Puertollano enciende la magia ancestral del Santo Voto con un emocionado recuerdo a sus raíces

Puertollano ha honrado, un año más, el legado de su historia, sus temores ancestrales y la sangre de los antepasados en un acto simbólico y emocionante de compromiso y generosidad. El acto de encendido de calderas del Santo Voto, celebrado en un extraño escenario provisional delante de las obras de remodelación del paseo, ha vuelto a proyectar los rostros del pueblo de Puertollano frente al fuego de las calderas, y los representantes de los vecinos de Puertollano, encarnados en los Caballeros y Damas del Santo Voto, han arrimado el fuego a las ollas, a la señal del alcalde Miguel Ángel Ruiz, conjurando al pueblo contra el mal, como símbolo de la unión vecinal ante la desolación sustanciada en la peste negra que en 1348 asoló a la ciudad y en tantas otras vicisitudes históricas.

Horas antes, Eduardo Egido y Valentina Abenójar eran nombrados caballero y dama del Santo Voto de Puertollano 2026, título que han recibido en el transcurso de una gala celebrada en el auditorio municipal, conducida por los periodistas Ana Contreas y Mario Carrero. En el acto también han recibido menciones especiales el club Aerobics VS 2.0 y la Iglesia Cristiana Evangélica.

Eduardo Egido es licenciado en historia y ha desarrollado su vida laboral durante 35 años como técnico de cultura del Ayuntamiento de Puertollano. Egido ha sido pregonero de la feria de mayo 2025 y es colaborador habitual de diversos medios de comunicación y autor de diversos libros, los últimos, la biografía de Benito Ruiz y “Rescoldo bajo la ceniza”. 

Valentina Abenójar es una “niña minera” de 98 años, que recuerda con detalle aquellos días en los que trabajó en la mina como cribadora para separar el carbón grueso del fino, pero también ha sido sirviente en casa de los Porras y vendedora de berenjenas en el Paseo.

Han recibido menciones especiales el club Aerobics VS 2.0 Puertollano, que se ha convertido en un referente nacional de la gimnasia aeróbica y de la inclusión deportiva, y la Iglesia Cristiana Evangélica (Evelio Moreno y Carmen Arenas), tras un siglo de actividad sigue predicando, sirviendo, acompañando y promoviendo el bienestar en Puertollano.

Al evento han acudido y participado numerosos representantes políticos, sociales y empresariales, así como mandos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de la Policía Local, entre ellos los concejales de PP, PSOE y Vox. Entre ellos el delegado de Sanidad Francisco José García, en representación de la Junta de Comunidades; la diputada nacional del PP Rosa Romero, los alcaldes de Brazatortas, Pablo Toledano; de Agudo, María Isabel Mansilla; y de Almodóvar del Campo, José Lozano, así como antiguos caballeros y damas del Santo Voto. También han actuado la agrupación folclórica Virgen de Gracia bailando y cantando con la Jota de Puertollano, el coro de Mayores de Puertollano y «Nacido de la Tierra» cantando los mayos y los jóvenes bailarines del conservatorio de danza José Granero.

Discurso de Eduardo Egido, caballero de la Orden del Santo Voto:

Buenas noches.

Con permiso de ustedes, el discurso que voy a pronunciar está dedicado a don Modesto Arias Fernández porque es un buen historiador local, un buen novelista y, sobre todo, una excelente persona. Con todo mi ánimo y afecto.

Señor alcalde, don Miguel Ángel Ruiz, componentes de la Corporación Municipal, autoridades, representantes de asociaciones, colectivos y empresas. Señoras y señores.

            Deseo manifestar en primer lugar mi agradecimiento por el honor de ser reconocido como Caballero de la Orden del Santo Voto en su edición de 2026. Quedo en deuda con las personas que me han avalado para este ilustre cometido. Permitidme que personalice mi gratitud en el mensajero que me trasladó la noticia, nuestro alcalde. Muestro mi disposición para seguir aproximándome a los méritos que el título exige.

            Ser Caballero de la Orden del Santo Voto implica formar parte de la tradición más señera de la historia de nuestra ciudad. Una tradición largamente centenaria que define a la perfección la idiosincrasia, el modo de ser, de los moradores de aquella pequeña villa donde tuvo lugar el singular Voto, que después se transformó en la actual ciudad, ya centenaria en su actual denominación.

