario López Espadas, uno de los primeros presidentes de la Peña Ciclista El Prado y una de las figuras más determinantes, respetadas y queridas del pedal en nuestra tierra.

Hilario, natural de Pozuelo de Calatrava, se enamoró del ciclismo a una edad muy temprana, aunque no pudo llegar a la alta competición por falta de medios y apoyos. Esta espina clavada hizo que en su madurez se centrara en el apoyo al ciclismo de base, convirtiéndose en mentor, padre deportivo y arquitecto de los sueños de decenas de jóvenes que, en esa bisagra mágica de finales de los años 80 y principios de los 90, en la época con más licencias federativas en las categorías de cadetes y juveniles, intentaban seguir los pasos de Pedro Delgado y Miguel Indurain. Bajo su férrea y sabia dirección, y con el apoyo de otros nombres como Ángel López Cerdán, Antonio Moya, Alfonso Pérez Limón o el recordado Álvaro Gómez Almeida, el club se convirtió en una de las escuelas de ciclismo más prestigiosas de la zona, dejando una huella imborrable en todos los que de una manera u otra vistieron sus maillots con dorsales a la espalda.

Durante los años dorados de sus equipos, principalmente patrocinados por la ya desaparecida empresa ciudadrealeña Meyca, López Espadas supo exprimir el talento local y moldear a jóvenes promesas. Por sus filas pasaron ciclistas que marcaron una época y que consiguieron dar el ansiado salto al profesionalismo, como el puertollanero Fernando Fernández Hungría, o Andrés Bermejo, quien llegó a participar en unas Rutas del Vino con los colores del Meyca; nombres que hoy siguen resonando con fuerza en la memoria de los aficionados.

Uno de los puntos más recordados durante el homenaje fue el altísimo nivel competitivo que alcanzaron aquellos jóvenes bajo la tutela de Hilario, con materiales a años luz de las bicicletas actuales y en pelotones que en algunas ocasiones sobrepasaban las doscientas cincuenta unidades. Gracias a la proyección del Grupo Deportivo Meyca, aquellos muchachos de la provincia tuvieron la oportunidad única de batirse el cobre en las carreteras con figuras que, a la postre, se convertirían en la élite del ciclismo mundial.

En la retina de los asistentes se revivieron aquellas batallas épicas compartiendo pelotón con leyendas de la talla de Óscar Sevilla, el triple campeón del mundo Óscar Freire (por aquel entonces a las órdenes del actual director de Tadej Pogacar, Joxean Fernández Matxín), el ganador del Tour de Francia Carlos Sastre, Joseba Beloki, Francisco Mancebo, Juanmi Mercado, Miguel Ángel Martín Perdiguero, Pablo Lastras, José Antonio Pecharromán y un largo etcétera. También hubo un momento de profunda emoción al recordar al malogrado Manuel Sanroma, cuya memoria sigue muy viva en el corazón del ciclismo nacional.

La velada concluyó con un emotivo discurso del propio Hilario López Espadas, quien, con voz al principio entrecortada, agradeció el cariño de «sus muchachos», asegurando que el verdadero premio no fueron las victorias, sino «ver en los hombres en que se han convertido todos aquellos jóvenes que un día corrieron bajo sus órdenes».


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