 Figurar en esa nómina es un homenaje que obliga a no escatimar esfuerzos para estar a su altura. Viene a la memoria la atinada afirmación del filósofo griego Zenón de Elea en el siglo V antes de Cristo: “Dichosa la ciudad donde se admira menos la hermosura de los edificios que las virtudes de sus habitantes”. Esos habitantes virtuosos son los auténticos merecedores de integrar la Orden del Santo Voto.

Pero bueno. Hagamos de tripas corazón y afrontemos la realidad. Intentemos ser cronistas del Santo Voto, que es lo que yo pretendo. Para escribir esta crónica tomaremos en consideración los dos componentes esenciales que lo forman, que son, como es sabido, la historia y la leyenda. Y habida cuenta de que las leyendas son primas hermanas de la literatura, mi crónica intentará incorporar a la historia algún que otro apunte narrativo. En definitiva, os propongo un recorrido donde iremos remontando los años y los siglos hasta desembarcar en los oscuros tiempos que dieron lugar a la promesa solemne de nuestros antepasados. Realizaremos cinco escalas en reconocidos puertos que nos irán mostrando las señas identitarias de aquel acontecimiento inolvidable.

Partamos sin dilación. Habréis oído hablar de los cantares de ciego y los pliegos de cordel que hasta mediados del pasado siglo podían escucharse en pueblos y aldeas, donde se recogían los sucesos que dejaban honda huella en el vulgo. Sucesos como el que originó el Santo Voto. Así lo entona el ciego con tintes melodramáticos:

En el año mil trescientos / cuarenta y ocho se vio / invadido de la peste / que tanto estrago causó. / Y fue tan grande el espanto / que a todos llegó a causar / que en las calles se quedaban / los muertos sin enterrar. / Pues fue tan grande el contagio / de aquella peste cruel / que quien a otro se acercaba /quedaba muerto con él.

El romance cuenta con más estrofas que el ciego sabe dosificar para despertar la máxima expectación en la audiencia. Es ducho en mantener el característico soniquete que presta a las historias narradas un aire de misterio y compasión. De todo su repertorio, son los versos que describen la terrible epidemia de peste negra acaecida en Puertollano hace un sinfín de siglos los que más éxito cosechan y, por añadidura, los que más patacones y perras chicas recaudan. No precisa el ciego del auxilio de la vista para detectar el movimiento de la gente sacando las monedas que depositarán en el cestillo pedigüeño que ofrece el lazarillo, le basta con levantar la cara al cielo para aguzar el oído y ajustar sus cuentas. El viento ondea las tiras de papel donde la efigie de la muerte guadañera parece llamar a capítulo a la atribulada audiencia. Lágrimas furtivas surcan las mejillas.

En nuestro propósito de remontar el tiempo hasta situarnos en el epicentro de esta crónica, nos situamos ahora a comienzos del pasado siglo, concretamente en 1903, fecha en la que el párroco que ejerció su ministerio en nuestra ciudad durante más de 40 años, desde 1879 a 1920, don Claudio Cebrián Pozo, nos cuenta esa edición del Santo Voto. Prestemos atención al cura con dotes de historiador: “En 1348 la peste que tantos estragos causó en Europa y tantas víctimas en España, invadió Puertollano reduciendo la población a trece vecinos, quienes atribulados y afligidos ofrecieron voto principal, celebrando el desposorio de María Santísima y de ser siempre virgen, esposa de San José, cuyo voto se cumple todos los años el día de la octava de la Ascensión del Señor a los cielos…La víspera del día de la fiesta del voto se daba por el Ayuntamiento a cada vecino una ración de carne de vaca, y después de la función religiosa del dicho día del voto, se da una comida de garbanzos, carne y pan a todos los pobres y personas que lo deseen. Esta comida se arregla y distribuye en las dependencias de la ermita de Nuestra Señora de Gracia, y en el año actual (1903) se han consumido en el reparto vecinal y comida cinco vacas, dos becerros, algunos carneros, treinta y dos fanegas de pan cocido y dos de garbanzos. Las reses son compradas en su mayor parte por el municipio, todo lo demás se recoge de los fieles vecinos de esta Villa”.

De este modo, gracias al párroco don Claudio tenemos cumplida referencia de la ingente cantidad de comida que se repartía en la festividad del Voto a comienzos del pasado siglo. Similar importancia tiene el recordado y querido sacerdote, historiador y poeta don Mariano Mondéjar, que también ejerció su ministerio en nuestra ciudad a lo largo de varias décadas y que ha recopilado buena parte de la información histórica en la que se basa la presente crónica, que asimismo es tributaria de las investigaciones de don Miguel Fernando Gómez Vozmediano, insigne medievalista local.   

El siguiente puerto donde recala nuestra travesía con viento a favor remonta tres siglos hasta anclar en 1575. En esta fecha se redactan las conocidas “Relaciones topográficas de Felipe II” que contienen múltiples datos sobre el Puertollano de la época. En lo tocante al asunto que nos ocupa, se apunta en las Relaciones: “Y así mismo se guarda el jueves de cada un año de Espíritu Santo por voto muy antiguo que en esta villa se hizo, que dicen que fue por una gran pestilencia que hubo en esta villa, el cual voto se hizo en honor y reverencia del matrimonio de nuestra Señora la Virgen María con el bienaventurado San Josep…”

En nuestro itinerario por los más relevantes hitos que jalonan la senda del Santo Voto, realizado desde lo más reciente a lo más antiguo, arribamos como penúltima escala al año 1486, fecha en la que sufrimos otro episodio de peste que dará lugar a un nuevo Voto de nuestros antepasados.

Retornemos al paseo de San Gregorio y recuperemos las dos últimas estrofas del poema en romance que entonaba nuestro conocido ciego. Estos son sus versos:

Del siglo décimo quinto / en el año ochenta y seis / invadió otra peste al pueblo / y también le protegéis. / Entonces, llenos de gozo, / esta ermita te erigió / y con el nombre de Gracia / ¡oh Virgen! te saludó.

Los versos aluden a que en 1486 un nuevo brote de peste bubónica afectó a nuestra villa, diezmando su población. El vecindario, afligido y desesperado, que seguramente mantenía vivo el recuerdo de la peste de siglo y medio atrás, acuerda por votación popular ponerse bajo la protección de la Virgen y hacer voto de erigirle una ermita si lo libra de la muerte. Nuevamente se obra el milagro y los vecinos aportan sus limosnas para cumplir con la promesa. La ermita se finalizará en 1489 y estará al pie del puerto por donde se accede a la villa. Será a partir de entonces cuando se invocará a la Virgen con la advocación de Virgen de Gracia.

Los frecuentes rebrotes epidémicos también movieron a la población a levantar otra ermita en el cerro frontero al de Santa Ana y dedicarla a San Sebastián, el abogado contra la peste. Bajo el amparo de su culto se fundó la que probablemente fue la primera cofradía religiosa de la villa.

 Por tanto, es necesario no confundir los dos votos principales que se hicieron en nuestra villa: el de 1348 dio lugar a la comida que se reparte entre la población, mientras que el de 1486 supuso levantar la ermita de Nuestra Señora de Gracia.

Y ahora, señoras y señores, desembarcamos en el capítulo final de esta crónica apresurada, presentando la época y los acontecimientos que configuran el Santo Voto.

¿Cómo era esta villa a mediados del siglo XIV? ¿Qué economía alimentaba a los lugareños en 1348? ¿Qué conflictos los sumían en un diario sinvivir? Veamos. El lugar de Puertollano -denominación que aparece documentada por vez primera como Puerto Plano en 1245, en la Concordia entre el prelado de Toledo Ximénez de Rada y el maestre de la Orden de Calatrava don Fernando Ordóñez- poseía un término municipal de 6 ó 7 leguas, equivalentes a 35 kilómetros. En el poema anónimo que venimos mencionando se afirma que la población ascendía a 5000 habitantes, cifra exagerada a todas luces que habría que reducir a 500 personas según estimaciones de los estudiosos. Existía una iglesia de estilo románico-gótico de escaso valor arquitectónico ubicada en un altozano del casco histórico. Este centro neurálgico lo formaban la Plaza Mayor, que estaba porticada, la Plaza Palacio, la Plaza del Duque, y las calles Santa Bárbara, Hospital, Comendador, Tercia, Cañerías, etc.

En el siglo XIV la villa se dedicaba a la agricultura y la ganadería, aprovechando los pastos del Valle del Ojailén. No obstante, mucho terreno permanecía sin cultivar, provocando una economía de subsistencia donde el pan de cada día no se ganaba todas las jornadas. Las crisis económicas se sucedían sin interrupción, originadas por la despoblación del campo, las pertinaces sequías y los brotes epidémicos, cuya conjunción provocaba hambrunas generalizadas. La autoridad real y la de los comendadores se veían impotentes para atajar tal cúmulo de calamidades. Los vecinos eran rudos ya que no estaba el horno para bollos en tiempos tan descarnados. El analfabetismo campaba a sus anchas, incluyendo en su nómina a los nobles, que tampoco sabían leer ni escribir y cuyos criados justificaban a sus amos con la excusa “el señor no firma porque es noble”.

Una circunstancia fundamental que agravaba la situación era que en este siglo la villa estaba ubicada en plena encrucijada de las continuas alternancias de la Reconquista, cambiando el territorio de manos entre cristianos y musulmanes. 

En semejante marco de penurias, aparece la peste negra de 1348 que acabará de socavar la poca salud de nuestros antepasados. La epidemia comenzó el año anterior con el asedio a la población de Kaffa en la península de Crimea, en la costa septentrional del Mar Negro. Para lograr la rendición de esta plaza fuerte, los sitiadores arrojaban dentro de sus murallas cadáveres contagiados por la peste. Se atribuye a los navegantes genoveses la propagación del contagio por los puertos mediterráneos. En la primavera de 1348 penetra en la península ibérica por Levante y con el calor veraniego se extiende por toda Castilla.

Se conjetura que pudieron transmitirla los pastores de la trashumancia mediante las cañadas reales que transitaban, o bien los soldados que pululaban por toda Castilla en los vaivenes de la Reconquista. Lo cierto es que la peste provocó una despoblación profunda y no respetaba clases sociales, ya que el propio rey Alfonso XI se contagió en el asedio a la plaza de Gibraltar y falleció el día de Viernes Santo de 1350.

Los signos inequívocos del contagio se manifestaban por medios de tumores en ingles y axilas, que el vulgo llamaba bubones, de ahí su apelativo de peste bubónica. Acto seguido aparecían manchas negras por todo el cuerpo que garantizaban una muerte segura. El consejo médico era: “huir pronto, lejos y volver tarde”. Los efectos sociales de la terrible mortandad se traducían en robos en las casas que quedaban deshabitadas por la muerte de sus moradores, el abandono de campos, que quedaban sin cultivar por falta de brazos. El bandidaje también hizo fortuna en este caldo de cultivo.

Atribulados por calamidad de tal envergadura, los lugareños del Puerto Plano de 1348 sentían que el destino, la desgracia o simplemente la crueldad de la vida, levantaba en torno suyo un reducto amurallado sin fisuras ni puente levadizo, que los oprimía de modo insoportable. La aflicción no conocía límites en aquel escenario donde la muerte se mostraba despiadada. Entonces vislumbraron un lucernario por donde se filtraba un rayo de luz. Encomendaron su esperanza a esta manifestación que permanecía en las alturas y comprobaron que la claridad nimbaba, envolvía en un halo, la figura de una mujer. Elevaron súplicas a esta presencia, con la promesa de socorrer a los necesitados, en cuerpo y alma, para siempre jamás. De inmediato recibieron la señal de que su ruego había sido escuchado. Nacía el Santo Voto, que permanece intacto desde entonces para beneficio de nuestra ciudad y sus moradores. Que así perdure por los siglos de los siglos.

Muchas gracias.

Discurso de Aerobics VS 2.0:

Alcalde, Autoridades, familia…

Hoy es, sin duda, uno de esos días que quedan marcados para siempre en el corazón.

Recibir esta mención de la Orden del Santo Voto de Puertollano, en el día más importante para nuestra ciudad, es un honor inmenso que nos emociona profundamente y que supera cualquier expectativa que pudiéramos haber imaginado. Formar parte de un momento tan significativo, tan arraigado en la historia, la tradición y el sentimiento de nuestro pueblo, es algo que nos llena de orgullo y de una gratitud difícil de expresar con palabras.

Queremos comenzar agradeciendo de corazón al alcalde por otorgarnos este reconocimiento tan especial. Para nosotras, como club, supone muchísimo más que una distinción: es sentir que todo el esfuerzo, la constancia y la dedicación que hay detrás de cada entrenamiento, de cada competición y de cada paso que damos, tienen un valor real para nuestra ciudad.

Desde el Club de Gimnasia Aeróbica Aerobics VS 2.0 trabajamos cada día con pasión, con ilusión y con el firme compromiso de superarnos. Pero hoy, al recibir esta mención, sentimos que ese trabajo trasciende lo deportivo. Hoy sentimos que formamos parte de algo mucho más grande: de la historia viva de Puertollano.

Es un privilegio poder representar a nuestra ciudad a través de la gimnasia aeróbica, llevar su nombre allá donde vamos y sentir siempre el apoyo de nuestra gente. Ese apoyo es, sin duda, una de nuestras mayores motivaciones para seguir adelante.

Si algo sentimos hoy, además de orgullo, es una inmensa gratitud.

Este reconocimiento no solo habla de lo que hemos conseguido hasta ahora, sino también de todo el camino recorrido. Un camino lleno de esfuerzo, de sacrificio, de aprendizajes y, sobre todo, de personas que han sido fundamentales para que hoy estemos aquí. Porque nada de esto tendría sentido sin quienes han confiado en nosotras desde el principio.

Recibir esta mención de la Orden del Santo Voto es, sin duda, uno de los mayores regalos que podíamos recibir. Saber que, de alguna manera, pasamos a formar parte de la historia de Puertollano en un día tan importante es algo profundamente emocionante. Nos llena de responsabilidad, pero también de ilusión para seguir creciendo, evolucionando y dando lo mejor de nosotras mismas en cada paso.

Este gesto nos impulsa a mirar hacia el futuro con más fuerza que nunca. A seguir trabajando con humildad, con compromiso y con ese amor por lo que hacemos que nos ha traído hasta aquí.

Gracias por creer en nosotras. Gracias por valorar nuestro esfuerzo. Y gracias por hacernos sentir parte de algo tan grande y tan significativo.

Prometemos seguir llevando el nombre de Puertollano con todo el orgullo del mundo.

Muchísimas gracias.

Discurso de la Iglesia Evangélica de Puertollano:

De generación en generación se ha transmitido en Puertollano la antorcha del Evangelio. Y aquellos que comenzaron este camino hace más de cien años, quienes nos han precedido en la fe, hoy se llenarían de alegría al contemplar este momento.

Muchos de ellos vivieron tiempos muy difíciles de intolerancia, exclusión e incluso destierro. Sin embargo, permanecieron fieles y perseverantes en su fe en Cristo. Y gracias a ese testimonio, hoy podemos celebrar este reconocimiento tan especial.

Ellos se alegrarían… y nosotros también nos alegramos profundamente.

Gracias al Ayuntamiento por esta mención, y gracias especialmente al señor alcalde, Miguel Angel Ruiz, por su cercanía, su sensibilidad y su buena hacer con nuestra Comunidad y también por tu afecto y valentía.

Y gracias, de manera muy especial, a tantos voluntarios y voluntarias que, con un servicio sencillo, discreto… pero profundamente eficaz, habéis contribuido a hacer de esta ciudad un lugar mejor para vivir.

Si los cristianos servimos al prójimo, a nuestros vecinos y conciudadanos es porque lo hemos aprendido así de Cristo. Por eso, el mérito no es nuestro, sino de Él. A Él sea la gloria!

Que Dios bendiga y haga prosperar a Puertollano y nos bendiga a todos.

Muchísimas gracias.

Discurso del alcalde Miguel Ángel Ruiz:

Alcaldes, senadora, diputados y diputadas, compañeras y compañeros de corporación, representantes de empresas, vecinos y vecinas de Puertollano,   amigos todos…

Muy buenas tardes.

 Un año más, nos juntamos  para celebrar una de esas fechas que no necesitan explicación porque forman parte de nuestra vida desde siempre.

Una tradición que  habla de fe, habla  de historia,  y habla de gratitud.

El Santo Voto es el alma de esta ciudad. La fiesta más antigua que tenemos. Un legado que ha ido pasando de padres a hijos, de abuelos a nietos, y que desde hace ya tres años vivimos además con la alegría añadida de nuestra festividad local, haciendo que Puertollano pueda disfrutarla con más tiempo, más participación y más orgullo.

Y si me permiten, esta tarde quiero compartir una imagen muy personal que seguramente muchos de ustedes también guardan en el corazón.

De niño acompañaba a mis padres a recoger el pan bendecido. Y estoy seguro de que muchos de los que están aquí guardan imágenes parecidas. Recuerdo las calles llenas de gente, los saludos de puerta a puerta, el olor del pan recién hecho, las conversaciones tranquilas con otros familiares y  vecinos… Recuerdo esa sensación de estar viviendo algo importante aunque entonces uno todavía no supiera explicarlo del todo.

Mis padres me enseñaron que el Santo Voto era mucho más que una tradición. Era una forma de sentir Puertollano. De compartir. De ayudarnos. De saber que, pasara lo que pasara, este pueblo siempre encontraba la manera de permanecer unido.

Con los años uno entiende mejor el valor de estas cosas. Comprende que las ciudades no se sostienen solo con edificios o con calles. Una ciudad , un pueblo, es lo que es gracias   a su gente , gracias  a las personas.     Y  esta ciudad, este pueblo  se ha hecho así mismo gracias   a su  gente trabajadora, solidaria  y generosa que, muchas veces desde la sencillez, ha ido construyendo el Puertollano que hoy conocemos y queremos.

Y precisamente por eso esta gala es tan especial. Porque hoy reconocemos a personas y entidades que representan esos valores que nos identifican como ciudad.

Hoy distinguimos, en primer lugar, a Eduardo Egido.

Y lo hacemos por toda una vida de compromiso,  una vida de entrega y de cariño hacia Puertollano. Eduardo representa a esas personas que siempre están ahí. Personas  que terminan siendo imprescindibles para la vida de una ciudad.

Su cercanía, su disposición constante y su amor por nuestras tradiciones hacen que esta distinción sea, además de merecida, profundamente sentida por todos.

Recibe también esta noche nuestro homenaje Valentina Abenójar.

98 años… nada más y nada menos.

Hablar de Valentina es hablar de la memoria viva del Puertollano minero. De una generación que conoció el sacrificio, el esfuerzo y también la dignidad de quienes levantaron esta tierra con muchísimo trabajo y con enorme fortaleza.

En ella vemos reflejada la historia de tantas familias de nuestro Puertollano. Una historia de lucha, de valentía y de capacidad para salir adelante incluso en los momentos más difíciles.

Valentina representa nuestras raíces.

Y un pueblo que recuerda y honra sus raíces es un pueblo que nunca pierde su identidad.

Quiero felicitar también al Club Aerobics 2.0, ejemplo de esfuerzo, disciplina y compañerismo.

Habéis llevado el nombre de Puertollano muy lejos, habéis  demostrando que detrás de cada logro hay horas de trabajo, de sacrificio y de ilusión .

Pero además habéis conseguido algo todavía más importante: transmitir valores. Enseñar a muchos jóvenes que el deporte también educa, también integra y también ayuda a construir una sociedad mejor.

Gracias por ser ejemplo de superación, de inclusión y por hacer ciudad desde el deporte.

Y esta noche reconocemos igualmente a la Iglesia Evangélica de Puertollano, por más de cien años de compromiso social y humano con nuestra ciudad.

Durante generaciones habéis estado cerca de quienes más lo necesitaban, trabajando desde la solidaridad, el respeto y la convivencia.

Muchas veces de manera silenciosa, lejos de los focos, a veces reprimidos por las circunstancias de otra época… pero siempre cerca de las personas, integrados en y por esta ciudad

Y eso también merece el reconocimiento y la gratitud de todo Puertollano.

Queridos amigos:

El Santo Voto nos recuerda cada año algo muy importante: que un pueblo que cuida sus tradiciones, que mantiene viva su memoria y que sabe caminar unido, es un pueblo con futuro.

Puertollano tiene historia, tiene presente y tiene muchísimo por delante. Y ese futuro lo construiremos, como siempre hemos hecho, entre todos.

Gracias a las personas y entidades distinguidas esta noche por representar lo mejor de nuestra ciudad.

Y gracias también a todos vosotros y vosotras,  queridos   vecinos y vecinas que mantenéis viva esta tradición que sigue emocionándonos generación tras generación.

 Buenas tardes

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